En un tamaño asequible y un estilo narrativo elegante, Juan Sisinio repasa lo que ha ocurrido sobre el suelo peninsular desde que aparecieron por aquí los neandertales
El pasado día 27 se presentó humildemente en Gójar, un libro que está dando mucho que hablar y que lo seguirá haciendo durante mucho tiempo, ‘Breve historia de España’ de Juan Sisinio Pérez Garzón. Realmente ya se presentó en Granada hace como un mes, lo mismo que en otros lugares de nuestra geografía, siendo acogido en todos los sitios con la admiración que siempre nos produce una obra bien hecha, inteligente y oportuna y el respeto que sabiamente se ha ganado el autor tras medio siglo de trabajo profesional.
Sisinio es de Gójar, estudió en Granada y en Valencia, fue profesor de aquella Universidad, luego investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y finalmente catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Castilla la Mancha, convertido ya en una de las figuras más reconocidas y queridas de la historiografía nacional. Sus trabajos sobre la historia del siglo XIX, en todos sus aspectos, la historia de las izquierdas y la historia del feminismo, siempre precedidos de un amplísimo proceso de investigación pero concebidos como un compromiso social del historiador en relación con el destino de su trabajo, que es, también, el de divulgar lo más ampliamente posible sus conclusiones, han hecho de nuestro paisano una figura imprescindible en la historiografía española del último medio siglo.

Nunca ha eludido el debate como forma de progreso del conocimiento, ni el dogma ha guiado sus propuestas. Con convicción y honestidad, le hemos oído repetir la frase de Montesquieu: «la verdad en un tiempo es error en otro». Es muy consciente de la provisionalidad de nuestro trabajo y de que del mismo puede hacerse una utilización no prevista y mucho menos, pretendida. Los documentos hablan, los tiempos leen y las respuestas cambian porque las preguntas varían al arbitrio de los intereses de cada época, de cada generación. Todo lo que puede hacer el historiador ante eso es trabajar con honestidad a la hora de seleccionar sus materiales, relacionarlos, interpretarlos y mostrar sus conclusiones, guiado por su conocimiento del pasado y su compromiso social con el presente. Hago esta reflexión porque creo que es el hilo conductor que ha marcado la forma de pensar y de trabajar de Pérez Garzón a lo largo de su vida profesional.
Nunca ha eludido el debate como forma de ampliación del conocimiento y de contraste y progreso de las ideas, ni le han espantado los retos profesionales o políticos cuando ha habido que afrontarlos. Ha dado buena prueba de ello a lo largo de su vida y lo vuelve a hacer una vez más con este libro aparentemente fácil de elaborar, sin dificultades en su planteamiento, ligero en su erudición, ágil en su presentación, discreto en su tamaño y ameno para el lector. Si esto fuera fácil, habría cientos de propuestas de este tipo, pero no, no las hay. Al menos, con la solvencia que les da la firma de un autor de reconocida autoridad profesional.

Recordemos a este efecto la ‘Historia de España’ de Pierre Vilar (1962, prohibida en España hasta 1978), prueba de que se podía escribir sobre España con respeto y admiración, sin caer en el triunfalismo franquista, sin complacencia y sin odio. Antonio Domínguez Ortiz publicó en el año 2000 su ‘España. Tres milenios de historia’ en la que, con un objetivo pedagógico, defendía un sentido unitario de la convivencia peninsular a lo largo del tiempo. Juan Pablo Fusi escribió en 2012 su ‘Historia mínima de España’ en la que, frente al destino, el autor defendía la accidentalidad y que las cosas podrían haber sido de otra forma, sin que una mano invisible conduzca nuestros pasos. Y no hay mucho más a ese nivel.
La publicación
Por eso hay que agradecer a Juan Sisinio (es nuestro nombre familiar) el haber escrito esta ‘Breve historia de España’ y a la editorial Catarata su publicación. En un tamaño asequible, un estilo narrativo elegante y sin la tortura que para el lector representa la justificación permanente de todos los asertos, el autor repasa lo que ha ocurrido sobre el suelo peninsular desde que aparecen por aquí los neandertales y los sapiens, los romanos, los visigodos y los árabe-musulmanes, la descomposición de estos últimos, la aparición y expansión de los reinos cristianos (recuperación de lo visigodo, herencia de lo romano, fundido con lo musulmán), la unificación por la monarquía católica, hispánica, la fortaleza de los privilegiados, la revolución liberal, el capitalismo, la tragedia de la guerra civil, la dictadura de los vencedores y el despliegue de la democracia con sus transformaciones sociales y económicas.

(Pulsar sobre la imagen para leer las primeras páginas)
Y una conclusión clara desde las primeras líneas es que de ningún modo ha existido o existe en España una identidad, una cultura, un modo de organizarse o unos valores inmutables a lo largo de los siglos. Al contrario –afirma el autor– las gentes han vivido en evolución constante, se han organizado de distintas maneras, con diferentes recursos y medios de vida, con diferentes relaciones de dominio y con persistentes pugnas y anhelos por mejorar su condición. De esta forma, el protagonismo personal de reyes viciosos o de héroes violentos, cede ante el de las mujeres y los hombres anónimos que han construido con su esfuerzo diario la historia de nuestro territorio. Y en ese ámbito, una dedicación importante no solamente a la relación de los seres humanos entre sí, sino a su relación con la naturaleza, es decir, a la economía, a la forma en que han conseguido sobrevivir en un medio hostil y en permanente disputa.
Y otra, que me parece especialmente justa y lograda, que es el interés por esa mitad de la humanidad ignorada históricamente que son las mujeres, a las que Sisinio trata de devolver un protagonismo muy justo de recuperar. Todo ello, manteniendo la perspectiva del cronista, nunca la del juez, que le haría caer en el peor pecado que puede cometer un historiador: el anacronismo.
Dice Pérez Garzón que las identidades proyectan hacia el pasado unos patrones tan resbaladizos como indemostrables y unos tópicos tan vaporosos como falaces. Asumo la reflexión y la completo con esta otra de Octavio Paz cuando afirmaba que la búsqueda de la identidad no es más que un pasatiempo de intelectuales ociosos y que tras ella se embosca casi siempre una conjura contra la libertad individual.

Manuel Mitos Martínez
Historiador y catedrático jubilado de la UGR
[NOTA: Este artículo de Manuel Titos Martínez se publicó en la edición impresa de IDEAL correspondiente al miércoles, 31 de diciembre de 2025, pág. 57]
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