Gregorio Martín García: «Desde Benalúa, la de las Villas, a Moclín, el del Señor del Paño»

¿Por qué mueve masas cualquier circunstancia ya sea religiosa, civil o político social, que con una “chispa imprevista”, a veces casual, exalta corazones, almas y opiniones de la muchedumbre social?

La sed y necesidad del ser humano por tener algo donde agarrarse como a un “clavo ardiendo” o alguien de quien depender, en quién creer y, que su referencia sea. Para depositar en ello su vida, su existencia y hasta todo su ser. Lo que demuestra la fragilidad y debilidad del ser humano.

¿Cuántos depositan todo en un equipo de fútbol? ¿Cuántos en un buen coche? o en facsímil de una realidad olvidada y suplantada por un homónimo. Así como los hay que todo lo entregan a esa imagen de madera que sobre sus cabezas pasean o procesionan, sin pararse a pensar que eso no es la meta, sino que solo representa o es estampa que se asemeja a aquello que sí es el fin. Aquello que les falta para ser feliz.

Buenas causas, pudieran ser estas si no se cayera con mucha frecuencia en actos idólatras o fanáticos por falta de realidades concretas que se pueden dar en personas de frágil conciencia y nula personalidad.

Dependencia emocional. La necesidad y el reconocimiento de otra persona o hecho circunstancial para no sentirse inseguro o inferior.

La necesidad de que otros asuman la responsabilidad en los principales momentos de sus vidas. Ello nos lleva a abrazar cualquier evento, movimiento social, creencia o hecho pseudorreligioso, que pudiera transportar a los seres humanos al fanatismo.

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Solo faltaba un mes, menos algunos días.

Mi padre me había prometido llevarme este año a la feria de ganado y a la fiesta y romería del Señor del Paño, en Moclín. Yo flipaba y lo hacía porque mi hermano me engrandece aquel jolgorio, aquella fiesta, aquel montón de mulos y asnos, cerdos y cabras y muy buenos caballos que en una gran explanada se reúnen en dicho acontecimiento.

Mi padre me lo prometió y yo lo esperaba con mi máxima emoción, cada día al levantarme contada con mis dedos los días que faltaban para dicho viaje.

Todo fue un regalo y un reconocimiento, por mi buen comportamiento y ayuda en ese verano en la era.

Hombres avientan mientras joven abalea con al escoba 

Trillando, ayudando a abalear con la escoba de rama el pez de trigo ya limpio, por los muchos viajes que hice al pilar a llenar el pipo (porrón) de agua fresca, así como obedecer a él y a mi hermano e incluso alguna al mozo Bernardino Castro que aquel año echaba la “vará” de verano con mi padre.

– “Niño” ve a la casa y te traes la horca grande que hay en el pajar.
– “Niño” ve corriendo al estanco y me traes un paquete de tabaco. – -” Niño” Ve rápido y te traes la cuartilla y el rulo rasero que nos hace falta para envasar… Y el “Niño”, que era yo, ya estaba cansado de tanto encargo y requerimiento.

Cuando aventábamos y no hacía suficiente aire ni se esperaba. La era del Pilar en este aspecto era muy mala. Yo aprovechando el momento, de dos saltos, me ponía en el río por el lugar de la presa que desde la era se veía, y me iba con mis amigos a darme un baño. No había cosa que más odiara que muchas veces en llegando a la presa, se levantaba aire y enseguida todos a aventar y mi hermano, sí, mi hermano que, creo que con ello disfrutaba, enseguida comenzaba con sus gritos a llamarme para que, ipso facto, en la era estuviera…-¡¡Niñoooo!! Que te vengaaas enseguida que hay abaleo. Y yo con mi cabreo salía del agua me vestía y, ahora, cuesta arriba hasta la era…enseguida emite mi hermano el segundo “gruñido” y yo malhumorado le contestaba un improperio.

Que todos estos tejemanejes veraniegos, los analizó y valoró mi padre y de ahí el ofrecimiento para llevarme a las fiestas del Paño.

La fiesta sería el cinco de octubre, según mis cuentas de esta mañana, faltaban exactamente cuarenta días y ello porque agosto trae treinta y uno. Estábamos a veintisiete de agosto de mil novecientos cincuenta y dos. Pronto llegaría aquello en lo que soñaba.

Baños en el río

Mi madre, previsora ella, bastantes días antes comenzó a preparar el viaje, con el que no estaba de acuerdo en que yo fuera. No paraba de repetir a mi padre: – A ver si al chiquillo le pasa algo…que vosotros os embobáis con la feria, sus animales y los tratos y se os olvida el niño.

Que dijera aquello mi madre me ponía muy nervioso y pensaba que mi padre podría hacerle caso y dejarme en “tierra”.

Tan así era que, temía eso. La noche antes de salir para Moclín, lo haríamos temprano antes de amanecer. A mí me dio por pensar y creí que a lo largo de la velada y la noche mi madre convencería a mi padre y me dejarían durmiendo. Lo temía, y lo temía tanto que cogí una manta y me fui a dormir a la cocina junto al tranco de la puerta que venía de la cuadra, por donde por fuerza habían de pasar los mulos con los que haríamos el viaje. Mi ocurrencia me satisfizo mucho y dispuesto con mi manta me dirigí contento al lugar donde iba a dormir.

Estaba extendiendo la manta para echarme sobre ella, cuando sentí la llave de la puerta entrar en la cerradura ¡Era mi hermano! venía tarde de ver a la novia, y eso me enfadó, me echó al traste mi plan. Todos se rieron de mí a mandíbula abierta y yo de coraje me puse a llorar. Mi padre me abrazó y me prometió que iría con ellos a Moclín. Me acosté en mi cama y dormí hasta que fue mi padre quien vino a despertarme.

[Continuará. /…]

 

 

 

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Gregorio Martín  García

Inspector jubilado de la Policía Local de Granada y

autor del libro ‘El amanecer con humo’

 

 

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2 comentarios en «Gregorio Martín García: «Desde Benalúa, la de las Villas, a Moclín, el del Señor del Paño»»

  • el 8 abril, 2024 a las 10:55 am
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    La romería a Moclin a su feria del ganado, como a cualquier otra feria aunque dedicada a su santo patrón era mas que religiosa motivo para evadirse del día a dia de un pueblo sumido en la tristeza y la monotonía de un día calco del anterior, para cualquier niño el baño en él río siempre y cuando no tuviéramos menesteres atribuidos como tales niños magnífica tú descripción de las tareas que hacían en la era siempre qué él aire de solano lo permitiera.

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    • el 8 abril, 2024 a las 4:26 pm
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      Parece que te veo, Paco, con la escoba de rama dar pasadas sin cansarte de punta a punta del » Pez» de trigo logrado, por las paladas de trilla tiradas al viento por tu padre para aventar y separar la paja del grano dorado que, con sudor y trabajo ha ganado durante un año para tener con que alimentar a su familia e hijos. ¿Habrá algo tan bello como el trabajo y sudor derramado para ello?

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