En un mundo donde los mensajes llegan en segundos, las pantallas nos absorben y la comunicación parece efímera, un grupo de niños decidió volver a lo esencial: escribir cartas a mano, con el corazón en cada palabra.
Todo comenzó en el aula de Audición y Lenguaje (A.L.) como una simple lección sobre la estructura de la carta. Pero lo que parecía solo una clase más pronto se convirtió en una aventura emocionante: un intercambio epistolar entre los alumnos de segundo ciclo de dos centros que comparten el mismo nombre.
Porque sí, el CEIP Federico García Lorca de Tocón y el CEIP Federico García Lorca de Olivares comparten mucho más que un nombre. Desde el primer momento, los niños no dejaron pasar la coincidencia y, entre risas y bromas, decidieron que eran «colegios hermanos». ¿Y qué hacen los hermanos? ¡Escribirse cartas, por supuesto!
Desde que surgió la idea, la ilusión se dibujó en sus rostros. La posibilidad de tener un amigo por correspondencia los entusiasmó. No era solo una tarea escolar; era la oportunidad de conectar con alguien más allá de su aula, de contar quiénes son, qué les gusta, qué sueñan.
Esta actividad no habría sido posible sin la implicación del equipo docente. La maestra de A.L. jugó un papel fundamental al ayudar a algunos alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) a elaborar sus cartas. Sin embargo, debido a sus pocas horas de intervención, planteó la actividad a nivel grupal para que todos pudieran participar. Y aquí es donde entraron en escena las tutoras de ambos ciclos, que desde el primer momento se mostraron abiertas y entusiasmadas con la propuesta. Gracias a su dedicación y apoyo, los alumnos no solo redactaron cartas preciosas, sino que todas llegaron con pequeñas sorpresas y regalitos dentro, como una muestra de cariño hacia sus nuevos amigos.

La maestra de A.L., al igual que ellos, se dejó llevar por la magia del momento. ¡¿Cómo no hacerlo?! Si los niños iban a vivir la experiencia de enviar y recibir cartas, debían hacerlo de la manera más auténtica posible. Así que me convertí en su cartera oficial. Me disfrazé con gorra y cartera al hombro, preparé un buzón con el logo de Correos y pinté cada detalle con los emblemáticos colores amarillo y azul. Quería que sintieran que cada carta era importante, que cada sobre llevaba dentro algo más que palabras: llevaba ilusión.
El momento de la entrega fue mágico. Ver sus manos extendidas, sus ojos brillantes y la impaciencia por descubrir quién estaba al otro lado fue un regalo. Al abrir los sobres, el aula se llenó de exclamaciones, risas y un murmullo emocionado. Pero lo mejor de todo es que la historia no termina aquí.

Los niños han quedado tan entusiasmados que ya piensan en la próxima carta. Quieren responder las preguntas de sus nuevos amigos y seguir conociéndose. Tanto ha sido el impacto de la actividad que ahora incluso se plantea un encuentro entre ambos centros para que, después de tantas palabras escritas, puedan verse cara a cara.
Esta actividad ha sido tan significativa que estamos valorando integrarla dentro del programa Escuela Espacio de Paz. Porque, más allá de aprender a escribir cartas, estos niños han aprendido a comunicarse desde el respeto, a escuchar a otros y a construir lazos que fomentan la convivencia y la empatía. Escribir es también una forma de acercarnos, de entendernos, de conectar con el otro, y en un mundo donde a veces la inmediatez nos aleja, volver a lo esencial puede ser el mejor camino para educar en valores.
No hay nada más enriquecedor que aprender poniendo en práctica los conocimientos, llevándolos más allá del papel y convirtiéndolos en experiencias reales. Si algo les ha quedado claro a estos alumnos, es la estructura de una carta, sí, pero también que escribir puede ser emocionante y que, entre líneas, se pueden construir amistades.
Hoy en día, la educación se basa en tareas competenciales, en actividades que trascienden lo puramente teórico para convertirse en aprendizajes aplicables a la vida real. Todo puede relacionarse, todo puede integrarse. Y cuando los niños sienten que lo que aprenden tiene un propósito, no solo retienen conocimientos: los viven.
Y así, con cartas en mano y corazones abiertos, estos pequeños escritores esperan ya su próxima respuesta.

Fani Gallego Jiménez
Maestra de Audición y Lenguaje
CEIP Federico García Lorca
Olivares
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