Luis Gerardo Ortiz: «Reflexiones sobre la enseñanza»

Es sabido que no estamos precisamente encabezando las listas europeas de niveles educativos. Se le echa la culpa a determinados factores, incluidos los llamados ‘recortes’. ¿Se imagina usted que un alumno diagnosticado por el equipo profesional correspondiente como ‘de necesidades educativas especiales’, no tuviera la asistencia multipersonal aconsejada? ¿Se imagina usted a un alumno con trastorno grave de conducta dentro de un aula ordinaria porque no existiera aula específica para su problema? ¿Puede concebirse una integración a ‘cualquier precio’?

 Ciertamente el dinero no es el único problema. Hay otras causas que pueden afectar y debilitar gravemente la educación de un país. Pero es necesario reconocerlas, a modo de especialista clínico, para aislarlas y eliminarlas. Para ello debe haber voluntad. Son los políticos quienes aprueban los sistemas educativos. ¿Se imagina usted que no existiera un gran pacto político por la educación? Llevado a cabo el mismo, los errores de los sistemas educativos deben resolverse mediante la adopción de las medidas correctas y no taparse por el gobierno de turno, traicionando acuerdos al pretender demostrar lo bien que realiza su gestión.

A veces se olvida que la educación ha de huir de contaminaciones ideológicas y debe fomentar el razonamiento y el pensamiento libre, pilares de una sociedad madura como defiende nuestra Constitución.

¿Se imagina usted que, para evitar la mancha que el absentismo escolar deja en las estadísticas, se les pagara a las familias de los absentistas para asegurar la asistencia de sus hijos a clase, sin importar que aprovecharan o no adecuadamente el tiempo? ¿Se imagina usted que se redujera la dificultad de las pruebas de nivel para garantizar con ello un porcentaje que optimizara la estadística del fracaso escolar? A veces se olvida que la educación ha de huir de contaminaciones ideológicas y debe fomentar el razonamiento y el pensamiento libre, pilares de una sociedad madura como defiende nuestra Constitución.

Por otra parte, una sociedad que vea mermada peligrosamente la ética y los valores, descubrirá más pronto que tarde su fracaso. La ética nos conduce a la juiciosa asunción de roles y responsabilidades. El niño tiene unos derechos, pero también unas responsabilidades; y la familia es la primera que debe enseñarle que toda acción conlleva unas consecuencias y que, a veces, perjudican al prójimo. El niño debe conocer los límites de sus actos, la familia asumir su función educadora y la Administración la suya. ¿Se imagina que ante sonoros problemas de comportamiento, la Administración desoyera al profesional de la enseñanza y prefiriera atender a la familia de cualquier engreído antojadizo, dueño y señor de la voluntad de sus papás? Igualmente, ante la alarmante proliferación de programaciones basura en algunas televisiones, sería conveniente arbitrar medidas que propiciaran ofertas suficientemente atractivas para la audiencia, que potenciaran la cultura y el conocimiento.

Por lo que respecta al esfuerzo, cabría preguntarse si existe alguna actividad a la que se llegue sin él. ¿Engañamos a nuestro alumnado si lo preparamos para el esfuerzo? Existe una percepción en la sociedad de que nubes de preguntas sin respuesta están poniendo en grave riesgo nuestro sistema educativo.

LUIS GERARDO ORTIZ

MAESTRO EN EL CEIP SAN FRANCISCO (CÁJAR)

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