Hay momentos que surgen sin esperarlos.
Cuando estamos inmersos en el centro con el proyecto que se te está llevando a cabo, son muchas ideas las que surgen y muchas propuestas las que se registran en cada reunión, en las que intentamos dar el salto metodológico para aprender haciendo. Algunas las llevamos a cabo nosotras mismas sin complicaciones, y otras, son más ambiciosas.
Iván Mateo es un Chef del municipio de Motril en el que despliega toda su magia y creatividad en su restaurante Espacio IME, recomendado por la prestigiosa guía Repsol. El chef cambió durante una mañana los fogones por una cocina improvisada en nuestro centro, la escuela infantil Río Ebro, donde colaboró en todo momento en cada detalle.
Días antes investigamos en las aulas y, surgieron preguntas sobre todo lo que íbamos descubriendo, preguntas que le realizaron cuando lo conocieron.
Además de hablar con ellos y explicarles la importancia de la higiene, destacó la riqueza de nuestra tierra y de sus productos, sobre todo nuestra huerta y nuestro mar. Nos habló de texturas, colores y olores, convirtiendo esta experiencia, en un viaje para los sentidos.

Sin darnos cuenta nos sumergimos en una experiencia de aprendizaje significativo:
- La pedagogía del cuidado: Iván no comenzó cocinando, empezó educando en el hábito, en la importancia de la higiene al manipular los alimentos, enseñando el valor de los preparativos y el respeto hacia los productos con los que vamos a trabajar.
- Aprendizaje por descubrimiento: Cuando Iván les habló de la riqueza de nuestra tierra, resaltando nuestra identidad cultural. La huerta y el mar, sus productos estrella. Inventándoles en todo momento a probar siempre las frutas y verduras, incluso mencionando, que cuando era pequeño no le gustaba el pescado, y ahora es su plato favorito. Trajo al centro frutas y verduras diferentes, la gran mayoría típicas de la zona en la que nos encontramos: chirimoya, maracuyá, guayabas, caña de azúcar… algunos de esos ingredientes los usó para el postre que tuvimos la suerte de degustar.
- El viaje sensorial: La neuroeducación nos dice que solo se aprende aquello que emociona. Así que acercó a los más pequeños cada producto para que pudiesen verlo de cerca, olerlo y tocarlo… para más tarde poder saborearlo.
Pero esto no quedó aquí. La magia del aprendizaje continuaba, esta vez dando respuesta a su pensamiento crítico, donde el grupo se convierte en un gran equipo de investigación.
-“¿Tu restaurante es ecológico? ¿Qué significa IME? ¿Cómo piensas el plato que vas a cocinar?” “¿Tienes reloj en tu cocina?”-
Aquí pasamos de ver y oler a comprender y razonar, la naturalidad y humildad del chef poniéndose en todo momento a la altura de los peques para escucharles, fomentó un ambiente respetuoso que permite fortalecer vínculos y generar una comunicación efectiva.
La rueda de preguntas no fue un descanso en el taller, continuó siendo una conexión entre teoría y realidad.
Pero Iván no quiso despedirse sin darnos a probar una receta llena de toda la magia que nos había compartido, una receta que sabía a cultura, a tierra, a huerta, a riqueza: Flan de chirimoya con salsa de maracuyá y falsa pepita de chirimoya.

Llenó la mesa de vasitos de colores y pudimos ver en directo cómo montaba el postre. Fruta natural, apta para todo el alumnado, pudieron disfrutarla todos, y muchos volvían a la fila para poder repetir ese rico manjar.
No hay agradecimientos por su tiempo, dedicación y cariño. Esperamos que regrese pronto a nuestras aulas y nos siga enriqueciendo y contagiando su entusiasmo y sabiduría por su gran pasión, la cocina.
Aprendimos que cuando un gran chef y un claustro de profesores van de la mano, el centro deja de ser un espacio vacío para convertirse en un banquete de vida, texturas y esperanza.






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