Lupe Pérez: «Y se quedaron sin el mar, sin los textos, casi sin las palabras»

SUEÑOS
-¿Dónde está el niño?
-Soñando- respondió la madre.
– ¿Ya está durmiendo? Es muy pronto.
– No está en la cama.
– Entonces ¿dónde se ha metido?
– En el desván.
– ¿Ahí? Está lleno de cachivaches.
– Sí, y de sueños….

Salvador Robles

¿Qué pasó con todos esos niños y todas esas niñas que iban a las escuelas Freinet?

Sabemos algo de lo que les pasó a sus maestras y maestros, sabemos que  fueron  víctimas de los fusilamientos,  el exilio y la depuración.

Pero… ¿y aquellos cientos de ojos que cada día investigaban, reían, escribían textos y se desarrollaban como seres humanos?

Sabemos algo. Sabemos que hubo quienes subieron a barcos y trenes con la maleta vacía de afectos y cargada de miedo y dolor. Y fueron repartidos por Francia, por Rusia, por México y por otros países.

También sabemos que otros llegaron a escuelas donde encontraron amor, afecto y acogida… como quienes llegaron a la Escuela de Elise y Celestin Freinet, aquella escuela, francesa, modelo y referente de nuestros maestros y maestras republicanos.

Sabemos que la mayoría de estas criaturas que quedaron por los pueblos y ciudades de aquella España de guerra y postguerra, se quedaron encerrados entre las paredes de las escuelas franquistas, sin aire, sin habla, sin posibilidades de ser.

Se quedaron con las preguntas guardadas, con la conversación prohibida, con palabras tachadas para casi siempre y el ruido doloroso de los silencios.

Se quedaron con la boca seca, las estanterías censuradas, los crucifijos colgados y la mente llena de huesos secos y de hambre.

Se quedaron con frío, con sed, exiliados de la vida, y condenados a otra, que en nada se parecía a la que habían vivido en aquellos maravillosos años de escuela.

Y, como nos cuenta la película “El maestro que prometió el mar”, se quedaron sin el mar, sin ese  mar que cada día les llenaba de risa, de luz, de música, de ciencia, de palabras, de sueños. Y sin esas maestras y maestros que, como Celestin y Elise Freinet, aprendían a mirar y escuchar en los ojos y los corazones.

Hoy, algunas de las personas a las que la vida les regaló un pequeño (o grande, según se mire) paseo por esas escuelas Freinet, recuerdan y nos cuentan, todavía con brillo en sus miradas, algunas de las vivencias, experiencias y sensaciones que vivieron en un curso, dos o tres… de su vida escolar.

Nos dicen con el corazón rebosante y la voz emocionada que…

En aquellas escuelas Freinet había un respeto natural hacia todo y hacia todos, se hacían asambleas y, cuando se tomaba la palabra, se escuchaban. Que la vida pasaba conversando, se comunicaban y compartían, hablando, escribiendo.

En aquellas escuelas Freinet la imprenta estaba llena de vida con los textos libres de las niñas y niños y aprendiendo de los demás tuvieran la edad que tuvieran.

Fotogramas de la película ‘El maestro que prometió el mar‘, que actualmente se proyecta en el Cine Madrigal de Granada ::FILMAX

En aquellas escuelas Freinet los afectos, los cuidados, las emociones podían salir, expresarse, dolerse.

En aquellas escuelas Freinet el arte era otra forma de expresión, se pintaba, se recitaba, se bailaba, se componían vida y sueños. La cooperación era el camino y lo colectivo la meta.

En aquellas escuelas Freinet  las puertas estaban abiertas de par en par para que la vida de alrededor entrara y caminara entre la imprenta, el gramófono, los sonidos y los corazones que allí latían.

En aquellas  escuelas Freinet el entorno era también la  escuela las cosas se hacían pensando y se pensaba haciendo.

Y nos cuentan que muchas noches, durante más de cuarenta años, aquellas personitas siguieron subiendo al desván de su casa (o de su vida), para tocar (se atrevieron muchos años después a abrirla) aquella maleta que consiguieron rescatar de las hogueras y dolores que les rodearon, cuando aquellas maestras y  maestros desaparecieron, llevándose entre sus dedos abrazos, vivencias, mares y horizontes.

Afortunadamente hay todavía repartidos por toda el mundo, muchos maestros y maestras que con ganas e ilusión, siguen haciendo este tipo de escuela Freinetista.

En España forman el M. C. E. P. (Movimiento cooperativo de Escuela Popular)


 

Lupe Pérez es maestra Freinetiana jubilada,

Autora del libro “Entre la escuela y mi casa

(Latidos de vida en confinamiento)

Para saber más:

https://www.mcep.es/

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Un comentario en «Lupe Pérez: «Y se quedaron sin el mar, sin los textos, casi sin las palabras»»

  • el 1 diciembre, 2023 a las 1:19 pm
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    Maravilloso artículo para esa preciosa película que cuenta una de tantas historias llenas de palabras, miradas y corazón entre los maestros y sus alumnos. Me ha emocionado profundamente este artículo en estos días en los que echo tanto de menos ese compromiso humano y social.

    No puede estar mejor expresado un maestro ha de aprender a mirar en los ojos y en los corazones, solo así su labor tiene sentido.

    Gracias por este regalo en forma de palabras.

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