José A. Delgado: «Ho tornarem a fer»

“Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”: Stefan Zweig, “El mundo de ayer: Memorias de un europeo” (2022, pág. 13). Una exquisita y certera cita sobre el nacionalismo. Sus mentiras y dislates han sido puestos en evidencia por Josep Borrell y Joan Llorach en “Las cuentas y los cuentos de la independencia” (2015); Fernando Savater en “Contra el separatismo” (2017); Felix Ovejero en “Secesionismo y Democracia” (2021) y José Cuenca en “Cataluña y Quebec. Las mentiras del separatismo” (2022).
Los polvos que trajeron estos lodos vienen de lejos; nada menos que desde el 11 de septiembre de 1714 cuando Barcelona capituló ante las tropas borbónicas: Stanley G. Payne, “En defensa de España” (2017). Pero los barros más recientes están vinculados, entre otras ilustres personalidades, a José Luis Rodríguez Zapatero, cuando en 2003 visitó Barcelona como presidente del Gobierno para apoyar a Pasqual Maragall. En el mitin celebrado en al Palau de la Generalitat ante 20.000 personas dijo solemnemente: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”: una promesa que él sabía que no podía cumplir. Once años después manifestó: “Es verdad que la frase no fue muy afortunada e intenté rectificar. Quise decir que apoyaría que el Parlamento de Cataluña aprobara un Estatuto conforme a la Constitución”. Admitió arrepentirse pero ya fue tarde. Su error estuvo en no ser capaz de ver que la fiera nacionalista tiene unas fauces insaciables y esta afirmación le dio alas de cóndor andino.

El nacionalismo catalán tiene hoy dos derivas: la ley de amnistía que se está tramitando en las Cortes, de la que Puigdemont es uno de los principales beneficiados, y la convocatoria de un referéndum para decidir sobre la independencia de Cataluña. La amnistía, según el informe aprobado por el pleno ordinario del Consejo General del Poder Judicial, es inconstitucional. Su presidente ha manifestado que “La amnistía no puede ser moneda de cambio para una mayoría parlamentaria”. Igualmente, el ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática José Luis Bolaños dice que una mayoría de españoles no está de acuerdo con esta medida.

Respecto a la segunda derivada, la secretaria general de ERC Marta Rovira ha asegurado en una entrevista dada a “El Periódico de Cataluña” que ya se está hablando con el PSOE del referéndum en la mesa de diálogo, y el presidente de la Generalitat Pere Aragonés, en su comparecencia ante el Senado el pasado 9 de abril, volvió a reivindicar este derecho: “De la noche a la mañana la amnistía dejó de ser inconstitucional como sucederá con el referéndum. Las medidas de gracia supondrán la victoria de la Cataluña libre”. Yo me pregunto libre ¿de quién?, libre ¿de qué? Ello a pesar de que convocar un referéndum de esta índole es manifiestamente inconstitucional dado que lo que a todos atañe por todos debe ser decidido: Constitución (art. 92). Sobre esta cuestión, Tomás de la Cuadra-Salcedo Janini, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid, en un didáctico artículo que titula “Sobre el referéndum y la secesión”, dice que “En España, un referéndum consultivo de secesión no es constitucionalmente posible ni siquiera mediante pacto o autorización”.

Hace siete años que Carles Puigdemont, líder de JuntsXCat (Juntos por Cataluña), se marchó a Bélgica para evitar ser juzgado por su participación en la organización del referéndum ilegal del 1-O. Pocas semanas después de la fuga manifestó: “Espanya te un pollastre de collons”; todo un fino análisis de hombre de Estado. Su estrategia pasa ahora por cerrar la “Casa de la República en Waterloo” (aunque todavía no ha entregado las llaves por si acaso). Se instaló en el sur de Francia para participar en las elecciones catalanes del 12 de mayo con esta marca “Junts+Puigdemont per Catalunya”. El mitin de apertura de campaña lo ha dado desde Argelès. Ya ha dicho que esta campaña va de Cataluña, no de España, y se halla instalado en el delirio de ese supuesto derecho a decidir. En sus discursos promete “volverlo a hacer” en referencia a los intentos de proclamar la independencia, y esta vez “hacerlo mejor”.

Mientras tanto, Susana Polo, la instructora del caso “Tsunami Democràtic” en el Tribunal Supremo, decidió abrir una causa por terrorismo a Carles Puigdemont y la Fiscalía pide que los líderes del procés (Puigdemont entre ellos) sean condenados al pago de 3,1 millones de euros como responsables del uso irregular de fondos públicos para organizar aquel referéndum y promocionar en el exterior el proyecto independentista.

Recordemos que Junts es un partido de ultraderecha, al que Javier Cercas en su columna “El malentendido de los ultraderechas” le atribuye los calificativos de reaccionario, supremacista, xenófobo, ultraliberal y de un nacionalismo extremo con poco compromiso con la democracia. Y Quim Torra, único presidente de la Generalitat de este partido, decía que “Son bestias humanas las personas que viviendo en Cataluña no usan el catalán”. Es con esta gente con la que nuestro presidente Pedro Sánchez se está jugando los cuartos en los dos asuntos citados de suma relevancia para España: la amnistía a Puigdemont y la independencia de Cataluña bajo el mantra de: “Ho tornarem a fer”.

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José A. Delgado

 Maestro,

doctor en pedagogía

y profesor titular de universidad

 

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