IES Los Montecillos, en Coín, centro educativo en el que sucedieron los hechos :: www.ieslosmontecillos.es

Antonio Extremera: «Agresión a una docente»

Acabamos de iniciar el curso, y para celebrarlo, una nueva agresión. Nada más y nada menos que a la directora del IES Los Montecillos de Coín, en la provincia de Málaga.

Tres días han bastado para que los familiares de un alumno de dicho centro se personaran en las instalaciones para tirarle del pelo, golpearla, patearla, vejarla e insultarla. Lo más denigrante para cualquier persona en el ejercicio de su profesión. Y todo porque su hijo estaba involucrado en un conflicto, y al ser llamado al despacho para esclarecer los hechos, su mejor defensa fue un buen ataque: inventarse que le había pegado en la reunión con dirección.

Según los propios compañeros de la docente, que así lo atestiguan, la familia llegó al instituto de malas maneras, queriendo echar la puerta abajo, a lo que la directora, alertada por los golpes y el ruido, salió a ver qué ocurría, y ahí se encontró directamente con sus agresores. Otra de las compañeras intentó socorrerla, pero también recibió algunos tortazos. La cosa no acaba aquí, la familia agresora corrió hacia el hospital de la comarca para obtener un informe médico que sirviera como parte de lesiones y poder presentarlo con posterioridad como prueba en la Guardia Civil, para interponer la correspondiente denuncia.

El mundo al revés, ya que la pobre docente ni se pudo defender ante este repugnante acto, que, por supuesto, ha seguido los mismos pasos que sus agresores. Que una familia, la responsable de la educación de sus hijos, actúe y responda con esa violencia, sin reprender los actos de sus propios hijos, muestra la realidad de ese núcleo familiar.

Y si, con esta forma de actuar le está enseñando, porque los hijos aprenden por imitación y observación de los adultos. Están aprendiendo que, ante situaciones de este calibre, tienen que pelear, mantener una actitud agresiva y violenta. Sí señor, con dos bemoles, la mejor manera de manejar los conflictos.

Y ahora nos podemos hacer una pregunta, ¿Qué está pasando para que muchos docentes estén renunciando a su vocación y planteándose si merece la pena seguir en esta profesión? Creo que, en los hechos compartidos y en otros muchos, reside la respuesta. Quizás nos hemos cansado de ser enjuiciados por la sociedad, de que juzguen constantemente nuestro trabajo, de recibir insultos y agresiones cuando reprendemos las actitudes de sus hijos, de que nos falten el respeto. ¡Basta ya!.

La vocación profesional es la base del éxito, pero es insuficiente sin un sistema que nos proteja de forma activa y proactiva, así como de una sociedad que valore y respete nuestro trabajo. Hemos perdido los papeles.

Una sociedad sin valores es un mundo empobrecido, donde cada individuo busca su fin sin importar los demás. No sé en qué momento dejaremos de ver noticias que cuenten cómo una enfermera es agredida por un paciente, o cómo un médico es insultado, o quizás por qué la policía no se le respeta debidamente. En ese instante me doy cuenta de que hemos fracasado como sociedad.

ANTONIO EXTREMERA

[NOTA: Este texto de Antonio Extremera se ha publicado en la edición impresa de IDEAL Granada correspondiente al jueves, 1 de octubre de 2026, pág. 21]

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