El memorial

Juan Franco Crespo: «Pinceladas asiáticas: Taipei – Memorial de Chiang Kai-shek»

Tras la pérdida sucesiva de cuatro capitales continentales, el 7 de diciembre de 1949, Chiang Kai-shek iniciaba la retirada del ejército y su gobierno nacionalista hacia la isla de Taiwán, instauraba la capitalidad en Taipei que, en un principio, fungió como “capital de guerra” y lo que se creía provisional acabó convirtiéndose en algo duradero que ha desafiado al tiempo y a las alianzas. Muchos de los tesoros nacionales, para evitar la caída de los mismos en manos del régimen comunista [instaurado por Mao], fueron evacuados a la denominada en la época isla rebelde o China Libre a la que llegarían más de dos millones de personas que intentaban salvar su vida y sus negocios.

Esta gran masa humana, junto a las inversiones japonesas y norteamericanas acabarían generando una dinámica que desembocó en los años setenta del siglo XX cuando pasó a ser uno de los territorios más industrializados del orbe y se colocó en la emergente cabeza de las nuevas tecnologías siendo hoy un país líder a nivel planetario en el mundo de los microprocesadores y, como contraste, es uno de los grandes inversores en la República Popular de China.

La gran aglomeración de los viajeros del crucero

Chiang Kai-shek fue un militar que rigió los destinos de la isla y la preparó para lo qu ahora es, aunque, como tantas veces, su obra es cuestionada y los políticos denominados progresistas, quieren borrarlo de la historia. Nació el 31 de octubre de 1887 en Xikou y falleció en Taipei el 5 de abril de 1975, justo hace medio siglo. Él, tras la derrota nacionalista frente a los comunistas, se acabó refugiando en Formosa en donde implantó la [hoy] tan cuestionada dictadura militar. Toda su vida la pasó pensando en el retorno y en la derrota del comunismo continental; todavía el mundo no se había repuesto del gran error y los regímenes de terror que atenazaron a más de la mitad de la población del orbe [sobre todo Rusia y China que legaron a la humanidad más de cincuenta millones de muertes en nombre del comunismo, Stalin y Mao, mucho más nefastos, permanecen en sus pedestales].

Los taiwaneses sobrevivirían al valeroso general que mantuvo unas excelentes relaciones con otro famoso militar en la otra punta del mundo: Francisco Franco. Curiosidades del destino, ambos fallecieron el mismo año y a su vez han padecido los mismos ataques de los que quieren reescribir la historia y adaptar su relato a una época plagada de ideología sumisa pensada para los incautos. En España el más sátrapa de los gobernantes montó el show del Valle de los Caídos, en Taiwán, los políticos de la oposición alzaron su voz para tratar de desmontar uno de los atractivos capitalinos: El memorial Chiang Kai-shek con casi seis metros de altura y varias toneladas de peso [la escultura ubicada en su interior] honra al que hizo posible la Taiwán que hoy conocemos al no dejarla caer en manos de Pekín y actualmente es uno de los lugares más visitados de la capital insular.

La gran explanada

Uno se pregunta si una opción política, realmente responsable, puede hacer lo que quiera o simplemente las huestes de la oposición están siendo engrasadas con fondos de la denominada política de chequera.

Tras la expulsión de la ONU, algunos de los taiwaneses en la Embajada de Madrid se quedaron en España y algunos, gracias a sus conocimientos lingüísticos y grandes dotes diplomáticas, llegaron a progresar en la radio pública española del momento. El recuerdo de Ambrosio Wang, su simpatía y su característico bigote, una de las presencias habituales en las reuniones de los diexistas españoles de los ochenta y noventa, en esos encuentros también estaba Benjamín Wang-ma, su hijo.

Podríamos colegir que Chiang Kai-shek era un visionario que se anticipó a su tiempo: enfrentándose al imperialismo soviético que ya enseñó los dientes por estos lugares del mundo tras el triunfo de la revuelta bolchevique que entregó el poder a Lenin; él trataba de evitar la implantación de éste modelo que al final acabó logrando Mao en la zona continental, tras la sangrienta guerra civil. Alcanzó altos puestos en las estructuras de poder de la historia de China gracias a su tesón y formación forjada en la estricta disciplina militar japonesa que aspiraba a una sociedad corporativista en la que el autoritarismo confuciano primaba la obediencia a su persona.

La parada militar ante el memorial

El memorial o salón en su honor es un monumento que honra su legado, fue inaugurado cinco años después de su muerte: el 4 de abril de 1980; está rodeado de un extenso parque al que se accede por cuatro puertas, él está sentado y mira al frente de una grandiosa avenida en la que están dos de los edificios más bonitos de la isla el Teatro y el Salón de Conciertos a ambos lados de la puerta de la Gran Centralidad y la Honradez Perfecta, se siguió el diseño realizado por el arquitecto Yang Cho-cheng que incorporó elementos del Mausoleo de Nankin dedicado a otra gran figura de la historia china Sun Yat-sen. Los preparativos para esa hercúlea obra comenzaron el 31 de octubre e 1976 e inaugurado al cumplirse un lustro de su muerte.

Digamos que el parque ocupa un área de 240.000 metros cuadrados en la exclusiva zona del distrito de Zhongzheng, tiene cuatro puertas de acceso, la principal apenas a un centenar de metros del moderno servicio de metro y entre todas ellas se le asegura el acceso a toda la población. La centralidad de la espectacular obra, en donde suele darse el cambio de guardia para solaz de los visitantes y que presenciamos por pura casualidad mientras deambulábamos por la zona y sólo resta decir: Impresionante lugar con este gran salón octogonal, recordemos que el 8 se asocia a la buena fortuna y a la abundancia.

En la gran avenida ante el edificio de la Orquesta Nacional

Nada quedó al azar, por ejemplo dos dos juegos de escaleras que cuentan con 89 escalones: la edad que tenía al fallecer y en el recinto que cobija la escultural figura, que me recordaba a Abraham Lincoln, están inscritas las siguientes frases:

“El propósito de la vida es mejorarla para toda la humanidad”

“El significado de la vida es crear y sostener las vidas siguientes en el universo”.

Ambas quedan complementadas con la bella techumbre que recoge el emblema del Kuomitang. Los políticos de nuestro tiempo harían bien en analizar lo positivo de su legado y no querer borrarlo de la historia aunque, a lo mejor piensan que eliminándolo su ejemplo desaparecerá en esta alienante y nihilista del XXI.

Juan Franco Crespo

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