Grande es la verdad, pero aún mayor,
desde un punto de vista práctico,
es el silencio sobre la verdad. Aldous Huxley
Y después de la fiesta y de la magia toca poner los pies en el suelo. Pero en el fondo no es eso lo que queremos y las élites lo saben. La verdad siempre duele o al menos es incómoda y lo que realmente deseamos es seguir consumiendo, prolongando la euforia aunque sea un espejismo. Un espejismo de bienestar basado en las baratijas, en la ilusión de que todo está a nuestro alcance, de que todo va bien . Lo cierto es que mientras estamos distraídos tratando de encontrar ese chollo que por un instante nos sube la dopamina o la oxitocina la realidad que se fragua es bien distinta. La vivienda sigue subiendo y cada vez es un derecho mas lejos del alcance de todos. El centro de las ciudades va perdiendo su carácter de vecindario y lugar para convivir. Los pequeños comercios de barrio van desapareciendo en favor de las grandes superficies instaladas en las afueras. La ciudad es cada vez más inhabitable. Los grandes centros de ocio y de consumo atraen cada vez más a las multitudes. Los restaurantes son franquicias, las tiendas de moda son las mismas en todas las ciudades. Poco a poco la ciudad va perdiendo su identidad y con ella también sus habitantes son privados de su identidad cultural y personal.
En el centro histórico solo viven los turistas y las clases más acomodadas. Las clases no pudientes se ven obligadas a vivir en el extrarradio y a hacer largos desplazamientos para ir a trabajar. En el día a día vivimos en casas cada vez mas pequeñas. Sin embargo, durante unos días al año nos permitimos ser turistas y vivir en un ressort o en el centro de una ciudad con todas las comodidades. Estamos dejando que nos fastidien la vida durante todo el año a cambio de unos días de ilusión y falsa sensación de libertad y lujo. Todo única y exclusivamente en beneficio de unos pocos. Todo en aras de la economía, siempre de la economía. Cada año, nos volvemos locos con las rebajas, comprando baratijas que al año siguiente desechamos por motivos tan peregrinos como la moda. Y entre tanto, la contaminación sigue en aumento y los recursos disminuyen. Distraídos con nuestras fruslerías y saciados con fast food somos cada vez mas incapaces de abrir los ojos a la realidad del mundo que habitamos día a día.

Entre tanto, la guerra por los recursos del planeta se ha vuelto ya más agresiva y descarada que nunca. El Derecho Internacional, los Derechos Humanos, la Sanidad, la Educación y las Universidades Públicas, se van desmontando. La sociedad europea del bienestar comienza a diluirse sin poner resistencia y la democracia se debilita. El gasto en armamento crece, las pensiones se cuestionan y el numero de pobres crece. Pero las rebajas y las ofertas siguen ahí formando un velo que nos distrae y no nos permite ver la verdad, creando una sensación de falsa libertad. Somos marionetas inconscientes manejadas con hilos digitales.
Y todo esto me trae a la memoria la novela, publicada en 1932, de Aldous Huxley “Un mundo feliz”. Esta obra, es una distopía sobre una sociedad futurista donde la cultura y las relaciones familiares han sido eliminadas y toda la vida humana transcurre en torno al consumo, el placer y la droga. Pone los pelos de punta recordar algunas de sus frases y comprobar lo acertado que estuvo Huxley en como puede ser el mundo al que nos dirigimos. Un mundo donde los valores han perdido toda humanidad y donde el concepto de libertad ha sido despojado de toda su nobleza.
Libertad para ser ineficiente y miserable. Libertad para ser una clavija redonda en un agujero cuadrado. Aldous Huxley

Un Estado totalitario realmente eficiente sería aquel en el que el todopoderoso ejecutivo de los jefes políticos y su ejército de administradores controlen una población de esclavos que no tienen que ser coaccionados porque aman su servidumbre. Aldous Huxley
Me pregunto como sería el mundo si la lucha por la Paz y los Derechos Humanos tuvieran la misma capacidad de convocatoria que las rebajas de enero. Esta tarde, 7 de enero, una gran caravana de coches y de gente se dirigía a los centros comerciales como si no hubiera un mañana.
Y aunque no nos salen las cuentas, las rebajas, ya se encargan de que la cuesta de enero no nos ponga los pies en el suelo. Cada uno se consuela como puede y yo, a veces, lo hago escribiendo versos. Y fueron, precisamente, unos versos de la extraordinaria poeta Ángeles Mora, los que inspiraron este humilde poema.
Estuve haciendo cuentas
pues no se hacer milagros
Ángeles Mora
A Ángeles Mora no le salen las cuentas.
Y a mí tampoco. ¡Menuda faena!
Entre la pandemia, la crisis energética,
la guerra, la inflación, la hipoteca,
la cuesta de enero, el IRPF y Hacienda,
la vida se ha vuelto una continua resta,
con demasiadas divisiones y quebrados,
siempre en dirección ascendente.
¡Así no podemos levantar cabeza!
¡Qué caro sale ser independiente!
¡Con lo que me gusta sumar y no hay manera!
¡Y para mi pesar, no se montar en bicicleta!
Voy pedaleando entre cuartetas y sonetos.
¡Al menos, somos ricas en canciones y versos!
Y en el banco siempre me contestan:
¡Si quieres que te salgan las cuentas no te metas a poeta!
Ana Barea Arco




![Una disección de relaciones familiares e intergeneracionales a partir de un hecho inesperado [Reseña de ‘El cobertizo’ de Pablo Gutiérrez]](https://en-clase.ideal.es/wp-content/uploads/2026/01/Pablo-Gutierrez.jpg)
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