El pasado verano la embajada americana en Madrid se hacía eco de un ingeniero español que ha llamado la atención de la NASA. Para orgullo de los granadinos, este ingeniero es Álvaro Romero Calvo, nacido en el barrio Fígares y actualmente profesor e investigador en el Georgia Institute of Technology (Atlanta, EE.UU.), donde ha desarrollado un sistema revolucionario para generar oxígeno en el espacio usando solo imanes. Por este motivo, aclara la embajada, la NASA no solo se ha fijado en él sino que además financia su proyecto dentro del prestigioso programa NIAC, junto con la ESA (la Agencia Espacial Europea) y el DLR alemán, el Centro Aeroespacial Alemán. También señala que su método, publicado en Nature Chemistry, mejora hasta en un 240 % la eficiencia de los sistemas actuales de la Estación Espacial Internacional, eliminando partes móviles y reduciendo masa y mantenimiento. Sistema que podría ser fundamental para que las primeras misiones tripuladas puedan llegar a Marte.

IDEAL ha aprovechado su paso por Granada, donde ha regresado para celebrar el año nuevo y reyes junto a su familia, y entrevistarle en el Parque de las Ciencias, concretamente en la exposición ‘Tocar el cielo. Explorar el espacio’ donde fue recibido por el Jefe de Servicio de Astronomía, Manuel Roca, junto al que fuera su profesor en el Instituto Generalife, José Manuel Martínez Alcalde quien nos aclara que Álvaro «destacó muy pronto por su gran interés por conocer, por saber, por formarse». Así mismo que aunque persona de ciencia, mostró siempre también unas grandes dotes para las humanidades y para todo lo que tuviera que ver con una formación humanística, como demuestra su afición por el piano.

Del barrio Fígares al Georgia Tech de Estados Unidos
Por su parte, Álvaro se considera una persona muy afortunada por haber estudiado con José Manuel, del cual recuerda sus maravillosas clases de debate y de expresión oral. Nos explica que nació en el 94, siendo su madre oriunda de la Zubia y su padre de Prado Negro, en la Sierra de Huétor y que su hermana mayor, Isabel, es ilustradora científica. Tras estudiar Primaria en el colegio Genil y finalizar el bachillerato en el IES Generalife, se matriculó en la Universidad de Sevilla, donde estudió Ingeniería Espacial lo que le brindó la oportunidad de hacer un Erasmus y Máster en el Politécnico de Milán. «Una cosa llevó a otra, empecé a colaborar con la Agencia Espacial Europea y con el Instituto de Desarrollo Tecnológico de Bremen, para irme luego a Estados Unidos con una beca de la Caixa donde estudié mi doctorado», añade.

Renglón seguido nos cuenta que en la actualidad es profesor de Ingeniería Espacial en el Instituto de Tecnología de Georgia donde trabaja con 10 -15 estudiantes de máster y doctorado. «Nosotros hacemos investigación espacial, en concreto desarrollo de tecnologías espaciales que van a la órbita terrestre o incluso a la Luna y en el futuro a Marte. Trabajamos con tecnologías que operan en un entorno de gravedad reducida, es decir, en el que no existe flotabilidad o no existen los tipos de fenómenos con los que estamos más acostumbrados en nuestro día a día, como por ejemplo el hecho de abrir una lata de gaseosa y ver la burbuja subiendo a la superficie. Parece mentira, pero este tipo de fenómenos cotidianos que luego no vemos en el espacio influencian y mucho cómo hacemos tecnología espacial y cómo hacemos todo tipo de ciencia e investigación en órbita».

Cuando llegó a Estados Unidos, Álvaro ya había empezado a hacer investigación con la Agencia Espacial Europea como parte de su estudio de Máster en el Politécnico de Milán. Por aquel entonces indica que le interesaba estudiar cómo pueden las fuerzas magnéticas alterar el comportamiento del fluido en el espacio. Así que cuando comenzó su doctorado en la Universidad de Colorado, en Boulder, decidió investigar potenciales aplicaciones de lo que ya había hecho en Europa siendo una de ellas la electrolisis en el espacio.
«Me di cuenta de que el sector espacial tenía grandes problemas para mantener la vida en el espacio», indica antes de comentar que hay que controlar cuestiones básicas como la producción de oxígeno en el espacio. «Si queremos enviar una misión con cuatro o cinco astronautas a Marte, y necesitamos que estos astronautas estén vivos durante toda esta trayectoria de 6 ó 7 meses, necesitamos un sistema que sea increíblemente fiable, algo que no requiera misiones desde la Tierra para reparar cualquier objeto que esté roto en la estación espacial y ahí es donde entra nuestro trabajo con imanes y con extracción del oxígeno», explica antes de añadir nuevos ejemplos y detallados ejemplos. En cualquier caso, Álvaro tiene muy claro que «queda muchísimo más por hacer que lo que hemos hecho lo cual requiere un gran esfuerzo público y privado», pero que «al final el desarrollo de tecnología espacial nos permite mejorar nuestra vida aquí en la Tierra».
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