Blas López Ávila: «Sotanas en la oscuridad»

 

“¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita permiso de
un fraile para leer y pensar?”
Masson de Morvilliers

Éramos pocos y parió la abuela. Así reza el famoso dialogismo español para expresar, entre otras cosas, que a algo que funciona mal, se le agrega otra cosa más grave todavía. Tal cual lo ha hecho la Iglesia en el conflicto catalán para irritación, oprobio y alipori de no pocos católicos – y me consta. Siempre me ha arrancado una irónica sonrisa que en un país tan católico como éste se emplee el dicho aquel de “fíate de la Virgen y no corras” y, claro, muchos de los “militantes” no han tardado en amagar con quitar de su declaración de la renta la asignación a la Iglesia, tal es la fe de estos fulanos y su compromiso con el credo al que dicen pertenecer. Una bufonada más que añadir a las que estamos viviendo en tiempos tan recios. En fin, “con la iglesia hemos dado, Sancho”.

El bochornoso espectáculo de la celebración del culto mientas los chicos “indepes”, en piadoso acto, recontaban votos –lo del recuento es un decir- o la propia posición de la Conferencia Episcopal, comunicado incluido. Sencillamente intolerable.

Mucho se han ocupado todos los medios -lógico por otra parte- en enjuiciar y tomar partido por esta o aquella opción política; por determinados comportamientos, en especial por la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado; por la acción o inacción de los mozos o por la imagen que de España se pueda dar en el exterior, haciendo gala de un complejo de inferioridad que no habla sino a las claras de las escasas convicciones democráticas de quienes así se expresan. En definitiva, todas las partes en conflicto han recibido estopa desde diversos frentes. Y sin embargo la actuación de la Iglesia ha pasado cuasi desapercibida. Y es que en este país de meapilas a ver quién es el guapo que se atreve a criticar una institución semejante. Siendo así que pareciera no haber existido jamás la actuación de algún mosén que otro, convirtiendo sus homilías en mítines; la posición proactiva de numerosos curapárrocos caganers; el bochornoso espectáculo de la celebración del culto mientas los chicos “indepes”, en piadoso acto, recontaban votos –lo del recuento es un decir- o la propia posición de la Conferencia Episcopal, comunicado incluido. Sencillamente intolerable. Ya sólo faltaría que en un alarde de falta de respeto por la democracia y la ciudadanía, como si estuviésemos en una república bananera, fueran los mediadores –si es que hay algo que mediar- entre las partes en conflicto.

Jamás en mi vida me he pronunciado al respecto, pues las creencias de cada uno me producen un profundísimo respeto. Allá cada cual con su vida y con su conciencia. Pero habremos de admitir que la Iglesia se encuentra mucho más cómoda ejerciendo su dominio que amparando libertades. Incapaces de entender que el Estado va por un camino y ella por otro, a los obispos se les ponen los pelos como escarpias, si les nombras el bicho: El estado laico. Y si como parece ineludible, la Constitución hubiera que reformarla, harían bien los encargados de tal industria en tener en cuenta esta consideración. Porque el estado laico no necesita de concordatos ni de otras estrafalarias ataduras, ni supone limitaciones en la libertad de creencias y cultos, muy al contrario, es escrupulosamente respetuoso con la conciencia individual. Créanme cuando les digo que con esta consideración no pretendo fomentar el espíritu anticlerical, tan nefasto como consustancial a este país, y sí sentar las bases de un estado democrático moderno.

Ya sé que muchos seguidores de la casulla y de la casilla tratarán de refutar estos argumentos poniéndose de perfil y tratando de minimizar el asunto: la Iglesia no son estos, la Iglesia debe ejercer su magisterio moral, la función social de la Iglesia es simpar -¡coño, como si entre los médicos, fontaneros, abogados o yeseros no hubiera gente comprometida y solidaria con los más débiles y necesitados!- y la larga letanía que suelen utilizar para estos oficios. Pero lo cierto es que se les ha visto el bonete. Aquí una conspiración de sotanas en la oscuridad ha tomado partido por los hijos de la alta burguesía catalana –y ellos lo saben mejor que nadie- para asestar una puñalada trapera a un estado democrático y de derecho, actuando como verdaderos antisistema. Si el padre Llanos o monseñor Tarancón levantaran la cabeza, volverían a morirse de espanto. Y que no digan que lo han hecho por miedo o, lo que sería peor, por solidaridad. Algún beneficio o prebenda esperarían obtener de la hipotética nueva república. Cuando menos, poder.

En fin, que mientras Guardia Civil, Policía Nacional, Machado, Boadella, Serrat, Coixet y tantos otros han sido humillados y vilipendiados por esta peña de golpistas mafiosos, no es justo ni necesario que esta otra peña de los de la sotana se escape de rositas. Una democracia no se construye así y mucho menos desde el púlpito. Bien podrían haber mostrado un gesto de solidaridad por quienes tanto han luchado por nuestras libertades.

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