Rafael Bailón Ruiz: «Hallemos la solución ya»

Como cada fin de semana, despierto. Desayuno mientras leo la prensa, llamando mi atención titulares que aparecen en diferentes medios de comunicación.

En este sentido, versan sobre el acoso escolar a niños con discapacidad, recordando el episodio televisado estos días, en la ciudad cántabra de Santander.

Niños y niñas con discapacidad representan uno de los colectivos más vulnerables cuando hacemos referencia al acoso escolar o bullying.

Numerosos informes alertan de una violencia continuada en el entorno escolar, manifestada de diversas formas, ya sea física, psicológica, verbal o a través del ámbito cibernético.

Ojiplático, uno/a no puede dar crédito. Así, las cifras invitan a dar un paso al frente, tratar de introducir cambios considerables, dado que el panorama es desolador.

En uno de los medios, con letras grandes y resaltadas tipográficamente, se puede leer:

8 de cada diez alumnos con discapacidad ha sufrido acoso, 9 de cada 10 en la educación ordinaria”.

En 2021, José Manuel López Viñuela, padre de Kira López, pidió en el Congreso de los Diputados una ley contra el acoso escolar, una necesidad que cada día resulta más necesaria, al igual que la regulación y cumplimiento de los protocolos contra esta problemática que debe ser erradicada.

Sin duda alguna, considero de vital importancia un plan integral de prevención que atienda a las víctimas y reeduque, infracciones severas a quienes causen cualquier tipo de daño o a quienes sean responsables penales por la omisión de socorro o dejadez en sus funciones laborales (niños y jóvenes deben ser felices en los centros educativos).

Por otro lado, los medios de comunicación e instituciones deberían mostrar las consecuencias de esta dura realidad, con campañas de concienciación e información (en lugar de asistir estupefactos a nuevos programas “basura” con el morbo y la incultura como notas predominantes).

La realidad debe ser otra y cada uno de nosotros ha de aportar su granito de arena, sin espectadores pasivos y sí con alumnos capaces de denunciar el hostigamiento de cualquier compañero/a, con un sistema que ofrezca garantías y no muestre grietas o ineficacia, y, familias a la altura de las circunstancias (la educación moral recibida en casa por los progenitores ha de ser la base o los cimientos sobre los que construir).

El caso vivido esta semana es otro más, otro episodio aterrador e inhumano, un acto que no puede quedar impune, un problema que me genera rabia e incomprensión.

Planteemos cuestiones y busquemos respuestas:

¿Demasiadas pantallas? ¿Violencia excesiva en los medios?

¿Ideología extremista y adicción a las redes sociales?

¿Incapacidad de discernir realidad y ficción?

¿Mejoras o cambios en la Ley de Responsabilidad Penal del Menor?

A los responsables de los mass media, instituciones, centros educativos y familias que no están por la labor de seguir leyendo titulares con la maldad como rasgo dominante, a quienes no queremos más muertes de inocentes, por favor, sentémonos, reflexionemos al respecto, y, de una vez por todas cojamos el toro por los cuernos.

Espero que mis deseos no caigan en saco roto.

Rafael Bailón Ruiz

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