José Antonio Delgado: «El asunto de la educación en España»

Los maestros enseñan y los alumnos aprenden”. En esta sencilla pero a la vez compleja premisa se fundamenta la educación bajo los dos componentes que la conforman: instrucción y formación. El diccionario de la RAE, y en su primera acepción, define el término asunto como “un hecho que sucede o interesa, en el que se piensa, del que se trata o sobre el cual se realizan gestiones”. Tomando como referencia esta definición, dicho vocablo deviene esclarecedor para exponer estas breves reflexiones de cómo en estos momentos, y bajo mi perspectiva, está la educación en España.

La educación es uno de los ámbitos más sensibles de cualquier sociedad por ser el lugar donde confluyen todas las ideologías. No en vano, cuando se promulga una ley orgánica, los debates en el Parlamento son sonados… y es lógico: se trata de cómo formamos a nuestros niños, adolescentes y jóvenes; por eso también, su presencia en los medios de comunicación es bastante habitual. Esta realidad, que de entrada no debería calificarse como negativa o perniciosa, sí tiene una connotación peyorativa en cuanto que indica que la cuestión educativa todavía no esta normalizada en España. No ocurre lo mismo en los países de nuestro entorno donde este debate hace tiempo que pasó a un segundo plano dado que goza de mucha estabilidad. El filósofo, pedagogo y ensayista Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955), autor entre otras de las obras “El valor del esfuerzo” (2012), “Sobre el arte de leer: 10 tesis sobre la educación y la lectura” (2020), y “La escuela no es un parque de atracciones” (2020), afirma que hay una sensación muy profunda de desconcierto; y respeto al nivel de escolarización, concluye con esta tajante afirmación: “de qué me sirve que tengamos una población escolarizada hasta los 16 años si el 25% termina sin ser capaz de entender un texto mínimamente complejo”. Igualmente, Antonio Mesamadero, en su columna de este periódico del 26 de abril, dice que “la educación en España es una asignatura pendiente que no se aprueba cargándote la filosofía”.

Existen muchas razones que explican el fenómeno del desconcierto al que alude el Sr. Luri, pero una de las principales radica en que nuestros políticos son incapaces de llegar a un Pacto de Estado por la educación como sí lo han hecho países de nuestro entorno que están a la cabeza en cuanto a la excelencia educativa: Finlandia, Irlanda, Polonia, Suecia o Países Bajos. El Congreso de los Diputados aprobó el 19 de noviembre la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre también conocida como Lomloe o “Ley Celaá”, y que actualmente está vigor. Pues bien; ha sido la norma jurídica que ha obtenido menos votos a favor: solo uno más de los precisos. Dicha Ley sustituye a la Lomce, o “Ley Wert”, que fue aprobada en 2013 únicamente con los votos del Partido Popular. Así es imposible que el patio educativo esté tranquilo.

Bajo este panorama, los maestros y profesores no pueden diseñar sus estrategias de enseñanza ni siquiera a medio plazo. Y es que saben que cuando el Gobierno de turno sea sustituido por otro, la norma educativa en vigor correrá la misma suerte: es el tejer y destejer de Penélope aplicado a la educación. Aumentar las plazas en el primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años) con carácter gratuito; el abandono escolar en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO); la percepción de la sociedad de que los estudios de Formación Profesional son de segunda clase a pesar del alto nivel de empleabilidad de su alumnado; los bajos niveles alcanzados por nuestros jóvenes en las Pruebas PISA; la queja del profesorado universitario por la baja cualificación con la que los alumnos llegan a sus aulas; la inexistente conexión de la universidad con el mundo empresarial; o la dificultad de inserción laboral de los graduados universitarios, son cuestiones que están sobre la mesa y a las que pasa el tiempo y no se les da solución.

El debate en el que ahora estamos inmersos es el de “saberes versus competencias”. Parece ser, que desde la Ley 14/1970 de 4 de agosto general de educación y financiamiento de la reforma educativa hasta ahora, nuestros alumnos acumulan saberes pero son incapaces de llevarlos a la práctica. De ahí que los currículos de las enseñanzas de Educación Infantil, Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato, que entrarán en vigor el próximo curso, vendrán diseñados por competencias. Este vocablo tiene en el diccionario de la RAE 7 entradas. Una de ellas es la de “pericia, idoneidad o aptitud para hacer algo”. Bajo esta forma de llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje, se trata de pasar del “saber” al “saber hacer” para conseguir alumnos con cabezas bien hechas frente a cabezas bien llenas. Para entendernos, estos, a la vez que captan el concepto de oración transitiva, deben saber construirla; adquirida la noción del área del rectángulo han de averiguar la superficie del patio de recreo y expresarla en su unidad correspondiente; o de que en vez de que definan qué es un plano se sepan orientar en él. No obstante, una cuestión muy importante a tener en cuenta en este modelo no sea que pasemos ahora al otro extremo, es que nadie puede aplicar lo que no sabe; de ahí la necesidad de que el alumnado no se olvide de los conocimientos.

¿Y todo esto es nuevo? Pues no. Y es que las habilidades y destrezas que responden al “saber hacer” siempre han estado presente en el currículo. Ya la UNESCO, en 1966, identificó los 4 pilares básicos de una educación para el siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir; el Proyecto de Definición y Selección de Competencias (DeSeCo) de la OCDE (2002) proporciona un marco para implementar y evaluar competencias; e igualmente, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo de 18 de diciembre de 2006/962/EC relativa al aprendizaje permanente, identificó 8 competencias esenciales para el bienestar de las sociedades europeas, el crecimiento económico y la innovación: comunicación lingüística, competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología, competencia digital, aprender a aprender, competencias sociales y cívicas, sentido de iniciativa y espíritu emprendedor, conciencia y expresiones culturales. Por último, la Recomendación de 22 de mayo de 2018, especifica que “el pilar europeo de derechos sociales establece como primer principio que toda persona tiene derecho a una educación, una formación y un aprendizaje permanente inclusivos y de calidad, a fin de mantener y adquirir capacidades que les permitan participar plenamente en la sociedad y gestionar con éxito las transiciones en el mercado laboral.

España no queda al margen de este movimiento e incorpora al sistema educativo no universitario las competencias clave o básicas. Lo hace en la Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo de Educación (LOE) y en la Ley Orgánica 8/2013 de 9 de diciembre para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Una enseñanza basada en este modelo conlleva relevantes cambios en la concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje. Condición imprescindible será la coordinación y colaboración del profesorado a la hora de abordar la impartición de sus asignaturas en el aula, a la vez que un cambio en su metodología y evaluación. Una consideración importante que me gustaría reseñar es que no se puede dar un pendulazo y pasar de un modelo educativo que lleva funcionando desde 1970 a otro muy distinto como el que aquí hemos descrito que se implantará el próximo curso. Su puesta en práctica se debería hacer paulatinamente y estableciendo mecanismos de evaluación para comprobar cómo va evolucionando. En esta primera fase, y siendo el profesorado “quien se la juega” con el desarrollo de su trabajo en el aula, este tendrá mucho que decir. Al Ministerio de Educación le corresponde la ineludible responsabilidad de formar a maestros y profesores en todas los aspectos claves en los que se basa dicho modelo para que no devenga en fiasco. Esperemos que así sea, porque las pifias en educación no las paga solo un colectivo sino toda la sociedad.

(NOTA: Este artículo de Opinión de José Antonio Delgado se publicó en la ediciones impresas de IDEAL, de Granada, Jaén y Almería, correspondientes al domingo, 12 de junio de 2022)

Ver otros artículos de

José A. Delgado

 Maestro,

doctor en pedagogía

y profesor titular de universidad

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