Julio Verne en 1892 (con 64 años)

Ciencia-ficción: un género profético (2/4): De Julio Verne a ‘Crónicas Marcianas’

Otra de las lecturas que tiene el género de la ciencia- ficción y de las más atractivas es la de los viajes espaciales.

Desde que Einstein estableció la Teoria de la Relatividad (1905) “el pasado, el presente y el futuro no son más que una ilusión” postuló el físico. Y de alguna manera también tuvo algo de profético cuando predijo fenómenos extraños pero reales, como el envejecimiento más lento de los astronautas respecto a las personas que vivimos en la Tierra y el cambio en la forma de los objetos a altas velocidades.

El cine y la televisión unas veces con la ciencia y otras adelantándose a ella han inventado “túneles del tiempo” que transportan a sus pasajeros a épocas del pasado o del futuro, es el caso de la serie televisiva estadounidense “El túnel del tiempo” (1966).

Pero mucho antes en 1895 el escritor británico H.G. Wells (1866-1946) había publicado “La máquina del tiempo”, una mezcla de aventuras y doctrina social y política. Se narran las peripecias de un científico de finales del siglo XIX que logra descubrir las claves de la denominada “cuarta dimensión” (el Tiempo) y construye un vehículo que le permite viajar físicamente a través del mismo.

Con esta obra Wells inauguraba la temática del viaje a través del tiempo aunque el autor no entra en las paradojas temporales, predomina más la finalidad moralizadora. Más adelante hablaremos de otra de las grandes obras de Wells “La guerra de los mundos”. De “La máquina del tiempo” también se han hecho adaptaciones cinematográficas y para televisión.

El hombre llegó a la Luna el 20 de julio de 1969 en la nave “Apolo 11” de la NASA tripulada por Buzz Aldrin, Michael Collins y el comandante Neil Armstrong que fue el primer hombre que pisó nuestro satélite, y la frase que pronunció al apoyar el pie izquierdo en la superficie lunar se convirtió en una de las citas más célebres de la historia : “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”.

Pero 104 años antes, en 1865 el visionario y prolífico escritor francés Julio Verne (1828-1905) de enorme influencia en el género literario de la ciencia- ficción, publicó su novela “De la tierra a la luna” en la que intenta describir con una cierta minuciosidad científica los problemas que habría que resolver para lograr enviar un objeto a la luna.

Todas sus novelas, ambientadas en la segunda mitad del siglo XIX, están bien documentadas teniendo en cuenta los avances tecnológicos de la época. Asimismo su obra se ha adaptado al cine y a la televisión y se ha llevado al cómic, al teatro y hasta a los videojuegos. Se le considera , junto a H.G. Wells, uno de “los padres” de la ciencia ficción. Fue condecorado con la Legión de Honor en 1892 por sus aportes a la educación y a la ciencia. Actualmente el hombre realiza viajes espaciales en misiones de más o menos duración, distintos países con EE.UU y Rusia a la cabeza rivalizan por el control del espacio, hay proyectos de viajar a Marte…, la llamada “carrera espacial” no se detiene.

HG WELLS y sus mundos

Y en esta carrera el género de la ciencia ficción sigue por delante, basta con recordar uno de sus clásicos “Crónicas marcianas” (1950) de Ray Bradbury autor al que ya nos referimos al hablar de su libro “Fahrenheit 451” y el tema de las sociedades totalitarias. “Crónicas marcianas”, es una recopilación de relatos en los que se narran los primeros viajes a Marte, su posterior colonización y el encuentro con los habitantes de ese planeta.

Se describe una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción, el autor se traslada al futuro para conocer el presente e indagar en la naturaleza humana y plantea una serie de interrogantes como ¿ cambiarán los hombres ese nuevo mundo descubierto o cambiarán ellos mismos? “Crónicas marcianas” no celebra la tecnología sino que muestra un mundo provinciano y familiar para el lector impregnado de nostalgia y de lirismo.

Jorge Luis Borges en su prólogo a la traducción de 1955 escribió : “(Bradbury) anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo , al que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”. Y dice más adelante: “en este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad”.

Y la aniquilación final de los marcianos no hace más que aumentar esa tristeza. Escritor de gran influencia no solo en la literatura sino también en el cine, el director Steven Spielberg reconoció siempre que Bradbury fue su musa durante la mayor parte de su carrera relacionada con la ciencia ficción.

Capítulo anterior de ‘Ciencia-ficción: un género profético’:

Coral del Castillo Vivancos

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