Moschos Morfakidis Filactós. La épica de la cultura griega contada desde Granada

Tendremos que hacer un esfuerzo. Ralentizar los tiempos. Abstraernos de la vorágine, de la información rápida, del consumo inmediato de imágenes y lugares.

Este es un relato que necesita de introspección y de perspectiva.

Venimos a hablarles del mundo griego. Del origen de nuestra cultura. De los nexos que la lengua griega ha ido tejiendo en el tiempo y en el espacio y del papel que ha jugado nuestro personaje en este entramado.

Traemos a nuestra galería, a la que estamos realizando para reivindicar el patrimonio humano granadino, a un griego.

Moschos con 3 o 4 años

Tiene algo de heroica la construcción del profesor Moschos Morfakidis Filactós, un Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotaen la ciudad de Granada, ligada a su universidad.Una gesta que hace a la UGR más necesaria, si cabe, porque la ha convertido en nexo entre el mundo griego y el mundo hispanohablante.

Moschos es griego. Grecia siempre ha vivido del mar.

Bien es conocida la costumbre del griego de echarse al mar y mudarse en viajero para que luego y, para mayor gloria de sus protagonistas y de la cultura griega, sus hazañas fueran relatadas en verso por los aedos.

Si un griego se echa al mar acabará sembrando lo griego por todos los puertos.

Eso es lo que hizo el estudiante Moschos, aquel joven de la Macedonia griega que partió para estudiar la licenciatura de Historia en Granada al conseguir una beca del instituto Cervantes.

Se despidió de Dimitri y de Déspina, allá en Drama, para comenzar ese largo viaje de ida y vuelta que acabó convirtiéndolo en sabio –“…sabio como te has vuelto, con tanta experiencia”– que así es como dijo Kavafis que se vuelve del viaje.

Con amigos en Grecia, cuando tenía 16 años

Desde aquel su primer vuelo, han sido muchas las ideas y venidas desde Grecia a Granada y viceversa. Y todo para pregonar –como hacían en su pueblo hasta hace muy poco– “lo griego” en Europa y en América Latina y “lo español” en el mundo heleno. Por eso ha sido reconocido con la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada (2016), con el premio “Karolos Mitsakis” de la Sociedad de Traductores de Literatura Griega (2016), con la Medalla de Plata de la Academia de Atenas (2019). Ha sido distinguido como Doctor Honoris causas en dos universidades griegas, y en Octubre próximo lo será en la Universidad de Atenas. Es cónsul de Chipre –La gran vergüenza-está dividida por una alambrada. Queremos que Chipre no se olvide.

Afable, acogedor, sereno. Lo hemos visto dirigiéndose a sus compañeros del Centro. Es familiar.

Hemos sido testigos de su relación con los estudiantes internacionales que su práctica en el entramado creado por volúmenes y volúmenes de literatura griega. Es de respeto.

Moschos con la profesora Encarnación Motos Guirao, con 19 o 20 años

Ha creado algo grande, pero es difícil de contar.

Vamos a ver si lo conseguimos.

Moschos vuelve a Atenas con una beca postdoctoral y comienza a establecer contactos con personas e instituciones allá en el Ática. Recibe donaciones en forma de libros. Las compañías aéreas todavía no penalizan el exceso de equipaje y esa preciada carga fue el germen de una biblioteca física que tiene su sede en Granada y que alberga más de 40.000 volúmenes, después de haberse visto enriquecida por fondos provenientes de donaciones de importantísimas bibliotecas personales, entre las que se incluyen la de Konstantinos Tsatsos (primer presidente de Grecia después de la caída del régimen de los coroneles), la de Isidora Rosenthal-Kamarinea (catedrática de filología griega en Alemania), la de Penelope Stavrianopulu (profesora de filología griega en la Complutense) y otras tantas.

Ese solo fue el origen del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriota en la ciudad de Granada y de sus actividades.

En el mundo griego existe la tradición del patrocinador. Todo aquel que se echa a la mar y triunfa, revierte parte de su riqueza en forma de donación –aún sin existir una legislación que libere de los impuestos–.

En Grecia, el nombre de Mochos Morfakidis Filactós es sinónimo de honestidad. Una mañana, el presidente de la Academia de Atenas – cruzó la céntrica avenida Panepistimíu para reconocerle la bonhomía “una persona puede engañar una vez, pero no durante tantos años”.

Y fue su figura, su prestigio, el garante para que el Estado griego e importantísimos benefactores –Fundaciones como la de Onasis o la de Niarchos, aristócratas como la princesa Irene de Grecia, instituciones públicas y privadas griegas, armadores del Pireo, dueños de multinacionales– hayan y sigan esponsorizando las actividades culturales de este centro de estudios griegos en la ciudad de Granada.

Y este es el Épos del griego Moschos Morfakidis.

Y esta es su epopeya, la creación en Granada del centro de estudios griegos más importantes fuera de Grecia.

Y ahora comienza el relato sobre esta institución.

Desde 1998, año de su fundación con la iniciativa de la Embajada griega en España, ha estado instalado en un piso de la Gran Vía. Hasta que la presión inmobiliaria comenzó a desalojar viviendas y locales para convertirlos en pisos turísticos les obligaron a un desalojo exprés (como si fuera posible desmontar y montar una biblioteca en un corto espacio de tiempo).

Ahora, Granada cuenta con un edificio turístico más y sin este único centro de estudios griegos europeo en la Gran Vía. Valoren ustedes.

Pero, y como es bien conocida la intervención de los dioses ante las adversidades del viaje, la rectora de la UGR, Pilar Aranda, contribuyó con el Destino, en forma de apoyo e impulso para la creación de un Centro Mixto de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriota que quedó constituido desde el 1 de junio de 2023. Esta integración en la estructura universitaria incluía la cesión de un lugar físico donde acoger las actividades y el abultado equipaje del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas en el edificio I+D, Josefina Castro Vizoso en la Avenida Madrid. Y quiso también el Destino que comparta espacio con las investigaciones científicas más punteras, en lo que se nos antoja una casualidad poética (¿existe?) que el alfa y la omega de la ciencia compartan espacio.

La creación de Moschos, sus benefactores y los investigadores, continua imparable. Es un centro de estudios que sigue creciendo.

Biblioteca del Centro Mixto de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriota, en Granada

La maravillosa biblioteca en papel se está completando con un importantísimo repositorio en digital que incluye importantes archivos de temas monográficos procedentes de archivos públicos y privados de Grecia y de España.

Comenzaron digitalizando material de archivos españoles y griegos para poder reconstruir la historia de los viajeros hispanos a los territorios griegos, Chipre, islas griegas, Constantinopla.

Se transfiere a la sociedad investigaciones sobre la presencia bizantina en la península Ibérica

Hay líneas de investigación abiertas para estudiar la presencia del mundo griego en la literatura del Siglo de Oro española. Como el centro funciona también como editorial, publica ediciones bilingües de textos bizantinos y españoles (La Santa Ligade Lope de Vega o El amante liberal de Cervantes).

Luego, como él mismo es viajero griego y ha triunfado, regala o dona estas obras a instituciones griegas.

Si hay algún problema en la traducción, puede usar alguno de los diccionarios que griego-español, español-griego que realizan y se ofrecen de forma digital y en acceso libre, al igual que otras ediciones del Centro (www.centrodeestudiosbnch.com/).

Se impulsa el conocimiento de la lengua griega.

Moschos Morfakidis Filactós es un personaje único porque, desde la cátedra de filología griega de la UGR y desde la presidencia del Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriota, Centro Mixto de la Universidad de Granada, ejerce como intermediario cultural. Aquel niño que creaba historias para el teatro de sombras con su primo en la región de la Macedonia griega se embarcó en la aventura de vivir en un mar unido por una lengua común, el griego.

Nos alerta ¡Atención!… con profunda tristeza y preocupación de la conversión del katholikón (iglesia principal) del monasterio bizantino de Cora, en Estambul, de museo a mezquita –al igual que ocurrió hace poco con Santa Sofía– porque pertenece a toda la humanidad y resulta un valioso lazo de cohesión entre diferentes pueblos, religiones y países.

 

 

 

 

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Carmen Gómez Letrán

Profesora de Geografía e Historia

IES Padre Suárez

 

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Carmen Gómez Letrán

Profesora de Geografía e Historia del IES Padre Suárez