Íllora, 13 de febrero de 2026
Queridos lectores y lectoras:
Espero que esta carta les amenice una tarde de lluvia o tal vez les haga recordar, por unos instantes, que escribir una carta a un ser querido puede ser una buena idea.
Se acerca el 14 de febrero, día de los enamorados, un día con más carácter comercial que otra cosa. Y a mi cabeza vienen las cartas de amor, un verdadero regalo para los enamorados, en otros tiempos. Y los recuerdos se agolpan y me llevan a mi niñez, a las primeras cartas que anhelé. Corría el año 1964 cuando mi padre emigró a Alemania y la única forma que teníamos de comunicarnos, con él, eran las cartas. Recuerdo la ilusión que nos hacía recibir aquellas cartas. Todas empezaban lo mismo, con aquel encabezamiento que estaba a medio camino entre la formalidad y el ritual. Decía así:
Querida esposa e hijos:
Me alegraré que a la llegada de esta estéis bien. Yo estoy bien gracias a Dios.
A continuación, venia el cuerpo de la carta y por último la despedida.
Cuando escribíamos a mi padre seguíamos la misma fórmula solo que nosotros poníamos:
Querido esposo y padre:
Pero lo que, realmente, más me gustaba de niña era poner al final de la carta un montón de x o x o. Cada x era un beso y cada o un abrazo.
Ya de adolescente y de joven las cartas cobraron un nuevo protagonismo como medio de comunicación, sobre todo, en las relaciones de amistad. Eran cartas revestidas de gran intimismo y sinceridad que nos permitían comunicarnos con amistades lejanas y con amores en ciernes. Recibir una carta era un verdadero gozo. Y escribir una carta era un acto de intimidad, afecto y reflexión. Escribir una carta era una forma de autoconocimiento y de expresión que nos permitía estrechar vínculos, compartir confidencias y sentimientos y expresar deseos. Era un acto que se hacía en soledad y con un recogimiento casi sacro. A veces, se reescribía la carta varias veces hasta encontrar las palabras adecuadas, poniendo empeño en hacer tu mejor caligrafía. Se guardaban las cartas recibidas como un tesoro, sobre todo las cartas de amor. Recibir una carta era toda una experiencia para los sentidos, el tacto, el olor, la forma del sello y la lectura del remite, antes de abrirla, se producía todo un cúmulo de sensaciones y emociones. Y si hay una parte de la carta que me encantaba era la postdata, una carta con posdata era como si te estuvieran diciendo aun quiero seguir contándote muchas más cosas, me cuesta despedirme…
Ya, apenas se escriben cartas personales. Sin embargo, considero que son un hermoso medio de comunicación que aún nos puede seguir acercando y fortaleciendo vínculos afectivos.
Y que decir de las postales y las felicitaciones en ocasiones especiales como Navidad. Los buzones se convertían en una auténtica caja de sorpresas.
¡Y del pánico que daban las cartas certificadas! Eso era otro asunto, como poco una multa o una notificación poco grata de algún organismo oficial o papeleo indeseable. Y de estas todavía recibimos alguna que otra. ¡Esto sí que es una faena, las únicas cartas que no deseamos son las que aún sobreviven!
Preservar la costumbre de escribir cartas y trabajar la actividad epistolar en la escuela suele hacerle mucha ilusión a los niños y niñas y fortalece la convivencia del grupo, entre otras muchas virtudes. Desarrollar el proceso epistolar completo entre el alumnado de un grupo de clase o entre grupos del mismo centro o de diferentes centros es muy motivador. Cuando digo completo me refiero a llevar a cabo todos los pasos desde hacer una carta con su estructura correcta, conociendo el nombre de cada uno de sus componentes hasta llevar la carta a un buzón con su correspondiente sello. Según mi experiencia, echar la carta al buzón y recibirla en casa suele ser lo que más expectación crea el los niños y niñas. Considero que saber escribir una carta correctamente es un conocimiento necesario y enriquecedor, tanto si hablamos de cartas personales como si se trata de cartas formales. Es curioso la cantidad de vocabulario que hay relacionado con la carta: vocativo, lugar, fecha, membrete, encabezamiento, cuerpo, despedida, firma, postdata, remite, remitente, destinatario, dirección, carta, sobre, sello, matasellos buzón, cartero, estafeta, etc. Escribir cartas es una actividad que puede formar parte de cualquier área, aunque se presta como más idónea a las áreas de lenguaje y de lengua extranjera.
Hoy casi toda la correspondencia es ya digital y no se escribe a mano. Escribir a mano una carta la convierte en un acto personal que la dota de un sello de autenticidad personal único e irrepetible. Escribir a mano es un acto mucho mas reflexivo y completo a nivel mental. Hoy, como siempre, escribir una carta a mano puede ser hoy un verdadero acto de amor y convertirse, en el futuro, en un regalo inestimable para la memoria.
Nadie es más solitario que aquel que nunca ha recibido una carta. Elías Canetti
Feliz fin de semana y que sus buzones y el mío cobren nueva vida. Como siempre, gracias por dar vida a este artículo, con sus ojos y su tiempo.
Cordialmente:
Ana Barea Arco
P.D.: Estoy pensando que, tal vez, escribir un poema sobre las cartas podría ser buena idea…






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