Recuerdos Gregorio Martín García:« ¡Pa’ gasolina la leña! La época del gasógeno, 2/3»

Fue este el momento en que allá abajo frente a la casa de Teodoro ‘Tedorico’ alguien se asomó al centro de la carretera intentando averiguar quién tan temprano hablaba. Solo guiado por la curiosidad.

Vio el camión. Junto a éste, El Pedro y el otro ajumado que a beberse la copa iba y, cosa rara, había olvidado.

Pero viendo el humo que salía del raro artilugio que manipulaba el chofer, el curioso vecino no pudo aguantar el sitio y puso los pies en marcha hacia el mismo. Comprenderán enseguida porqué la prisa de aquel que con su cuello estirado avanzaba y no dejaba de mirar al punto donde se hallaba el mecanismo que echaba humo y que él no sabía que podría ser, y eso no se lo perdonaba nuestro buen amigo Juan Manuel.

El mejor mecánico hecho a sí mismo y que todo lo arreglaba o al menos lo intentaba hasta que lo lograba. Era nuestro paisano y gran mecánico “El Chivirritor” el gran autodidacta y el mejor hacedor de toda filigrana con hierro o madera, con cables que chispean, así como con la misma corriente con que funcionan todas sus máquinas y a las que somete a toda clase de experimentos e inventos que él crea.

Llegado que fue al punto donde se encontraba el camión y aquel cacharro que echaba humo, no sabía ni idea tenía de para qué servía aquello.

No dijo ni buenos días, se inclinó sobre el artilugio que nunca había visto hasta ahora y le hizo tal inspección técnica y, a su manera qué, raro sería que se hubiera dejado algo sin estudiar.

Fue Juan Manuel, “El Chivirritor” el que ayudó a Pedro el conductor a poner en marcha el aparato que tanta gana tenía de ver y que esta mañana había logrado. Cuando “El Cajetilla de mistos” se puso en marcha, Juan Manuel no lo podía creer, estaba admirado y anonadado de que aquel aparato sirviera como la misma gasolina al camión que ante sus ojos se movía. Ya, por su ruta hacia Atarfe, es verdad que lo hacía a escasa velocidad y que su potencia era mínima, pero caminaba hacia su destino. Juan Manuel lo seguía, el benaluense que bajó de las partes altas del pueblo a tomarse su copa y que olvidó, hacía lo propio, así como varias personas más que se habían unido a la puesta en marcha del gasógeno que Pedro estrenaba en su camión.

Ya torcía por la “Regüelta del Menuo” Los que quedaron en tierra seguían en tertulia comentando a dónde nos llevarían estos tiempos tan avanzados. ¡Habrase visto!… que unos tacos de leña llevan almagra hasta Granà. Era principio de los cincuenta y ya para ellos aquellos tiempos, aquellos años eran tan avanzados que dejan anonadados y estupefactos a los personajes más avanzados en la mecánica de antaño.

En días sucesivos la preparación del gasógeno en el camión de Pedro reunió curiosos en la puerta de la cochera de Julio Raya, allí se comentaba y se pensaba como sería posible convertir en petróleo pedazos de palo.” ¡Caballeros que adelantos!” se dijo para sí uno de ellos.

La espera y llegada de la Alsina a Benalúa de las Villas, además de relajante se había vuelto divertida. Todo el mundo paseaba y esperando que pronto llegara aquel antiguo autobús que en la pequeña cuesta de entrada al pueblo se ponía a renquear y a escalar la dicha cuesta con el ruido de su motor, que por cansancio y poca fuerza era más pausado y silente. Junto al vetusto a caminar se ponía toda la gente y algún mozalbete a medio educar con la palma de su mano se puso a taponar la salida del escape ocasionando la parada y el bloqueo de la máquina. El conductor del tal artilugio, que movido por gasógeno se portaba como jabato a bordo del tal cacharro, se sentía humillado y furioso intentaban cazar al jovenzuelo que casi todas las tardes se empeñaba en el mismo “juego”.

Eran tal las molestias que se ocasionan al bloquear la salida de los humos por el tubo de escape del autocar, que los viajeros que venían de la ciudad con el lógico cansancio habían de bajar y terminar el viaje andando y quejándose de la travesura juvenil.

Tan repetidas eran las veces de este entuerto fatal que el señor conductor y responsable de autobús a través de la CIA. Torcuato Alsina Graells Sur, requirió a una pareja de la Guardia Civil que impidieron dichos actos.

Los paseantes y curiosos de aquel bonito paseo que se hizo costumbre en el pueblo: Ir a esperar la Alsina en el tramo de carretera de Benalúa a Granada desde la Parada del Bus, cito en la puerta de Teodoro hasta el Barranco del Cura, los Morales o la “Regüerta del Menuo”. Con el aliciente del gasógeno se añadió un buen entretenimiento a lo bueno que tenía ese rato de las tardes, que antes de cenar se iba a pasear y esperar la Alsina.

                                      Granada, febrero de 2024

[Continuará…/…]

 

 

 

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Gregorio Martín  García

(Benalúa de las Villas, 19/02/1945-

Atarfe, 15/04/2024)

Autor del libro ‘El amanecer con humo’

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