Ana Barea con sus alumnos de infantil

Ana Barea: «Conocimientos previos al aprendizaje de la lectoescritura»

Aprender a leer es como encender una llama;
cada sílaba deletreada es una chispa
. Víctor Hugo.

Entramos en el segundo trimestre del Curso Escolar. Un trimestre decisivo en lo que al avance del aprendizaje se refiere y que cobra especial relevancia en el aprendizaje de la lectoescritura en Ed. Infantil de cinco años y en Primero de Primaria. Un aprendizaje, el de la lectoescritura, en el que generalmente los docentes se ven presionados por familias y por la administración. Una presión que los lleva a abordar dicho aprendizaje sin tener en cuenta determinados aspectos madurativos que deben estar bien afianzados previamente al aprendizaje lectoescritor. Aspectos que son esenciales para un aprendizaje significativo. No por aprender antes el aprendizaje será mejor.

A la hora de abordar cualquier aprendizaje en Ed. Infantil y en el Primer Ciclo de Primaria partimos de la premisa de la enseñanza globalizada. Y además hemos de tener en cuenta que la inteligencia no es una capacidad general y fija que poseemos desde nuestro nacimiento. Según los últimos avances las inteligencias son múltiples y podemos desarrollarlas a lo largo de la vida.

Howard Gardner estableció ocho inteligencias múltiples, pero hay otros autores, cómo Eduardo Martí, que establecen siete: musical, corporal, espacial y gráfica, física, numérica, lingüística y socio emocional.

Todas estas inteligencias se desarrollan interrelacionándose. La música nos acerca al lenguaje y a las emociones. Los números y los conceptos básicos matemáticos nos ayudan a orientar nuestros movimientos. El cuerpo y las emociones están relacionados estrechamente entre ellos y con la música. Todas las inteligencias se construyen en relación con otras personas. Es importante tener esto en cuenta para abordar con éxito los primeros acercamientos a la lectura.

¿A qué edad debe empezar el aprendizaje de la lectoescritura?

Nuestra legislación dice que la introducción a la lectoescritura se comienza en el Segundo Ciclo de Educación Infantil y el aprendizaje propiamente dicho se lleva a cabo en Educación Primaria a los 6 años.

En el desarrollo de lenguaje el período crítico empieza hacia el año de vida y es máximo hasta los 5-6 años. Aun así, las capacidades lingüísticas se desarrollan toda la vida, siendo imprescindible haber adquirido previamente las bases de nuestro idioma.

Hay varios factores determinantes, que no podemos obviar, a la hora de abordar con éxito el aprendizaje lector, uno es la madurez del alumnado y el desarrollo de sus habilidades previas psicomotoras, una interiorización óptima del esquema corporal, una comprensión clara de conceptos básicos espaciales, junto a una motricidad fina con un desarrollo adecuado, una madurez del lenguaje oral que le permita comprender y expresarse sin dificultad, y una motivación afectiva positiva en relación a la lectura, tanto en el ámbito familiar como en el centro escolar. En definitiva, el desarrollo de todas las inteligencias, de una u otra forma, está implicado en el proceso lector.

Es un aprendizaje significativo ya que tiene que ver con los conocimientos previos del niño, con fomentar su curiosidad por nuevos aprendizajes y crear conexiones entre lo previo y lo nuevo, entre el yo y el mundo. Se construye sobre el aprendizaje de variadas experiencias y conectando el lenguaje con el desarrollo de conceptos.

Por tanto, hemos de tener en cuenta que el proceso madurativo y el entorno de cada alumno es diferente y no tratar de forzar el aprendizaje si no se tienen los requisitos previos adquiridos ya que esto puede ocasionar un sufrimiento que acaba bloqueando el proceso de aprendizaje y generando, respecto a la lectura, una situación de estrés en el alumno e incluso en la familia. Muchas veces las familias no se dan cuenta que ese proceso es algo que está en construcción el la mente del niño y se muestran excesivamente impacientes con su ritmo lector.

En el aula de psicomotricidad

A veces, el profesorado de Ed. Infantil se siente presionado, por las familias e incluso por los compañeros de Ed. Primaria, para que aborden, lo antes posible, el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, con el alumnado. Esto los lleva a iniciar dicho procedimiento prematuramente y a dejar de lado el desarrollo y afianzamiento de procesos madurativos básicos para que dicho aprendizaje se realice con más facilidad y poder obtener mejores resultados sin desencadenar frustración o rechazo por parte del alumnado.

Según mi experiencia, tras haber trabajado tanto en Ed. Infantil como en el Primer Ciclo de Ed. Primaria, el desarrollo de conceptos básicos, la música y la psicomotricidad gruesa están íntimamente unidos y contribuyen a la maduración del lenguaje y del alumnado. Sin embargo, hay muchos centros donde apenas se lleva a cabo una psicomotricidad regular programada y ni siquiera se dispone de espacio para su realización. La inteligencia musical es fundamental en este proceso y tiene un papel esencial a la hora de procesar e interiorizar distintas unidades de expresión y ritmos del leguaje. A esto hay que añadir el aspecto lúdico y motivador de la música como un valioso recurso de aprendizaje. Hay que tener presente que el alumnado de Educación Infantil aprende en movimiento y de forma experimental.

La etapa que comprende el Segundo Ciclo de la Educación Infantil, de tres a seis años, presenta unas características evolutivas concretas en relación a las inteligencias

múltiples en los siguientes aspectos: desarrollo intelectual, desarrollo del lenguaje, desarrollo-físico motor y de la inteligencia emocional. Para que los niños y niñas aprendan a leer deben darse una serie de requisitos en relación a estos aspectos.

Cuando el niño juega va nombrando objetos, acciones y emociones; está aprendiendo. Durante el juego va explorando el mundo que le rodea. A través de los juegos de rol imita su entorno y las personas que lo conforman, especialmente adultos. Por medio de la imitación trata de comprender el medio circundante. A través de la observación del juego podemos saber muchas cosas de nuestros niños, lo que les interesa o preocupa. Necesitan tener pautas claras y firmes. Debemos dar a sus preguntas respuestas claras y explicaciones sencillas.

Hay un aspecto evolutivo, en esta etapa, especialmente interesante a la hora de abordar la motivación en el aprendizaje, el niño en esta etapa es un ser egocéntrico. Por este motivo su aprendizaje debe estar enfocado en su propia realidad y en sus intereses, lo que motivará su interés por el aprendizaje.

En cuanto al desarrollo del lenguaje es necesario que el niño posea conciencia fonológica. Esta habilidad es una tarea sumamente compleja para los niños y va desde la discriminación auditiva de secuencias fonéticas (juegos de motricidad buco-facial) a partir de tres años, hasta la automatización en palabras de fonemas y silabas más complejas (rimas, trabalenguas, representaciones gráficas).

Ana Barea con su cartilla (Foto restaurada y coloreada con IA)

Que el niño articule bien los sonidos depende de que se le ofrezcan unos modelos correctos de pronunciación, en sus distintos ámbitos. En este sentido el ámbito familiar puede ser enriquecedor o, todo lo contrario. La escuela tratará de poner medios para salvar estas diferencias y también las dificultades de lenguaje que requieran un asesoramiento y asistencia de carácter logopédico. En el control de la articulación interviene decisivamente el oído. Si oye bien, tendrá más posibilidades de pronunciar bien, por eso, debemos pronunciar con corrección. No atosigaremos al niño porque nos parezca que va lento en algún aspecto de la pronunciación; cada niño tiene su propio ritmo. Si le cuesta utilizar de forma correcta alguna parte de la oración o la construye mal, le ofrecemos el modelo correcto tomando aquello que él ha dicho y repitiéndoselo correctamente.

La capacidad de entender y producir el lenguaje oral condiciona el futuro personal, social y escolar de todos nuestros alumnos.”

Marc Monfort y Adoración Juárez Sánchez: “El niño que habla”

Un desarrollo adecuado de su lenguaje oral, tanto en comprensión como en expresión, es imprescindible para abordar con éxito el aprendizaje lector.

Para estimular el desarrollo de la expresión y la comprensión oral podemos valernos de múltiples recursos de los cuales cabe destacar las canciones, la psicomotricidad y los cuentos de rueda. El uso de estos recursos, en el aula, debe estar estructurado y obedecer a un objetivo claro y llevarse a cabo con un programa bien definido. A veces nos limitamos a poner canciones a los niños y a que las memoricen, pero este recurso ofrece muchas más posibilidades. Podemos usar las canciones para estimular la escucha activa y la comprensión oral. Escucha activa y comprensión oral van muy unidas a la hora de desarrollar esta última. El ritmo musical y la repetición de las canciones también estimulan la participación activa del alumno.

Igualmente, las sesiones de psicomotricidad deben estar bien estructuradas para potenciar, además del desarrollo motor, el desarrollo de la comprensión oral.

La asamblea en Ed. Infantil también puede convertirse en un aprendizaje del lenguaje oral estructurado, de carácter progresivo en el que debe participar e intervenir todo el alumnado. En la asamblea se generan momentos adecuados para la escucha activa, la educación para la democracia, el cultivo de la sensibilidad, el autoconocimiento, la autoestima y la empatía.

El primer acercamiento del niño a los libros y a la comunicación impresa es a través de los dibujos, de los libros ilustrados. Hoy en día el mundo del álbum ilustrado ofrece verdaderas obras de arte que tienen la capacidad de captar al niño y hasta de dejarle embelesado. Contar historias con un álbum ilustrado debe ser algo lúdico, motivador, que estimule la memoria, la participación activa, la observación y la imaginación. Todo esto lo conseguimos con preguntas, propuestas, conexiones, etc.

El gusto por los libros, el placer unido a ellos nos ayudará a que el futuro contacto con el lenguaje escrito sea algo anhelado por nuestros niños y niñas. En este aspecto cobra una gran relevancia el papel de la familia. El hábito de leer a los hijos e hijas y el de leer con ellos veinte minutos al día puede marcar una gran diferencia en cuanto a la motivación y buena predisposición de nuestros niños y niñas en relación a la lectura.

Los adultos, en relación al proceso de aprendizaje de la lectoescritura, tanto en el centro escolar como en el entorno familiar, hemos de tener una actitud cariñosa, paciente y de confianza en las capacidades del niño o la niña y estimular su autoestima reconociendo sus logros y ofreciendo situaciones de disfrute del proceso del aprendizaje de la lectoescritura. Toda buena construcción requiere previamente de unos buenos cimientos.

Ana Barea Arco

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