Libro póstumo de un amante de Granada

A continuación reproducimos las palabras de presentación que la periodista Mª Dolores Fernández-Fígares leyó en la tarde del viernes, 13 de septiembre, durante la presentación del libro  ‘Música Popular Granadina: del Pulso y Púa a la Banda Municipal’ (Ed. Fundación Caja Rural) escrito por José González Martínez y que se puede conseguir en las oficinas de Caja Rural. Los ingresos de su venta se destinará a la Fundación Baobab.

Nos reunimos hoy para presentar la obra póstuma de un amante de Granada, un hombre sabio y entusiasta, que amaba la música hasta el punto de dedicarle sus mejores momentos y sus laboriosas investigaciones. Tal afición le ha permitido la elaboración de una obra indispensable para saber hasta qué punto la música ha estado presente en la vida de los granadinos, aun en los momentos más complejos e incluso difíciles. Vivimos en una ciudad que ha mantenido desde siempre una relación intensa con el arte de la música, y se las ha sabido arreglar para confirmar que sin ella “la vida sería un error, un cansancio, un exilio”, que diría Nietzsche, quien, en sus últimos años, con su cerebro a oscuras y sin poder hablar ni escribir, tocaba el piano, incluidas sus propias composiciones. Lo cual quiere decir que sabía muy bien de qué hablaba al decir que la música es necesaria para vivir. Lo mejor de todo es que la Granada amante de la música no se conforma con acudir a conciertos, recitales y demás espectáculos, sino que la vive, la practica, la disfruta.

María Dolores Fernández-Fígares, Víctor López y Manuel Ruiz ::A. ARENAS

Esa gente que “hace” música, desde abajo, por pura afición, es protagonista en el libro que vamos a presentar, escrito por José González Martínez y se suma a otras dos obras anteriores sobre cómo se ha vivido la música en Granada en diferentes escenarios y circunstancias. En 2005 publicó ‘Ritornello. Miradas al pasado musical de Granada’, edición del Centro de Documentación Musical de Andalucía; en 2008, con el título ‘Café, copa y música. Cafés, hoteles y cine mudo con música en Granada’, publicada por Cajagranada y finalmente la que presentamos hoy, ‘Música Popular Granadina: del Pulso y Púa a la Banda Municipal’, que edita la Fundación Caja Rural, a quien agradecemos que haya tenido a bien colaborar para que este importante y documentado trabajo esté a disposición de los amigos de la música, los de Granada y por supuesto los de José González. Como dice el prologuista, el conjunto de estas tres obras resulta un todo coherente y añado por mi parte, que viene a situar a su autor en un lugar muy destacado entre los estudiosos de la memoria de Granada.

Este último trabajo de nuestro autor que estamos presentando, tiene a su vez dos partes: la primera de ellas se dedica a la música de bandurrias, laúdes y guitarras, que ha dejado en nuestra historia local muchos ejemplos como el del Trío Albéniz, que cerrará este acto, trayéndonos los sonidos tantas veces evocados por José González en sus páginas. La segunda parte del libro está dedicada a la banda municipal de la ciudad, que cumplió cien años de vida en 2016 y tiene un carácter conmemorativo del centenario.

En torno a un centenar de personas no quisieron perderse la presentación ::A. ARENAS

En sus páginas encontramos muchos testimonios de esa bella parte del alma granadina, que no se rinde ante la estulticia y las tonterías de los intereses políticos bajunos, y sigue adelante, haciendo música. Resulta paradójico que la cultura en general y la música en particular hayan sido y sean tan importantes para la vida de los que aquí habitamos y a la vez tratadas con tanto desdén por unas autoridades que, haciendo gala de su miopía, las consideran algo superfluo. Por ejemplo, se refiere nuestro autor a aquel edil llamado Guiral que en 1905 se opuso a que la banda del Fargue tocara los martes y los sábados para amenizar los paseos de aquel verano caluroso. El motivo de su negativa era el gasto que ocasionarían aquellos conciertos, y decía: “Hay muchas atenciones que atender y no creo que se deba emplear en música lo que pueda dedicarse a cosas útiles. Atendamos antes a lo necesario y después a lo superfluo, para que no puedan censurarnos”. Es inevitable comparar este episodio de hace más de cien años con los que todavía protagonizan nuestros munícipes, pues siguen convencidos de la inutilidad de la cultura, salvo para adornar algún que otro programa electoral que no piensan cumplir. A lo mejor no lo dicen tan claro como el tal Guiral, pero sus hechos no son muy diferentes.

Para vencer al olvido que condena por desidia a tantos esfuerzos y tantos nombres, este libro va desgranando escenas inolvidables, como cuando en 1999 visitó Granada una orquesta alemana de mandolinas y nos ofrece el programa que interpretaron sus 26 instrumentistas. O los recitales de mandolina que ofrecía Remedios Sánchez, (“la bella y celebrada concertista” decían los periódicos) a principios del siglo XX.

Pienso que es de justicia que reconozcamos el papel proactivo de los medios de comunicación granadinos de diferentes épocas, a los que acude nuestro autor en búsqueda de información. Gracias al seguimiento de los periódicos locales, podemos reconstruir la vida granadina de los tiempos pretéritos, donde los hábiles investigadores saben leer entre líneas. No solo nos aportan los relatos de los hechos ocurridos, sino que, con frecuencia, toman partido por los afanes de tantos músicos vocacionales, que han enriquecido la vida cultural granadina, como por ejemplo hizo “El Defensor de Granada”, en 1917, una vez constituida la banda de música municipal, reclamando que el consistorio pagara sueldos dignos a sus músicos pues, al no poder compatibilizar con otros trabajos padecían la escasez de sus cicateros emolumentos, “aunque los componentes están llenos de generosa abnegación y animados de verdadero espíritu artístico”, apostillaba el periodista. He aquí que también la historia se repite, pues tales reclamaciones se han visto ahora en los periódicos a propósito de la situación precaria de la Orquesta Ciudad de Granada, yo misma lo he hecho en varias columnas en IDEAL.

Tras su presentación el libro se puede adquirir en las oficinas de Caja Rural o solicitando al correo: fundacion.crg@cajarural.com

Hay otras escenas que contrastan con las costumbres de hoy en día y nos resultan deliciosamente evocadoras, aunque eran lo normal entonces. Sucede con la información de “un acto obrero” (así lo denominaba el periódico), celebrado con motivo del uno de Mayo del año 1914 en la sede de la Sociedad de Tipógrafos, en calle los Migueletes. En el acto había programados varios discursos a cargo de los políticos Ramón Maurell y el profesor Fernando de los Ríos y el escritor y poeta Alvarez Cienfuegos, todos ellos grandes oradores. Pues bien, a modo de intermedios, el trío Alhambra (de guitarra, laúd y bandurria) interpretaba pasodobles, serenatas y fragmentos de conocidas zarzuelas. Cabe pensar que programar unas piezas musicales entre discurso y discurso en un mitin sindical atraía al público asistente y hacía más ameno el acto.

Otro ejemplo especialmente entrañable y simpático es el de las serenatas o rondas que a lo largo del siglo XIX y a mediados del XX, grupos de tres o cuatro músicos ofrecían por encargo de los enamorados, y también a personajes ilustres a los que se quería agasajar. Muchos de los aquí presentes hemos vivido en el siglo XX esas serenatas, a cargo de grupos de las tunas de las diferentes facultades universitarias, como herederas de aquellas rondallas populares, que en ocasiones llegaban a convertirse en conjuntos de mayor calidad. Era tan popular este tipo de agrupaciones que por ejemplo un club ciclista podía tener una rondalla para sus celebraciones.

Nuestro autor debió vivir muchas serenatas y así lo manifiesta en el epílogo de su trabajo sobre la música de pulso y púa, rememorando algunas experiencias vividas en la Granada lúgubre de los años cincuenta: “Quien no haya vivido una serenata, mal podrá imaginarse el gozo, el encanto, de una noche rota en su silencio por un alegre pasacalles como el delicioso Carita linda, (Mi carita linda, yo quiero mojarme en el aguacero de amor que me dan tus besos…) cantado por la voz melodiosa de un aficionado lírico que nos acompañaba en ocasiones y entonado junto a una reja o bajo un balcón pleno de macetas con flores …” No voy a seguir con esta encantadora cita, porque prefiero que ustedes se sumerjan en los recuerdos de este “entretenimiento”, como lo llama el autor, cuando evoca cómo la gente se asomaba a las ventanas y aplaudía a aquellos músicos de ronda.

Familiares del autor y público durante la presentación del libro ::A. ARENAS

Él mismo considera que es imposible que esas escenas se repitan hoy día: “pues ni las muchachas aguardan ya en duermevela el canto, la música deliciosa, festejadora de los rondadores, ni estos podrían hacerse oír en una ciudad que, ajena a los dulces gozos del alma y a cualquier romanticismo, se sumerge en la noche de los ruidos y el hastío”, nos confiesa González.

Portada del libro ilustrada por Francisco Javier González Alcantud ::A.A.

Una parte muy importante de este trabajo está dedicada a la historia de los famosos tríos de pulso y púa que ha tenido Granada, con especial atención al trío Albéniz. La historia del trío comienza el año 1909 (hace ciento diez años, por lo tanto) con tres niños, alumnos del bandurrista Guillermo Prieto, que se llamaban José Recuerda Rubio, a la bandurria, Eduardo Mañas, al laúd y Luisito Sánchez a la guitarra. Aquellas celebradas actuaciones infantiles fueron el inicio de la larga historia del Trío que dura más de cien años y lo que le queda, como suele decirse. Es lógico que nuestro investigador haya reseñado con detalle y afecto las cuatro épocas de la formación, la cuarta de las cuales estamos disfrutándola desde 1978, cuando Jose Luis Recuerda, nieto de aquel niño bandurrista que hemos mencionado, reunió a Alejo Muñoz con su laúd y a Pepe Armillas con su guitarra, y se dispusieron a hacer renacer aquel esplendor de los días de éxitos en Ginebra, o Lausana, interpretando a Chopin, Schumann, Bach… cuando sorprendían a propios y extraños. Y debutaron con gran éxito un tres de marzo en el humilde salón de la Asociación Nueva Acrópolis, en la Cuesta de Gomérez y de allí a la gloria. Como resume nuestro querido José González, “Con su buen tañer, con la excelencia de sus intervenciones (…) los singulares artistas nos hicieron disfrutar de su excelencia y vivir en un ensueño mágico a cuantos tuvimos el privilegio de oírlos y admiramos la precisión y brillantez de las interpretaciones”.

Como regla general, los investigadores, que tratan de llevarnos hacia la vida de otros tiempos son muy eficaces para encontrar los datos precisos, en la variedad de fuentes consultadas, entre las que suelen encontrarse los periódicos. Pero lo que nos ofrecen con frecuencia son datos fríos, retratos desvaídos de escenas pretéritas. Pocos consiguen narrar lo que encuentran con la calidez de lo humano, de manera que podamos ver los rostros, imaginar los ambientes, adivinar los sentimientos de aquellos personajes, reconocer en suma a la Granada de hace uno, o dos siglos. González Martínez es uno de esos pocos, dotados de la capacidad para traernos al presente la vida del pasado, con toda su complejidad. Hay en nuestro autor una sensibilidad etnográfica, que seguramente contagió a Jose Antonio, su hijo, catedrático de Antropología, también dotado de esa sensibilidad para pensar y describir todo lo humano, más allá de las encorsetadas interpretaciones, o la frialdad de unos datos que pretenden ser “objetivos”.

José Antonio González Alcantud conversa con uno de los asistentes ::A. ARENAS

De forma paralela a sus esfuerzos por documentar de la manera más exacta posible los hechos, los nombres, las fechas, los programas, los motivos, González Martínez, con mucha elegancia y exquisitez pone en evidencia las torpezas, la desidia granadina, los desplantes por parte de los representantes públicos, la sensación de que Granada brilla a veces a pesar de sí misma. Cambian los tiempos, las costumbres, las maneras de divertirse, pero no cambian los olvidos, el desagradecimiento, el cainismo.

Me atrevo a decir que José González Martínez fue feliz en parte gracias a la música. Se nota en el esmero con el que va enhebrando sus datos precisos, como resultado de sus investigaciones y recuerdos de experiencias vividas, a medida que recupera escenas de conciertos, de recitales, de serenatas de tunos y otras formaciones en las que él mismo participó. Parece que escuchamos los sones alegres de las rondallas, o de los artistas que deleitaban las veladas culturales organizadas por entidades como la Sociedad Filarmónica Granadina, ya desaparecida, o Juventudes Musicales, a la cual dedicó sus desvelos durante muchos años.

Sigamos el ejemplo de nuestro autor, vivamos con la música, de todas las maneras posibles. Seremos mejores y más felices.Mª

Mª Dolores Fernández-Fígares
Audirorio de Caja Rural de Granada
14 de septiembre 2019

Familiares  e intervinientes en el acto de presentación del libro póstumo de José González, Musica popular granadina :: ANTONIO ARENAS

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