Los maestros somos llamados a ejercer de lo que se tercie todos los días para con nuestro alumnado. Uno de los papeles que hemos de desarrollar es ineludiblemente el de psicólogo, pese a contar con una insuficiente preparación en la carrera de Magisterio y ser una formación optativa a nivel personal y profesional.
En la red actualmente circulan cientos y miles de vídeos motivacionales, de psicología, de pedagogía u otros ámbitos relacionados con nuestra profesión de docente. Es innegable el valor que adquiere en cada uno de nosotros esos vídeos cuando somos capaces de extrapolarlos a nuestra vida cotidiana o a nuestro quehacer diario como maestro. Algunos son de autores de renombre, escritores, con premios en la materia o reconocimientos, o simplemente gente que comparte lo que sabe o tiene, por hacer gala a un ejercicio de generosidad o, en otros casos puntuales, para poder ganar suscriptores, ganar el ansiado “LIKE” (me gusta) o que se comparta o retuitee, según la red social de la que estemos haciendo alusión.
En mi caso, bien sabido es, que comparto por el simple deseo de querer compartir. Es algo que emana mi ser, y por esa inercia, lo llevo a cabo gustosamente, sin estridencias ni condicionantes. Tengo muy claro que cada uno de nosotros venimos a este mundo para dejar huella, de forma intencionada o casual. Nuestro tiempo es finito y al no saber cuándo se bajará el telón, al menos, que nos quede la conciencia tranquila de haber tenido unas buenas actuaciones, independientemente de si el público nos haya aplaudido o no. No existe más valioso aplauso que el que nos podemos dar a nosotros mismos, somos quienes mejor nos podemos juzgar y valorar. No necesitamos de nadie más, aunque evidentemente sentir el calor ajeno, ayuda y motiva.
Esta breve introducción a este artículo, viene justificada porque, aunque es evidente que he sido una de las “víctimas” de esas redes sociales pedagógicas y psicológicas, he podido crear una estrategia que no dudo en compartir, que a mí personalmente me ha funcionado como persona y como docente, y al ser transferida a mis alumnos los resultados han sido más que remarcables.
NACIMIENTO DE LA R D C
La RDC responde a una regla mnemotécnica, una de tantas que uso en mis clases para hacer del aprendizaje un proceso asumible para todos y que roza lo lúdico o divertido. En circunstancias normales este recurso es usado para memorizar una serie de palabras conexas o inconexas, o este caso que nos ocupa, para retener una secuencia de acciones.

¿A qué acciones hacemos referencia?
Son tres acciones que puede que evitemos un problema, conflicto, discusión o confrontación.
Efectivamente los egos nos pueden. No estamos preparados ni concienciados para saber vivir con ellos o incluso combatirlos. Por encima de todo queremos tener la razón a toda costa, como si nos aguardara un premio incalculable en cada una de las disputas a las que somos sometidos o nos posicionamos para someternos.
¿Qué es mejor tener razón o tener paz?
Aquí es cuando nos planteamos el dilema de si los docentes debemos de enseñar a nuestros alumnos a ser sumisos, a aceptar lo que se le plantee o incluso una acusación, incluso sin haber sido ni parte ni causante, con tal de eludir esas circunstancias controvertidas. Evidentemente no. Está en nuestras manos el enseñarles que se haga justicia, que se sepa la verdad y que cada uno asuma su responsabilidad que tenga en un conflicto o situación, evitando la palabra “culpable” o “culpa”.
Cuando vamos con la verdad por delante, podemos tener la posibilidad de que se nos escuche, se nos comprenda o incluso que se nos dé una segunda oportunidad o tal vez no. En muchas ocasiones es más que evidente lo que has hecho, hay pruebas visuales, hay testigos o tal vez evidencias. ¿Por qué negarlo?
De ahí nació la primera de nuestras letras claves:
R (RECONOCERLO)
Si entrenamos a nuestro alumnado a decir la verdad, a ser consecuentes, a asumir su parte de responsabilidad o irresponsabilidad sobre alguna acción, abogaremos por esta práctica que derivará a la verdad, y solamente la verdad. Para ello, se pueden aportar una serie de oraciones que podrían servir de guía:
-Sí.
-Sí, es verdad.
-Sí, tienes razón.
-Sí, es cierto.

Este primer paso evitará muchos enfrentamientos con compañeros, maestros, padre, madre, u otros miembros de la familia, entre otros colectivos.
En contraposición, se tiene una cierta tendencia a negar la evidencia o a intentar escabullirse de una acusación, en ocasiones fundamentada. No tiene sentido. ¿Y si por la contra, no es el responsable de lo que se le acusa? Pues en ese caso habrá que enseñarle a defenderse con la palabra, sobre todo si se puede ver afectado por dicha acusación.
Además de reconocer la autoría de algo, esto también podría simbolizar una buena oportunidad para mostrar empatía por la persona que ha sufrido una acción.
-Sé cómo te sientes.
-Entiendo que estés molesto conmigo.
-Es normal que estés molesto conmigo.
-Si yo fuera tú, estaría furioso.
Es una ocasión propicia para hacer uso del teatro o de la simulación, para poner en práctica esta primera estrategia. Posteriormente, aportaré algunos ejemplos resueltos, basados en prácticas reales desarrolladas en una de mis clases.
D. (DISCULPARSE)
Insisto en la idea de que solamente se reconocerá y se disculpará si verdaderamente tiene motivos para hacerlo.
¿Es esencial pedir perdón? Realmente no. Algunos de nosotros usamos un perdón, sin sentido y carente de arrepentimiento real. Tan solo es una estrategia para evitar que se sobredimensione un problema o una discusión. Lo ideal es sentirlo, en caso de no ser así, se puede asociar a un asunto de moralidad, ética y educación.
Algunas de las oraciones para ejercer esa disculpa podrían ser:
-Lo siento.
-Lo lamento.
-Perdona.
-Discúlpame.
Gracias a esta estrategia damos de lado a nuestro ego, nos tragamos el orgullo y nos distanciamos de la altivez, al tiempo que otorgamos importancia a la otra persona herida por nuestra acción que ha originado una situación controvertida.
C (COMPROMETERSE)
Una vez que se ha reconocido la acción, que se ha empatizado, que se ha disculpado ya solo toca aportar una solución, una rectificación inmediata o a corto plazo o un compromiso.
He aquí algunos de esos ejemplos de compromiso:
-Mañana lo tienes.
-Voy a hacerlo ahora mismo.
-No volverá a suceder.
-Te prometo que he aprendido la lección y no se repetirá nunca más.
-De hoy no pasa.
A MODO DE EJEMPLO
Un maestro le pregunta si tiene la ficha de matemáticas completada. Esta podría ser la conversación, poniendo en práctica la estrategia de la RDC.
-Lucía, ¿tienes la ficha de mates hecha?
-No, profe, no la he hecho. Lo siento. ¿Puedo hacerla ahora mismo?
-No te preocupes, mañana me la traes hecha, confío en ti.
-Vale, profe. Se me pasó completamente, no volverá a pasar.
-No pasa nada. Pero hay que ser más responsables.
Como se puede observar, en todo momento Lucía ha admitido no haber hecho la tarea, no ha recurrido a la excusa para encubrirse, y en ningún caso se ha enfrentado a su maestro, asumiendo su irresponsabilidad o comprometiéndose a rectificarla de forma inmediata, prometiendo resultados.

CONCLUSIÓN
Como conclusión les diré que esta estrategia RDC me ha servido a nivel personal y ha sido transmitida, desde su creación, a cientos de alumnos que se han valido de ella para ser usada en el colegio, en casa, en la calle y en su vida, con resultados muy satisfactorios, por lo que es innegable su intención de aportar luz a la hora de resolver conflictos o dilucidarlos. Es solo una idea, pero a mí me funciona, motivo por el cual no dudo en compartir en Ideal en CLASE.







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