Siempre se dijo que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pero se olvidó decir que siempre estamos expuestos a determinados sustos y arrebatos.
Las redes sociales que casi todo lo cuentan, acaban de publicar, por parte de la señora alcaldesa de mi pueblo un bando. Ni qué decir tiene, que gracias a la medicación que tomo para la hipertensión que padezco, no me ha dado un síncope o mareillo, pues no entiendo nada de nada.
Pero y todas las peticiones y deficiencias que hacemos desde tiempo inmemorial. Al final, fuimos los únicos que nos quedamos sin salida directa a la autovía del mediterráneo, el Centro de Salud, sigue siendo tercermundista y sin capacidad para atender la demanda turística que afortunadamente genera Salobreña. De Estación de Autobuses, ni hablar, pues seguimos con un apeadero de vergüenza.
Quisimos soñar con un puerto deportivo en La Caleta y se sacaron de la manga, que tenemos unas algas únicas en los fondos marinos de allí. Quisimos aprovechar el yacimiento de aguas termales y la misma negativa que siempre.
De ahí que me sienta extrañado y cabreado al mismo tiempo, pues nada ni nadie debe absolutamente nada a esta señora y a la Junta de Andalucía, que siempre nos tiene olvidados, salvo para promocionarse ellos mismos.
Entiendo que la alcaldesa de Salobreña, tenga sus obligaciones para con su partido, el PSOE; pero que nunca olvide que quien le votó fue el pueblo de Salobreña y este está muy cansado de tanto agravio y desprecio por parte de todas las administraciones.
Le pediría que al menos, cuando venga el futuro candidato del PSOE a la Junta que, ahora va a estar más de cinco minutos, le explique nuestras necesidades y la invite a subir al casco antiguo al Bar Pesetas y se tome unos calamares fritos tan ricos como hacía mi buen amigo Antonio y que su hijo sigue haciendo. Aunque creo que este señor está para pocos calamares fritos, pues solo pretende el autobombo y el salto a Madrid. Ojalá lo consiga y nos libremos de él.
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