Ramón Burgos: «Predicción»

Tras un sueño impenitente sobre los acontecimientos a los que, como ciudadano de a pie, me estoy viendo sometido –quizá impulsado por una larga sesión sobre predicciones, profetas y adivinos electorales–, se me ha ocurrido –casi siempre lo hago, pues me resulta mucho más objetivo que cualquier güija-encuesta– consultar el Diccionario de la RAE y preguntarle sobre el hado: “En la tradición clásica, fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos”

¡Ingenuo de mí! Yo que siempre he estado seguro que la docta definición no era sino el recuerdo histórico de una sociedad democrática que había marcado el camino de la convivencia y la paz. Y ahora me doy cuenta que, como dice la sabiduría popular, “haberlas, haylas” –incluso más que destinos o estrellas–.

Lo escribía Miguel de Unamuno en su ‘Tía Tula’: «Lo que acaso alguien crea que diferencia a santa Teresa de Don Quijote, es que este, el Caballero (…), se puso en ridículo y fue el ludibrio y juguete de padres y madres, de zánganos y de reinas; pero ¿es que santa Teresa escapó al ridículo?…».

En la narración, el levirato –“ley mosaica, que obliga al hermano del que murió sin hijos a casarse con la viuda”– hace de hilo conductor de una trama que entiendo se asemeja no sólo al cambio propuesto de “subir” por “bajar”, sino también a la impuesta necesidad muy actual de adaptarse a la inventada “realidad social imperante”.

Pese a que no puedo negar la dificultad que conlleva la acomodación a cualquier “descenso” –sea del tipo que sea–, al menos yo, siempre he preferido apostar por la estabilidad sin “inventos (ni siquiera) con gaseosa”, pues, al final, las burbujas necesariamente cosquillean nuestras narices.

¿Nos estamos jugando un futuro cierto, lleno de esperanzas, por ambiciones partidistas o, lo que sería peor aún, por evitar que algunos de los elegidos no se tengan que bajar del candelero adquirido tiempo atrás?

 

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Ramón Burgos
Periodista

 

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