En esta nueva serie que hoy iniciamos vamos a tratar de llevar a cabo una síntesis sencilla y comprensible, de los GRANDES LIBROS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO OCCIDENTAL a partir del análisis y examen de sus textos más representativos, aquellos que han sido considerado como clásicos e indispensables para para alcanzar un conocimiento preciso y aceptable del mismo.
No se trata de una “Historia del pensamiento político occidental” sino, como hemos advertido, de una lectura de los Grandes Textos canónicos de esa historia. Sobre la importancia de leer y conocer este tipo de libros recordemos lo que el General George Marshall –- artífice de la victoria militar estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y de la reconstrucción de la Europa de posguerra —dijera en su famoso discurso impartido en la Princeton University el 22 de febrero de 1947: “… un hombre no puede pensar con pleno conocimiento y hondas convicciones acerca de (…) las cuestiones internacionales básicas de hoy sin por lo menos haber revisado mentalmente el período de la guerra del Peloponeso y la caída de Atenas [tal y como las describe Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso].”
JOHN STUART Mill: SOBRE LA LIBERTAD (1/3)
I. EDUCACIÓN y FORMACIÓN DE JOHN STUART MILL
John Stuart Mill (Londres, 1806-Avignon, 1873) filósofo y economista británico, uno de los teóricos fundadores del liberalismo. Su línea de pensamiento trata de complementar la ética utilitarista de Jeremy Bentham con la doctrina de los derechos fundamentales del otro gran liberal inglés, John Locke. J. Stuart Mill cursó estudios científicos en Francia y jurídicos en Inglaterra. En 1820 marchó a Francia, alojándose con la familia de Samuel Bentham, hermano del filósofo utilitarista Jeremy. A los dieciséis años, en 1822, entró a formar parte de la Compañía de Indias, donde su padre ocupaba un elevado cargo, en la que permaneció hasta la disolución de la misma. De 1835 a 1840 dirigió la London and Westminster Rewiew, órgano del partido radical (1858), al tiempo que desarrollaba una intensa actividad científica y editorial, tomando parte en los trabajos e investigaciones de la escuela de Bentham.
Pasó el resto de su vida cerca de Avignon, excepto cuando fue elegido por el Colegio de Westminster miembro de la Cámara de los Comunes (desde 1865 hasta 1868) en donde apoyó, entre otras cosas, el sufragio femenino, propugnado por él y por su esposa Harriet Taylor Mill (Harriet Hardy, conocida también como Mrs. Taylor) en su famoso ensayo The subjection of Women (1), publicado en 1869 uno de los libros fundamentales en el desarrollo del movimiento feminista sufragista de la segunda mitad del siglo XIX (traducido indistintamente como sobre la sujeción o sobre la esclavitud de las mujeres).

Autor fecundo y trabajador incansable, escribió numerosas obras filosóficas, económicas y políticas entre las que podemos destacar su Sistema de Lógica (1843), seguido de otros escritos de economía, como sus Principios de Economía política (2), y de filosofía como su ensayo sobre El Utilitarismo (1863) además de un Examen de la filosofía de sir William Hamilton y otro sobre A. Comte and Positivismo, ambos publicados en 1865. Su ensayo De la influencia del gobierno y sus Consideraciones sobre el gobierno representativo (1861) lo consagrarán como uno de los grandes pensadores liberales del XIX. Pero, sin duda, su libro Sobre la Libertad (1859) totalmente impregnado de Liberalismo el que va a obtener más amplia resonancia y relevancia entre sus escritos y obras
La educación que recibió fue rigurosa y disciplinada en extremo e inhumanamente enciclopédica. La minuciosidad doctrinaria y sin humor con que se siguió el programa educativo impuesto por su padre James Mill, fue descrita por él, más tarde, en su Autobiografía (1873). Educado en los principios del más rígido utilitarismo (profesado por su progenitor) John Stuart Mill (1806‑1873) pudo desprenderse poco a poco de la misma a lo largo de su vida, según confiesa él mismo.
El objetivo de esa educación, tan severa, consistía, nada más y nada menos, que en tratar de aislar totalmente al niño de la influencia potencialmente “corruptora” de otros compañeros de juego, mediante una meticulosa e incesante disciplina, la exigencia del conocimiento de una extraordinaria amplitud de idiomas y de literatura histórica incluida en su currículo desde los primeros años. Y todo junto constituyó un ejemplo de fanatismo paterno único en los anales de la educación. De hecho, muchos lectores de la misma han quedado tan asombrados, ante el precoz sometimiento de un niño tan pequeño a una tan severa labor intelectual, que no han creído necesario buscar más allá para encontrar la explicación de la posterior angustia vital de John Stuart Mill y de su mala salud.

El padre, el filósofo utilitarista James Mill, veía en su experimento educativo con su hijo la unión de su amor paternal y su benévola preocupación por el bienestar público; pero subjetivamente buscaba por este medio satisfacer su apetito de poder y hacer de su hijo el sustituto del compañerismo que no encontraba en su esposa. Los detalles de un día en la familia Mill nos han sido legados por Francis Place, quien los visitó cuando ellos estaban de visita en Ford Abbey, como invitados de Bentham, en 1817. El padre se levanta entre las cinco y las seis de la mañana y procede a cotejar las pruebas de sus escritos recientes, junto con John. A las siete llegan las dos hermanas y, al terminar con las pruebas, John queda libre para darles lecciones hasta la hora del desayuno, a las nueve. Terminado el desayuno, el padre dedica tres horas a escuchar las lecciones y lecturas de los niños, hasta la una de la tarde.
F. Place comenta la “excesiva severidad” de James Mill: “Ninguna falta por más trivial que sea, escapa a su observación; ninguna queda sin reprimenda o castigo en una forma u otra”. Y presenta un sombró cuadro de los niños trabajando fatigosamente con sus libros a las tres de la tarde, sin haber comido y condenados a seguir sin alimento hasta las seis, todo en castigo de un error en una sola palabra. Estos métodos, aplicados por una personalidad como la de James Mill, tenían por resultado el que la relación con sus hijos se basara fundamentalmente en el miedo. Después de que salía para ir a la India House, el único contacto que tenían con él los niños era en la noche, a su regreso y entonces, decía Harriet, “siempre estábamos en falta por el odiado latín”. El elemento predominante en sus relaciones con su padre era el temor/miedo. Irritable, “los extraños observaban que su entrada en el cuarto en el que estaba reunida la familia ensombrecía de inmediato el ambiente”. (Dickens en Tiempos difíciles ejemplifica a la perfección este tipo de pedagogía (el magistral capítulo decimoquinto de la novela). Su falta de ternura para con sus hijos es uno de los reproches que John guardará contra su padre.
Desde la edad de quince años, cuando conoció por primera vez los escritos de J. Bentham, nos dice Mill, la estabilidad de su personalidad, el objeto de sus afanes y en consecuencia el fundamento de su felicidad, todos derivaron de su determinación de invertir sus energías en reformar al mundo, de su amor por la humanidad. Esto le bastó hasta la edad de veinte años, cuando experimentó una conmoción mental memorable y dolorosa. En el nivel intelectual consciente, esta crisis se presentó en la forma de una inalterable convicción de que aun la realización de todos sus proyectos de reforma no serviría para lograr su propia felicidad. La meta de todos los afanes no le había proporcionado la satisfacción emocional que él reclamaba, y cayó por lo tanto en el estado de melancolía relacionada con el sentimiento de la futilidad de la existencia humana: Me pareció que no tenía ya por qué vivir” (Autobiografía).
La reacción instintiva de J. S. Mill a su angustia fue el intento de analizar sus causas subyacentes, con el objeto de entender y encarar la verdad respecto a sí mismo. Su diagnóstico fue que padecía un exceso de análisis y una deficiencia de sentimientos. Le pareció irresistible la conclusión de que el hábito intelectual analítico y el vacío emocional estaban ligados como causa y efecto. Por consiguiente, él relacionó su “recuperación” con su intento de rectificar el equilibrio de sus intereses. Trató de cultivar el lado emotivo de su naturaleza por conducto de las maravillas naturales y la lectura de las loas poéticas de Wordsworth al esplendor de la naturaleza (3). Mill es demasiado sincero, sin embargo, para fingir que logró la recuperación, a diferencia del alivio de sus síntomas. La nube que ensombrecía su vida desapareció gradualmente: “y aunque tuve varias recaídas, algunas que duraron muchos meses, nunca más volví a sentirme tan desdichado como antes”.
La obra de Stuart Mill es contemporánea de una crisis del Liberalismo y constituye la mejor expresión de esta crisis. Hacia 1841 el Industrialismo es sometido a un proceso de cuestionamiento, no es posible reducir la vida social a algunos principios de mecánica, la indefinida perfectibilidad no se sostiene ante los hechos. Dos hechos se imponen: la evolución de las sociedades y su diversidad. Stuart Mill se dedica, pues, a formular un Liberalismo instalado de nuevo en la historia y en la sociedad. Mientras que J. Mill se interesaba sobre todo por el problema del gobierno y le daba una solución mecánica (reforma de la representación y extensión del derecho de sufragio) Stuart Mill estima que el gobierno no puede ser liberal si no existe una sociedad liberal.
Para Bentham: el gobierno liberal era bueno no porque fuera liberal sino porque era eficaz; Para J. Stuart Mill, por el contrario, la libertad es un fin, un bien en sí mismo, independiente del principio de la mayor felicidad, y un bien no sólo individual sino también social. Stuart Mill critica, no sólo al socialismo, sino también al Capitalismo: cree que la función del Estado liberal no es puramente negativa, que debe tratar de realizar las condiciones de la libertad. Su liberalismo está, por consiguiente, en oposición con la filosofía del laissez‑faire (4). Las ideas políticas de Stuart Mill están expresadas, sobre todo, en sus ensayos Sobre la Libertad (1859) y Consideraciones sobre el Gobierno representativo (1860‑61).

En sus dos escritos biográficos que de él conservamos — su Diario (publicado en 1910 por Hugh S. R. Elliot en 1910) y su Autobiografía — escribe Carlos Mellizo en el Prólogo a su Diario (Alianza, Madrid, 1996) reflejó nuestro pensador y reformador social las cuestiones que fueron preocupaciones milleanas habituales, los temas referidos “a la vida, al sentimiento, o a la alta especulación metafísica”, que lo habían ocupado siempre y que seguirán siendo objeto de su atención en años posteriores. De entre estos temas, señala el traductor y profesor Carlos Mellizo (University of Wyoming), no sería difícil enumerar algunos de los más permanentes y significativos: 1) La dependencia de toda orden sentida por el filósofo hacia Harriet Taylor; su esposa queda en su Diario como soporte, razón, motivo y origen de su obra y como “deidad protectora de su persona” (dixit, Carlos Mellizo). 2) Una visión crítica del pueblo inglés. Fue, sin duda, un afrancesado, que aunque aprecia determinadas virtudes en el espíritu británico, siempre tuvo algunas reservas al respecto. 3) Su actitud crítica hacia las religiones tradicionales y su propuesta de sustitución de las mismas por un Culte de l’humanité al estilo de Comte, “capaz de satisfacer las más altas aspiraciones de nuestra especie” (5). 4) Un sentido ético de obligación para con los demás y para consigo mismo. Y, finalmente, 5) Una fe inalterable en el progreso. En las próximas entregas examinaremos, el contenido del primero de sus libros señalados.
BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS
1) Harriet Taylor Mill es una figura del feminismo inglés y europeo de gran importancia en el pensamiento social y político de nuestro tiempo y la mujer que desde que la conoció J. S. Mill, lo será todo para él. Tras enviudar en 1849 de John Taylor, socio de una compañía farmacéutica, con el que tuvo tres hijos, consolidó su amistad con John Stuart en 1849, por la mediación del pastor William Johnson Fox, editor del “Monthy Repository”, con ella contrayendo matrimonio en 1851. Con semejantes ideales políticos y sociales, liberales, Harriet colaboró con su marido en varias publicaciones sobre la emancipación de la mujer. Ésta sólo podrá lograrse cuando a las mujeres — la mitad de la especie humana — se les reconozcan sus derechos naturales, su derecho a la educación y su participación en la vida política, cultural y profesional, exigiendo su total equiparación jurídica y social en relación con los varones. Su unión amorosa con el filósofo duró “siete años y medio solamente”, como escribió J. Stuart Mill con amargura en un pasaje de su Autobiografía. Harriet murió de una congestión pulmonar en el otoño de 1858, cuando el matrimonio se hallaba de viaje por el Continente, y fue enterrada en el cementerio de Saint Veran, en las cercanías de Avignon. Allí se trasladaría Mill con su hijastra Helen para residir cerca de la tumba de su esposa, y allí moriría a la edad de 77 años en la mañana del 7 de mayo de 1873, enterrado junto a los restos mortales de su esposa Harriet.
2) «Consideraciones sobre el gobierno representativo»: Es en esta obra en donde Stuart Mill desarrolla sus ideas sobre el poder; partidario de «la mayor dispersión del poder compatible con la acción útil del poder», distingue en el mismo dos funciones: una función de control, que corresponde al Parlamento; y una función legislativa, que no le corresponde al Parlamento, sino que es atribuida a una Comisión Legislativa
3) Stuart Mill era una naturaleza inquieta, sensible, marcada por un Romanticismo del que estaba totalmente exenta la generación anterior (la de su padre: «Mi padre ‑escribe‑ ha sido el último pensador del siglo XVIII«). Lee en efecto a Wordsworth, Coleridge, y sufre la influencia de Carlyle. Otras influencias son las de Kant, Comte; se interesa por el saintsimonismo y mantiene correspondencia con Tocqueville. Mientras que el utilitarismo de la generación anterior (Bentham, J. Mill) es insular y británico, el de Stuart Mill aspira a la universalidad.
4) F. A. Hayek, en Camino de servidumbre, advierte a este respecto y expresamente que “nada ha perjudicado tanto a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en determinadas reglas generales, sobre todo los principios del laissez-faire”. Por el contrario, dice, la actitud correcta de los liberales hacia la sociedad sería más como la de un buen jardinero hacia sus plantas: cuidarlas con esmero y tratar de crear las condiciones en las que puedan prosperar. Sin embargo, añade, toda intervención del gobierno en las operaciones de la sociedad liberal implica mezclar propuestas de índole derechista o izquierdista que se inclinan hacia el fascismo o hacia el socialismo, y, por consiguiente, tienen el peligro de derivar hacia alguna forma de totalitarismo
5) John Stuart Mill, Tres ensayos sobre la religión, publicada póstumamente en 1874.
ÍNDICE DE ESTA SERIE
1 EDUCACIÓN y FORMACIÓN DE JOHN STUART MILL
2 SOBRE LA LIBERTAD
3 LA LIBERTAD Y SU JUSTIFICACIÓN






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