Virtu Montoro:« Material de tutoría: Cómo enseñar la gratitud»

Niños, jóvenes, adultos, todos nos quejamos por todo; fijamos nuestra atención en lo que nos falta, y creemos que nos falta mucho. Pero, ¿Qué ocurriría, si de pronto, nos enseñaran a agradecer todo lo que tenemos, si fuésemos conscientes de que no nos falta nada?

Según el doctor Robert Emmnos, practicar la gratitud incrementa nuestra felicidad, tanto que nos previene contra la depresión y el estrés. Las investigaciones psicológicas llevadas a cabo por el psicólogo Dan Gilbert, apuntan, que una de las claves más importante (la más importante sería las demás personas), para conseguir la felicidad, es entender y comprender que lo que tenemos en el momento actual es lo mejor que podíamos tener. Si practicásemos la gratitud, se reduciría nuestra insatisfacción general, nuestro bienestar y felicidad se incrementarían, así como nuestra autoestima. Viviríamos con plenitud y serenidad la vida, nuestras relaciones personales serían sanas y equilibradas y nuestra salud mental y física mejoraría.

Pero, ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos, alumnos y a nosotros mismos practicar la gratitud? El lugar por excelencia sería en el seno familiar y también en la institución educativa (en las tutorías o de forma transversal). Enseñar ese raro concepto “gratitud”, podría servir para paliar la violencia en las aulas. Pero, ¿cómo se puede enseñar la gratitud?

Un ejercicio interesante podría ser, pedirles a los alumnos/as que anoten tres cosas, situaciones, por las que están agradecidos y sobre todo, anotar las personas por las que ese día han sentido un profundo agradecimiento (quizá porque les han ayudado, porque son importantes para ellos). Una vez hecho el ejercicio, se leería en voz alta. Esta dinámica podría realizarse al principio de las tutorías, ya que conlleva muy poco tiempo.

Ante el malestar hacia una persona (puede ser un compañero de clase, un amigo, un profesor, etc.), podemos hacer este ejercicio; pensando en esa persona/s, le podemos pedir al alumnado que anote tres cosas positivas de ésta. Al principio es muy complicado, puede parecer imposible, pero al conseguirlo, nos liberarnos del odio, del rencor, de la ira que los demás nos pueden provocar (lo más acertado decir sería, la que nos provocamos a nosotros mismos, pero bueno, eso es otro tema).

En momentos de estrés y tensión, se puede utilizar durante unos segundos, “la sonrisa distractora”. Está demostrado que una sonrisa altera la química del cerebro, provocando sentimientos de felicidad. Así que cuando nos sentimos atacados, estresados, malhumorados, emular una sonrisa (podemos morder un lápiz para provocarla), inmediatamente nos hará sentir mejor.

Otro ejercicio, podía ser, proponer al alumnado el día de la gratitud, durante ese día, conectarán con las personas, mirándolas a los ojos, dándoles las gracias por lo que haya hecho por ellos. Anotarán que han sentido al interaccionar así con los demás.

Existen muchos ejercicios que se pueden realizar, la clave está en que la institución educativa considere importante incluir dentro de sus contenidos didácticos, la gratitud.

“La ruta a la felicidad es la gratitud” David Steindl-Rast

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Virtudes Montoro López

Psicóloga especializada en Mindfulness y
Terapia de Aceptación y Compromiso

 

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