Obra de Helios Gómez

Historia, memoria, dignidad, libertad, igualdad, justicia y revolución se escriben en femenino

Uno de los propósitos y objetivos que proyectamos y fomentamos en la materia de Geografía e Historia, ya antes de que se estableciera por ley (porque si no es por la fuerza “sugerente” de la imposición legal no se hace, aunque “contí coneso” acaba siendo, como siempre, por empeño y compromiso personal) es la de hacer visible la figura de la mujer como sujeto histórico activo que es, ha sido y continuará siendo, recuperándola de la oscura alacena del olvido a la cual ha sido condenada y defenestrada desde el principio de los tiempos, más allá del injusto papel secundario y pasivo que se le ha otorgado de madre, esposa y encargada de “sus labores” domésticas.

Un papel que no hace justicia al verdadero rol que la mujer ha tenido en todas las sociedades históricas y prehistóricas. Un rol mucho más activo, decidido, innovador, decisivo y protagonista en los procesos sociales, económicos, culturales y en definitiva históricos, que desde siempre nos han dado a conocer. La mujer, pues, ha quedado eclipsada por el omnipresente androcentrismo.

No por nada las principales rebeliones y revoluciones hechas “desde abajo”, las más reivindicativas y transformadoras socialmente, han sido lideradas y protagonizadas por las mujeres, tal y como se está empezando a evidenciar últimamente a poco que se escarbe un poco. Así, por ejemplo, investigaciones recientes están poniendo de manifiesto que en época prehistórica las mujeres eran grandes cazadoras, además de ser en muchos casos las autoras de las pinturas rupestres. Se confirma que el rol de la mujer no era el de “sus labores”, sino que va mucho más allá en el desarrollo socioeconómico de las comunidades prehistóricas.

Imagen de Doodle en conmemoración del 139 aniversario del descubrimiento de las pinturas de Altamira.

Pero sin irnos demasiado atrás en el tiempo, son claros ejemplos los casos de la Revolución Francesa, las demandas obreras en el proceso industrializador de los siglos XIX y XX, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871, las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia, o las más cercanas de la Semana Trágica de Barcelona de 1909 (y la olvidada de Málaga por “menos trágicas” o por cuestiones de intereses políticos), las huelgas por la carestía y la inflación de 1918 en todas las ciudades españolas, la huelga de La Canadiense en la Barcelona de 1919 (que consiguió establecer la jornada laboral de 8 horas por primera vez en España, siendo el segundo país europeo en hacerlo después de Irlanda) o en la lucha contra el fascismo y el totalitarismo durante la Guerra de España (1936-1939) y la II Guerra Mundial, entre otros. En todos estos hechos y procesos históricos el elemento femenino fue clave y necesario ante las insostenibles situaciones de injusticia social y económica contra las que se quejan y revelan.

Ilustración de la Marcha de octubre sobre Versalles (1789), protagonizada por las mujeres sans culottes [https://www.bbc.com/mundo/noticias-58804976]

Así de claro hablaban Amalia Alegre y Amparo Montoliu, portavoces de las reivindicaciones ante el aumento de precios de productos tan básicos como el carbón, el aceite, la carne o el pescado de 1918:

Tenemos hambre, no hay carbón, no podemos vestir ni calzar. Nuestros hijos pasan frío y no tienen la alimentación necesaria. ¿Puede esto seguir así? Hoy hemos sido unas cuantas mujeres del barrio de las Atarazanas, mañana será el barrio entero, luego, todas las mujeres de Barcelona, y si no basta y nuestras reclamaciones no son atendidas, propondremos el cierre de fábricas y acudiremos a pedir solidaridad, no solo a las mujeres de Barcelona, sino a todos los elementos que integran las Sociedades y cuya vida en las actuales circunstancias es imposible.

En este sentido, un claro ejemplo y reciente (aunque silenciado) lo encontramos en la lucha que están llevando a cabo las mujeres kurdas de la región de Rojava desde hace ya un tiempo ante el radicalismo islámico, las cuales han conseguido resistir los ataques del yihadismo radical y establecer sus propias instituciones de gobierno autónomas, a través de las cuales impulsan la igualdad y el empoderamiento femenino frente al machismo y tribalismo islámico ortodoxo.

Mujeres kurdas del YPJ (Unidades de Protección de la Mujer) tras la toma de Kobane [https://newrozeuskalkurduelkartea.wordpress.com/2015/02/01/asya-abdullah-las-mujeres-estan-reescribiendo-su-historia/]

Todos y cada uno de estos hechos y procesos históricos han dado lugar a una serie de cambios político-sociales de gran relevancia, no sólo para las mujeres, sino para el conjunto de la sociedad en general, detrás de los cuales, y abanderadas por una decidida y eficaz movilización y organización femenina, están las demandas por la emancipación, empoderamiento y visibilidad de la mujer, tanto en el ámbito social como en el económico, el político y el cultural ya desde el siglo XIX (tareas domésticas, aborto, derechos e igualdad laboral, prostitución, amor libre, familia, derecho a voto, etc.), hartas como estaban (y están) de su penelopiana paciencia y resignación.

Era tal la fuerza de estas demandas que conformaron uno de los pilares fundamentales de la ideología socialista, y especialmente la anarquista. Así se expresaba el anarquista Enric Rueda en el Comité Regional celebrado el 3 de julio de 1918 en aquella “rosa de fuego” que era la Barcelona del primer tercio del siglo XX:

Voy a tratar uno de los temas más interesantes, es el que se refiere a la organización de la mujer. Ha acordado el Congreso, para dignificarla y dignificarse […], dar a la mujer la intervención necesaria en sus Juntas Directivas y en sus Comisiones de propaganda y defensa. Esto es muy justo, compañeros, porque la mujer tiene que tener los mismos derechos del hombre. Ha demostrado plenamente su derecho a intervenir en las luchas sociales […]. Os decimos que sois iguales, que tenéis los mismos derechos, que tenéis las mismas necesidades.

Marina Ginestà, miliciana antifascista en la terraza del Hotel Colón de Barcelona en julio de 1936, y antes de que oficialmente apartaran a las mujeres del frente de guerra para relegarlas a un segundo plano meramente asistencial.

En este sentido, la historia de España está plagada de ejemplos pioneros de figuras femeninas de primer orden en el ámbito de las reivindicaciones feministas, desde las poetas andalusíes Wallada (hija del califa cordobés Muhammad II) o Hafsa bint al-Hayy al-Rumaikiyya (noble granadina del siglo XII) entre otras, que reivindicaban con sus poemas erótico-satíricos la libertad y el empoderamiento sexual de la mujer en un al-Andalus, debatiéndose entre el hedonismo andalusí y la estricta ortodoxia islámica imperante durante los gobiernos alorávide y almohade.

En este caso concreto doblemente defenestradas por esta nuestra historiografía patria: por mujeres y por musulmanas. Además, y aprovechando que el Cubillas pasa por Iznalloz, reivindicaremos lo que decía Gloria Fuertes con su gran lucidez en el juego de palabras respecto a que la poesía es femenina, ¡la mujer es poeta! El hombre… que sea poeto. Y es que, como decía el historiador Pierre Vilar, la terminología no es inocente.

Casos más conocidos (aunque bastante olvidados) los tenemos en el periodo de los siglos XIX y XX, con figuras tan ilustres como Mariana Pineda (la “Marianita” de Federico García Lorca), Concepción Arenal, las colosales Emilia Pardo Bazán y Carmen de Burgos, Teresa Claramunt, Francesca Bonnemaison, Carlota O’Neill, Carme Karr o Rosalía de Castro.

O granadinas ilustres y desconocidas como Agustina González López (la “zapatera de las estrellas”) o Carmen Rodríguez Parra “Madre Carmela”; hasta llegar a la científica recientemente fallecida Margarita Salas, pasando por Federica Montseny (la mujer que hablaba y que dejaba callados a los hombres y que fue la primera mujer ministra de un gobierno democrático en España, en 1937), o María Blanchard (la gran dama del Cubismo, que quedó totalmente eclipsada por la sombra de Picasso y Juan Gris).

O las llamadas “Sinsombrero”, grupo de mujeres artistas, pintoras y escritoras de primer orden eclipsadas por la igualmente extraordinaria Generación del 27 de los García Lorca, Buñuel, Dalí o Altolaguirre los cuales, también es de justicia decirlo, eran los principales admiradores y reivindicadores de la obra de artistas “sinsombrero” como Maruja Mallo, María Zambrano, Ernestina Champourcin, Concha Méndez, Margarita Manso o Ángeles Santos Torroella.

“Tertulia” (1929) de Ángeles Santos Torroella (Museo Reina Sofía)

Y no menos relevante fue el papel de las mujeres en la lucha contra el fascismo y la posterior resistencia activa y pasiva ante la represión franquista. Primero de la mano de las múltiples uniones, ligas y asociaciones de mujeres antifascistas que se constituyeron en todas y cada una de las ciudades y pueblos, y posteriormente tomando las armas y no dudando en enfrentarse a los militares y sectores reaccionarios en julio de 1936.

El protagonismo y el papel activo de las mujeres en el fracaso del golpe de Estado y el posterior enfrentamiento en primera línea de vanguardia fue remarcable, fruto de un proceso de concienciación, compromiso, emancipación y empoderamiento femenino y feminista frente al machismo estructural que, como aluminosis, estaba instalado (y sigue instalado) en todas las estructuras de Estado y de la sociedad española, el cual empezaba a verse amenazado por el auge de estrategias y organizaciones femeninas proletarias y feministas surgidas en el periodo de la II República.

Tal fue esa movilización y decisión en la lucha y defensa por las libertades, la emancipación y empoderamiento de la mujer, que empezó a actuar como “un sujeto político autónomo” en el conflicto bélico, y ese machismo estructural se vio amenazado y sobrepasado. Gran parte de los hombres y de las autoridades militares y gubernamentales vieron a las mujeres combatientes como rivales, objetos de deseo y acoso, como “bellezas perturbadoras”.

Fragmento del artículo “Las mujeres, contra el fascismo”, publicado en ¡Adelante! Órgano de los trabajadores. Almería, 23 de agosto de 1936

Es por ello que finalmente en otoño de 1936 se obligó a la mujer a pasar a la retaguardia, realizando labores de asistencia más “propias” de su género. En este aspecto republicanos y franquistas no difirieron demasiado con respecto al papel de la mujer en el conflicto, el cual era “un asunto de hombres”. Esclarecedora es la proclama de la revista comunista Mundo Obrero cuando el 8 de noviembre de 1936 proclama ¡A la retaguardia, todas las mujeres al trabajo, ese es vuestro puesto. A seguirlo y ¡SALUD! Ya ves, ser de izquierdas no exime de ser machista, como nos demuestran demasiados ejemplos aún a día de hoy. Mucho machito malvado…

Claros ejemplos de estas resistencias femeninas y feministas fueron la Comisión Femenina del PCE, la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), la Unió de Dones de Catalunya (UDC), el Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (SFPOUM) o Mujeres Libres. Todas ellas surgidas de la Organización de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, la embrionaria organización de mujeres antifascistas, creada en 1933 bajo el auspicio del PCE e impulsada por Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, y que llegó a vincularse a la Tercera Internacional Comunista de 1934.

En este sentido, la comarca donde el alumnado del IES Montes Orientales desarrolla su proyecto de memoria histórica y democrática no quedó al margen de estos movimientos, como demuestra la constatación de este tipo de organizaciones en Colomera e Iznalloz, por ejemplo.

Tabla elaborada por el alumnado del proyecto de Memoria Democrática de los Montes Orientales sobre las 13 mujeres de la Liga de Mujeres Antifascistas de Colomera (Pulsar sobre la imagen para agrandar)

Tal fue el proceso empoderamiento que fue la mujer la víctima persistente de la represión franquista, tanto de manera activa (torturas, ejecuciones, rapados) como de manera “pasiva” (deshumanización, exclusión social y laboral y la llamada “muerte civil”). Tan sólo estos aspectos dan para varias páginas. Con todo,y a pesar de serla principales víctimas y sufridoras, porque fueron ellas las que se quedaron y tuvieron que cuidar de hijos y mayores, mendigar caridad, comida y trabajo y sufrir violencia sexual y sexuada. Por mujer y por “roja”.

Mujeres rapadas y vejadas por los fascistas en el frente de Colomera. Publicada en el diario malagueño El Popular(29 de octubre de 1936).

Eso sí, de nuevo doblemente ocultadas y silenciadas por el patriarcado y por las élites políticas, pues de todos es sabido que la Democracia nos la trajeron los hombres, y más concretamente el monarca y los políticos en fraternal abrazo de Vergara para instaurar una democracia concertada, por y para “los de arriba” para contentar “a los de abajo”. De nuevo aquello de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Fueron las mujeres las que sustentaron las huelgas obreras del tardofranquismo, las que se encerraron en parroquias con sus hijos durante días en protesta por los despidos de sus maridos en las fábricas. Fueron ellas las que hacían de enlace para que se pudieran llevar a cabo las reuniones clandestinas de oposición al moribundo régimen ,a riesgo de ser tachadas de prostitutas, claro. Fueron ellas las de la solidaridad y la sororidad con los compañeros y compañeras en paro y excluidos. Fueron ellas las que cortaron con sus cuerpos avenidas y calles y las que secuestraron autobuses para exigir a las autoridades saneamiento, educación, alumbrado y transporte público en los barrios del extrarradio de las grandes ciudades en los años 70 (y hasta 80).

A este objetivo, entre otros muchos, responde nuestro proyecto de memoria que planteamos en la materia de Historia, y que consiste en la elaboración de pequeños trabajos de investigación realizados de forma voluntaria por las alumnas y los alumnos, a través de los cuales poder conocer y dar la visibilidad que se merecen las mujeres, que han sido protagonistas silentes y silenciadas de manera sistemática, ya que hasta hace escasamente media hora, como quien dice, la Historia no sólo la han escrito los vencedores, sino que además, evidentemente estos eran hombres.

De esta manera se llega a uno de los principales pilares de la ciencia histórica que tan bien expuso en su día el historiador Josep Fontana: el de conocer nuestro pasado para comprender mejor nuestro presente y luchar por un futuro mejor… y mejorable. Eso sí, siempre lo será de la mano de las mujeres, ya que el futuro será de las mujeres o no será. Porque si no percibimos que las mujeres son y forman parte importante de las estructuras estatales y sociales, lo que tenemos que hacer es redefinir es el poder y la sociedad, no la mujer, como acertadamente dijo Mary Beard, Premio Princesa de Asturias en 2016.

José María García-Consuegra Flores

Profesor de Geografía e Historia del IES Montes Orientales

(Iznalloz, Granada)

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