En España fuimos de los primeros en inventar a los oriundos. A principios de los años setenta del siglo pasado los clubes españoles enviaron a ojeadores e intermediarios para buscar talentos futbolísticos a Argentina; Uruguay, Paraguay, Brasil etc.. Llegó un regimiento de ellos , aunque algunos de los que vinieron, francamente tenían muy mal pie y «peor cabeza». El funcionamiento era muy fácil: traían a un jugador, que decían tener un abuelo que era de Santa Marta de de Ortigueira ( A Coruña); nadie lo había visto, le ponían la camiseta roja y el tío se autoproclama más español que el Cid; luego resultó que la partida de nacimiento estaba falsificada en Rosario y el abuelo era de Lyon; no conocía ni una nota del himno español, pero marcaba goles.
Hubo trampa a raudales.como aquel famoso centrocampista paraguayo, que citaba una parroquia rural española como lugar de origen de sus antepasados. Cuando la prensa acudió al municipio a comprobar los libros parroquiales descubrió que los registros habían desaparecido por un oportuno incendio, recurso repetido en distintos expedientes. Se falsificaron partidas de nacimiento de abuelos que nunca existieron, las fechas estaban cambiadas, es decir, no había forma probatoria de controlar quién era nieto de español y quién no, era el llamado mercado del sello. Esto sí,se hicieron de oro los intermediarios y gestores que cobraron grandes fortunas por «encontrar» antepasados españoles a futbolistas totalmente ajenos a España.
Y es que, prácticamente, durante quinientos años, el pícaro, desde «El Lazarillo» hasta nuestros días, ha intentado ser lo que no es mediante un documento, un sello o un padrino en la corte para sobrevivir o ascender socialmente, porque no se sobrevive por lo que se es, sino por lo que se aparenta. Con esto y otros muchos más ejemplos estaríamos en disposición de asegurar que 50 años después de los oriundos, hemos vuelto como siempre, pero ya no es para meter goles, es para meter votos, y es que en España la picaresca no es solo un género literario, sino una forma de Estado.
Recordemos también la historia de la vida del Buscón» de Quevedo (1626). Don Pablos – de orígenes muy humildes – viaja a Madrid con la intención de hacerse pasar por caballero, buscando el ascenso social y para lograrlo, entre muchas mentiras, decide cambiar su apellido. En el fondo podríamos decir que todo son papeles y apariencia. No obstante, lo que actualmente habita en nuestro pueblo es «El Buscón al revés». Antes mentía para parecer hidalgo; ahora mentimos para parecer víctima, pues da más rédito.
Ahora, entre 2022 y 2025. falsificamos el exilio por el voto, puesto que la instrucción de la ley – que no es una ley independiente, sino una disposición específica de la Ley de Memoria Democrática – dice que no es necesario probar que tu abuelo fue perseguido, basta con que digas que salió de España entre 1936 y 1955 que el Estado presume el resto. Sin embargo, en la LMD, votada en el Congreso, en su Disposición adicional 8ª, estaba redactada para los descendientes españoles, que por por razones históricas no pudieron adquirir la nacionalidad española, exigía dos circunstancias fundamentales : la primera era haber padecido persecución por razones políticas, ideológicas o por su orientación sexual y de conciencia y haber tenido que exiliarse por esta causa; la segunda poder acreditarlo documentalmente ante el Encargado del Registro. Antes bien, seis días después de aprobada la Ley de Memoria Democrática, la Directora General de Seguridad Jurídica y Fe Pública , Sofía Puente Santiago, firma una instrucción que haría llorar de envidia a los gestores e intermediarios futbolísticos y que dice así: «Se presumirá la condición de exiliado respecto a todos los españoles que salieron de españa entre el 18 de julio de 1936 y 31 de diciembre de 1955».
Así que con esta instrucción no haría falta que pruebes que tu abuelo fue perseguido. Basta con que digas que tu abuelo salió entre las fechas indicadas más arriba para presumir el resto. Es «el Lazarillo» legalizado, antes tenías que buscarte un escribano en Tormes que te hiciera un papel y ahora te lo hace la Dirección General o quien fuere, en los que intervienen leguleyos escritores o guionistas de la presunción, que nunca fueron historiadores de archivo; creen que el sentimiento vale más que el documento, y a través de sus novelas vestidas de historia o de sus ficciones con empaque de ensayos nos quieren hacer ver que España sigue siendo franquista; esto es, nunca estuvieron en Simancas contando legajos; o lo que es lo mismo: no hacen historia documental de archivos de prueba, sino que proceden de la escuela americana del trauma y del victimismo. De tal manera, que si alguna funcionaria o funcionario quisiera recabar algún documento justificativo de un determinado exilio político, no vale para nada. Todo es más sencillo: se hace historia sentimental, tomando una prueba, un testimonio oral, un recuerdo o una emoción y, a partir de ahí, se construye la teoría. No hay emigrante económico o aventurero, hay exiliado político solamente.






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