La editorial granadina publica una guía pionera que rechaza tanto la tecnofobia como la adopción acrítica. En adelante, la tecnología podrá asistir en procesos instrumentales, pero nunca sustituir el pensamiento crítico ni la autoría intelectual.
En un momento de transformación histórica para la industria del conocimiento, la editorial Comares da un paso al frente para ordenar la convivencia entre la tradición académica y la disrupción tecnológica. La entidad, referente en el ámbito de las Ciencias sociales y Humanidades en España, acaba de presentar el primer Código de Buenas Prácticas destinado a regular el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en sus publicaciones. Con este movimiento, Comares no solo se posiciona como institución pionera en el sector, sino que establece un marco de referencia para proteger el rigor científico, la transparencia y la propiedad intelectual frente a la incertidumbre generada por los modelos generativos masivos.
La iniciativa surge de una lectura lúcida del presente: la inteligencia artificial ya no es una hipótesis futurista, sino una realidad operativa en los campus y centros de investigación. Lejos de adoptar una postura defensiva o nostálgica, la editorial asume el reto de integrar estas herramientas sin sacrificar la esencia del oficio editor. La nueva guía establece una distinción fundamental entre la asistencia técnica —validada para tareas como la traducción preliminar o el análisis de grandes volúmenes de datos— y la concepción intelectual de la obra, que debe permanecer inalterablemente humana. La premisa es clara: la tecnología es un instrumento potente, pero carece de la capacidad de discernimiento ético y crítico que define a la ciencia.
Consulta aquí la «Guía Comares sobre uso de inteligencia artificial en las publicaciones académicas»
Uno de los puntos más innovadores que introduce este código es la revalorización del papel del autor y del editor como garantes del rigor y de la calidad de las publicaciones. En un ecosistema digital saturado de información no verificada, los modelos de IA se entrenan a menudo con lo que Ana del Arco, directora de la editorial y especialista en propiedad intelectual, denomina «corpus enfermos»: borradores sin revisar o datos inexactos extraídos de la web abierta. Ante esto, la editorial actúa como filtro de salud pública intelectual, sanando los textos y asegurando que lo que llega al lector —y lo que en el futuro alimentará a otros algoritmos— sea información veraz y definitiva.
La guía subraya también que la eficacia de la herramienta depende enteramente de la competencia del usuario. Contrario a la creencia de que la IA facilita el trabajo a quienes carecen de base teórica, la postura de Comares es que la tecnología avanzada exige una formación humanística previa más sólida que nunca. Ana del Arco lo expresa así: «Para utilizar bien la IA se necesita, paradójicamente, una mentalidad enciclopédica clásica. Tu cabeza debe funcionar con el orden de un libro. Si la mente no está organizada como un sumario, con sus jerarquías y estructuras lógicas, el investigador no sabrá moverse dentro de la publicación ni hacer las preguntas correctas a la máquina. Sin esa base de lectura profunda, la inteligencia artificial pierde su eficacia».

El protocolo de actuación implementado exige, ante todo, transparencia. Los autores deberán declarar explícitamente si han utilizado herramientas de IA, detallando qué software se empleó y en qué fase del proceso. Esto permite a los lectores y a la comunidad académica conocer la trazabilidad del texto, asegurando que el «resultado crítico» y las conclusiones son fruto del intelecto del firmante. Con esta medida, Comares busca combatir la crisis de confianza en las fuentes, reivindicando el sello editorial como un certificado de calidad y origen humano.
Con la publicación de este código, Comares —editorial que ha transitado a lo largo de varias décadas hasta la vanguardia digital— no solo protege su catálogo y reivindica el reconocimiento de la autoría de la obras, sino que ofrece a la comunidad académica pautas diseñadas para orientar a los autores en la integración ética, transparente y responsable de la IA en las publicaciones.. La iniciativa demuestra que es posible abrazar el futuro sin renunciar a los principios que dan sentido a la comunicación científica: el rigor, la verdad y el pensamiento crítico. La IA ha llegado para quedarse, pero serán las humanidades las que escriban sus instrucciones de uso.





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