La Estrella de Belén fue, según la tradición cristiana, el astro que guió a los Reyes Magos al lugar de Nacimiento de Jesucristo. El Evangelio de Mateo refiere que unos magos vieron aparecer por el este la Estrella de Belén, su aparición la interpretaron como un anuncio de que había nacido el Rey de los Judíos, y viajaron siguiéndola hasta que se posó sobre el lugar preciso donde Jesús acababa de nacer.
Para los cristianos fue una señal milagrosa. Los astrónomos han hecho varios intentos de relacionar la estrella con acontecimientos celestes inusuales, como una conjunción de Júpiter y Saturno, o Júpiter y Venus; el paso de un cometa o una supernova. Algunos estudiosos modernos no consideran que el relato bíblico describa un hecho histórico sino más bien una ficción piadosa añadida posteriormente al relato evangélico. Los antiguos creían que los fenómenos astronómicos estaban relacionados con acontecimientos terrestres. Los milagros se asociaban generalmente con el nacimiento de personajes importantes, como los patriarcas hebreos, así como héroes griegos y romanos.
La Estrella de Belén también se ha relacionado tradicionalmente con la “Profecía de la Estrella” del Libro de los Números en el Antiguo Testamento.
“Lo veo, pero no ahora;
lo veo, pero no cerca;
una estrella saldrá de Jacob;
un Cetro se levantará de Israel,
y abatirá la frente de Moab
y destruirá a todos los hijos del Tumulto”
Números 24,17
Este pasaje se generalizó como una referencia a la venida de un Mesías.
Volviendo a las teorías científicas actualmente gracias a la tecnología y a que los cuerpos celestes responden inequívocamente a las Leyes de Newton, los astrónomos pueden calcular la posición de las estrellas para hacerse una idea de su ubicación pasada en el firmamento, y de esta manera han formulado algunas hipótesis sobre la estrella que llevó a los Reyes Magos de Oriente a Belén.
Pero son solo hipótesis porque incluso la fecha exacta del Nacimiento de Jesús sigue siendo desconocida. Los estudios más actuales sitúan su llegada al mundo en algún momento entre el año 8 a.C y el 1 a.C. Lo que ofrece algunas pistas a los astrónomos sobre la Estrella de Belén, se trataría de algún fenómeno astronómico acontecido durante estos siete años y perceptible en Oriente Medio.
Podría haber sido un cometa, el más cercano a la fecha del nacimiento de Jesús fue el cometa Halley pero este visitó la Tierra en el año 12 a.C. Podría haber sido una supernova, o sea una explosión de gran magnitud que acompaña a la muerte de algunas estrellas y que libera una cantidad inmensa de luz y energía, expulsando sus capas exteriores al espacio, creando nebulosas y enriqueciendo el cosmos con elementos pesados esenciales para formar nuevas estrellas, planetas y vida. El estudio de las supernovas ayuda a comprender la formación de elementos y la evolución del universo, revelando el origen de los materiales que componen todo lo que rodea al hombre incluido él mismo. Pero los registros refutan esta hipótesis, la supernova más cercana de la que se tiene información ocurrió unos 185 años después del nacimiento de Jesús.
También podía haber sido la conjunción entre Júpiter, Saturno y la Luna, hipótesis de Johannes Kepler en el s. XVI. Incluso se ha pensado que la Estrella de Belén podía haber sido Sirio que supera el brillo del sol hasta 20 veces y domina el cielo junto a la luna a finales de diciembre. Además durante siglos, Sirio sirvió a los navegantes para orientarse en el hemisferio norte durante la noche. Y así se podrían ir citando teorías e hipótesis de todo tipo, algunas de ellas incluso han inspirado relatos de ciencia ficción pero tan posibles como la misma hipótesis ya que hasta la fecha ninguna ha sido concluyente al cien por cien.
Arthur C. Clarke (1917- 2008), escritor y científico británico del que ya escribí en la serie de ciencia -ficción que publiqué en este medio, concretamente el capítulo dedicado a Clarke se editó el 7 de abril de 2025, escribió un pequeño pero inquietante relato titulado “La Estrella” publicado en noviembre de 1955 en la revista Infinity Science Fiction y ganador del premio Hugo al mejor relato corto de 1956. Relato incluido en la colección de cuentos de dicho autor “The Other Side of de Sky”.
En este breve relato Clarke parte de la teoría de la supernova como origen de la estrella de Belén pero dándole un enfoque y un final propio de un gran maestro de la ciencia ficción que también era científico. El argumento es muy sencillo: una expedición científica que lleva a un jesuita como astrofísico jefe tiene como misión visitar los restos de una supernova, “ reconstruir los acontecimientos que la habían producido y, si era posible, averiguar las causas de la misma”.
La estructura narrativa es más compleja y lleva al desconcertado lector hasta un final insospechado y turbador. El narrador en primera persona es el jesuita astrofísico que empieza contando como su fe se tambalea “ En otro tiempo creí que el espacio no tendría poder sobre la fe, tal como creí que los cielos proclamaban la gloria de la obra divina. Ahora que he visto parte de esta obra, mi fe se siente gravemente turbada”.
Los incontables datos y millares de fotografías que llevan de vuelta a la Tierra son evidentes sobre alguna verdad de la que el lector todavía no tiene conocimiento. El jesuita sigue reflexionando sobre cómo a la tripulación le divertía tenerlo como astrofísico jefe; sus discusiones con el doctor Chandler, ateo, sobre un Algo existente que tuviera interés en un mundo miserable; al mismo tiempo recuerda también que los jesuitas desde el s. XVIII han hecho contribuciones a la astronomía y a la geofísica.
Y es en este momento de su narración cuando cita el informe sobre la Nebulosa del Fénix que ha elaborado y que parece ser que es lo que le ha inquietado sobremanera. Nos informa de que “ la nebulosa del Fénix es una cosa pequeña: una tenue capa de gases rodeando una única estrella” y que quizás contenga una profecía “que no podrá ser verificada hasta que pasen varios miles de años”. De nuevo le surgen dudas de fe e interpela al fundador de su Orden, Ignacio de Loyola cuyo grabado con su imagen tiene en la pared sobre los gráficos de los espectrómetros, ciencia y religión unidas. A partir de aquí el narrador se centra solo en contar el desarrollo de su misión, investigar el estallido de una estrella que la ha convertido en una supernova, explosión que había ocurrido seis mil años antes, y que sin embargo las esferas concéntricas de gas que habían sido impulsadas por la explosión aún seguían expandiéndose.
Las capas exteriores de la estrella habían sido lanzadas hacia fuera y ahora solo quedaba una enorme esfera hueca que podía contener millares de sistemas solares y en su centro una pequeña estrella blanca más pequeña que la Tierra. La nave de la expedición viajaba hacia esa estrella enana y en un momento de la navegación “hallamos un pequeño mundo solitario circundando la estrella a una inmensa distancia”, “ aterrizamos y encontramos la Bóveda” , era un trabajo de seres inteligentes, “ aquel monumento solitario, erigido tan trabajosamente a la mayor distancia posible del sol condenado, solo podía tener un significado. Una civilización que sabía que estaba a punto de morir había jugado su última baza para ganar la inmortalidad”.
Sigue contando el astrofísico jefe “ Llevaron a aquel lejano mundo, en los días antes del fin, todo aquello que deseaban conservar, todos los frutos de su genio, esperando que alguna otra raza los hallase y no fuesen absolutamente olvidados”. Describe sucintamente lo que esa civilización de hacía seis mil años había dejado grabado, una civilización superior a la nuestra con un mundo “ encantador y bello”. De nuevo le vuelven las dudas al narrador “ Aquella tragedia era algo fuera de lo común”, “¿Cómo puede reconciliarse esto con la misericordia divina?”, no era gente malvada , el jesuita reflexiona sobre la justicia divina , sobre las acciones de Dios que no necesita justificarse y nos dice que esta idea casi podría aceptarla, pero que el dato que ha hecho tambalear lo más profundo de su fe ha sido cómo después de haber podido fechar la explosión con las evidencias astronómicas y las grabaciones de esa extinta civilización, sabe en qué año la luz de aquella colosal detonación llegó a la Tierra y sabe cuando la supernova iluminó en otro tiempo los cielos de la Tierra y sabe “ cómo debió de haber aparecido, muy baja sobre el horizonte del este, antes del amanecer, como un faro en aquella alba oriental”. Y termina el narrador con estas terribles palabras “No cabe duda alguna: al fin ha quedado resuelto el antiguo misterio. Y , sin embargo, ¡oh, Dios!, había tantas estrellas que podías haber usado. ¿Qué necesidad había de lanzar a ese pueblo al fuego, para que el símbolo de su fin brillase sobre BELÉN?”.
Clarke ha construido un relato con el que interpela al lector a través de las dudas y reflexiones de su narrador jesuita, nos impele a hacernos preguntas que no van a tener respuesta lo mismo que no la tuvieron para el narrador ni seguramente tampoco para Clarke, sin embargo lanza nuestra mente, como si de la explosión de una estrella se tratara, a buscar explicaciones que no se encontrarán porque en este viaje de la vida lo único certero es el viaje no el origen ni el destino por mucho que lo investiguemos.
¿Será la estrella de Belén el símbolo de la profecía que encierra la Nebulosa del Fénix y que acabará con nuestros mil años de historia?. O ¿Será una esperanza de salvación?, ¿Será Dios el que decida?, O ¿simplemente se limitará a observar el continuo movimiento, génesis, destrucción y creación de los astros y del universo?. ¿Será todo una concatenación de causas y efectos?, ¿ No habrá una causa primera?. Así podríamos seguir formulando preguntas sin encontrar respuestas, tampoco son necesarias, ¿Seríamos mejores si las supiéramos?.
Volvamos a Belén y veamos su luz como una esperanza en el caos y como un aliento de vida, no es necesario más.
Fuente consultada para algunos datos científicos: Héctor Rodriguez, National Geographic España. 5-01- 2023
5 de enero de 2026






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