Blas López Ávila: «Mis distinguidas putas»

 

Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque
es una manera de vivir con bastante facilidad.

MIGUEL DELIBES

Cada día, tozudamente, hay más gente –ya son legión- empeñada es mostrar pública o privadamente su necedad. Sin rubor ni pudor alguno. La banalidad y la ruindad intelectual han conformado un panorama social harto desalentador que tiene su más alta expresión en una clase política profesionalizada –funcionarizada, como he dicho en alguna otra ocasión- que dan tanto más miedo por su falta de ideas que por las propias de las de la formación política a la que representan. La mayoría de nuestros conciudadanos, ahítos de superficialidad, están absolutamente incapacitados para dilucidar si vivimos en una sociedad libre o en lo que yo llamo unas sociedad de la unanimidad. No saben distinguir lo que es el libre pensamiento del rebaño de ovejas, ni puñetera preocupación que sienten por ello si es que, acaso, son conscientes de tal realidad. Todo es pura máscara, todo pura hipocresía, todo un aquelarre de insensibilidad ética, humana o social ¡Descorazonador!

Es esto así hasta el punto de darse por bueno que cualquier ciudadano esté en condiciones de ocupar un cargo público, por bajo que sea en el escalafón. Es una mentira más, con el disfraz de democrática, que no responde en absoluto a la realidad y mucho menos a los estándares democráticos que serían deseables en un país culto y civilizado. Aquí cualquier fulano que se dedique a la política es capaz de encontrar una solución fácil a un problema complejo con el aplauso unánime del rebaño que, creyendo resuelta su preocupación, se lanza a proclamarla a los cuatro vientos haciendo sonar las trompetas de las redes sociales como si se tratara del mismísimo día del Juicio Final. La ciudadanía se ha acostumbrado tanto a que la tomen por gilipollas, que se ha acabado creyendo que realmente lo es. Esto, desgraciadamente, no da más de sí. La aristofobia es un tumor tan palpable que cualquier cantamañanas se cree no sólo capacitado sino en su derecho de tumbar cualquier teoría o pensamiento que se ha tardado años o siglos en enunciar o construir. No hay quien dé más. El resultado: el deleznable sectarismo que se ha instalado en políticos y medios de comunicación que encuentran en la masa gregaria una forma de vida, bastante confortable por cierto.

El tema de las migraciones nadie ha dicho que sea fácil de resolver, más por el contrario, resulta complejo y, por ende, requiere un esfuerzo intelectual e imaginativo que deberá ser compartido por los miembros de la U.E.

Todo lo anterior no es nuevo pero sí el permanente insulto a la inteligencia con la que esta cuchipanda trafica con la necedad. Así, las redes y ciertos medios critican sin piedad la decisión de resolver puntualmente el problema humanitario del Aquarius sin otra razón que la puramente sectaria. El tema de las migraciones nadie ha dicho que sea fácil de resolver, más por el contrario, resulta complejo y, por ende, requiere un esfuerzo intelectual e imaginativo que deberá ser compartido por los miembros de la U.E. pues, por mucho que se quiera mirar para otro lado, el problema lo tienen encima todos los Estados europeos y serán todos los que tendrán que aportar soluciones ante la magnitud del conflicto .En fin, una vez más, cualquier decisión puede ser – compartida o no- criticada o defendida siempre que en el debate se introduzcan elementos racionales que aporten luz en un sentido o en otro sin olvidar que el hambre y la muerte son más potentes que cualquier otra fuerza del universo.

Pero frente a un debate como el que acabo de describir –intenso, preocupante; sin duda- hay otros que resultarían chuscos si no fueran dramáticos y que son tratados con tanta banalidad que raya en lo nauseabundo. Resulta que en debate sobre la legalización de la prostitución en el municipio de Pinto una concejala del PP madrileño argumenta, para oponerse a la propuesta, que las putas cumplen poco menos que una función social: sus servicios son para discapacitados y feos ¡Toma ya! Y se queda tan pancha. Prescindiendo de su ideología, que poco hace al caso –o tal vez sí-, cabe preguntarse qué se cuece en el magín de esta señora, cuál es la competencia de su nivel intelectual y cuáles son sus inquietudes vitales. Me llama poderosamente la atención que esta ¿señora? permanezca en el cargo que ostenta a no ser, como decía al principio, que cualquier necio pueda ocupar un cargo público en aras a intereses poco claros del partido que la sustenta ¿Olvida esta señora el inmenso drama humano que en la gran mayoría de los casos hay detrás de cada prostituta? ¿Olvida el enriquecimiento amoral e ilícito de las mafias que hay detrás de los empresarios del sexo? ¿Olvida que, más allá del sexo, estas mujeres venden su propia dignidad? ¡Qué poco exigentes somos con nuestros políticos!

En fin, mis distinguidas putas, sirvan estas líneas para expresaros todos mis respetos y solidaridad y sabed que siempre habrá alguien con bastante menos dignidad que vosotras: una “honorable” concejala.

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