Ramón Burgos: «Colapso»

“Hemos vuelto”… Parece como si la ya incipiente primavera los hubiese hecho florecer por todas las calles y plazas de nuestras ciudades. Resulta difícil hasta caminar. No es fácil abrir un hueco en los bares y restaurantes. Y hasta las iglesias pierden el recogimiento debido.

Sí, os hablo de los “semanasanteros” –según se definen ellos mismos–, esos que hoy nos inundan cual marea imparable, colapsando todo lo que encuentran a su paso, llenos de pudibundez.

Y es que en esta Andalucía nuestra, en este “solar de las bellas artes y las humanidades”, capaz de cambiar un tradicional villancico en marcha campanillera, cabe lo bueno por definición y lo que no lo es; lo apacible y lo contrario; la calma y la prisa; el desafecto y la apuesta decidida.

Considerando esta advertencia, no os debe llamar la atención que, en medio de este barullo, os hable de libertad, especialmente cuando “se acortan las fronteras de la misma ante el error, el insulto y la mentira” –y no me refiero sólo al ámbito de las fiestas más o menos populares, sino a la total esfera del “cuerpo social”–.

No estoy negando la voluntad de cada cual, únicamente intento recordar la norma mínima que Rousseau declamara: “La libertad de uno termina cuando comienza la libertad del otro”… En otras palabras: ¡que me permitan –nos permitan– disfrutar de estos días sin cortapisa alguna; sin que me obliguen –nos obliguen– a tragar con aquello de “los ingresos económicos para las ciudades o las instituciones tienen prioridad sobre la normal convivencia ciudadana”!

Dicho esto, no me queda otra cosa que parafrasear el protoevangelio de Santiago: “Y yo, (…), que he anunciado esta historia, me retiro al desierto (…). Y, hasta que se apacigüe la agitación (…), en el desierto permaneceré glorificando al Dios Omnipotente, que me ha concedido favor e inteligencia suficientes para escribirla”.

 

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de

Ramón Burgos
Periodista

 

 

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