Portada de 'La península de las casas vacías' (Siruela, 2024) de David Uclés ::MRL

A propósito de ‘La península de las casas vacías’ o vindicación de llegar tarde a las publicaciones literarias

En un recién empezado 2026 termino La península de las casas vacías (Siruela, 2024) de David Uclés, así es, en sobremesas con amistades tengo la osadía de comentar las sensaciones de un libro que muestra a través de una lúcida voz y desde la seriedad trágica que permea la obra, la historia de una familia y, por extensión, de un país. Asumo el atrevimiento de comentar una obra que llegó a mis manos de forma tardía y que ha sido reconocida con el Premio Cálamo Libro del Año 2024 y el Premio Andalucía de la Crítica, entre otros galardones, aun siendo consciente de que las miradas a mi alrededor dejan entrever, en ocasiones, que llego tarde a esta obra literaria.

Nos acercamos a muchas obras cuando ya han dejado de ser novedad, arrastrados por un ritmo vital que no siempre nos permite leer al compás de las publicaciones. En este panorama editorial imperante, cada vez más saturado y vertiginoso, no es raro que muchos libros lleguen a nuestras manos cuando el ruido mediático que los rodeó ya se haya apagado. Las novedades se suceden en los escaparates, periódicos o en publicaciones de las redes sociales con tal rapidez que apenas hay tiempo para leer, asimilar, comentar y recomendar una obra antes de que otra ocupe su lugar en las mesas de novedades de las librerías. Leer hoy, implica, con frecuencia, llegar siempre tarde.

La vida cotidiana, marcada por el ritmo frenético del trabajo, las obligaciones personales y, la archiconocida, estimulación digital, deja poco espacio para la lectura pausada que requieren libros como el de David Uclés.

A todo esto se suma la enorme cantidad de publicaciones literarias que copan cada año las estanterías de novedades de las librerías o el Más vendidos en plataformas como Amazon: novelas, ensayos, poemarios y reediciones compiten por una atención cada vez más limitada. El resultado es el sentimiento de una deuda lectora pendiente: libros comprados y no leídos que configuran altas torres construidas en alguna zona de la habitación, las listas interminables de libros pendientes y la impresión de no llegar nunca a tiempo a ningún sitio, especialmente, a la lectura.

Sin embargo, creo que leer fuera del tiempo de la novedad puede convertirse también en una forma de resistencia cultural. Acercarse a la obra cuando ya ha quedado al margen del foco mediático que la encumbró permite descubrirla alejada de la lógica de la urgencia y del consumo inmediato que rige buena parte del mercado editorial. En este espacio sereno, la lectura se vuelve un acto menos condicionado por la novedad, por las expectativas y por las lecturas ajenas y lo sitúa en la lectura pausada y personal que nos propone la propia obra.

El escritor jienense David Uclés presentaba en la pasada Feria del Libro de Almería su última obra, ‘La península de las casas vacías’. :: J. M. Rodríguez

Esta forma de lectura entra en tensión con la vida cotidiana contemporánea, marcada por la hiperconectividad y la sensación permanente de urgencia. Leemos a ratos, entre tareas, notificaciones y obligaciones, convirtiendo la lectura en una actividad más que compite con muchas otras. En este escenario, Uclés crea un artefacto que exige detenernos, sostener la atención y aceptar incluso la incomodidad de lo que no se dice o no se entiende de inmediato en la narración. En este gesto de pausa, el texto dialoga con la experiencia diaria del lector, interpelando su propia relación con el tiempo, el silencio y la dificultad de comunicarse en un mundo saturado de ruidos pero escaso de palabras.

A propósito de esta lectura de La península de las casas vacías, vindico la posibilidad y la necesidad de llegar tarde a las lecturas que en algún momento coparon las novedades literarias, de leerlas cuando ya ocupan las estanterías de libros leídos de tus amigos y siguen ocupando tu mesilla de noche. Vindico esta lectura cuando la tertulia sobre el libro se ha desvanecido, porque los personajes se han dispersado entre otras historias que pueblan la memoria de tus interlocutores. Reivindico el deseo de que este 2026 nos traiga el sosiego necesario para habitar nuevas obras a nuestro tiempo, dejando que las palabras se asienten y que la lectura, incluso tardía, se convierta en un tiempo propio, tanto íntimo como eterno, y que la literatura se haga presente como un susurro que parece llegar tarde, pero que nos toca justo cuando estamos listos para escucharlo.

Marta Ruiz López

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Comentarios

5 respuestas a «A propósito de ‘La península de las casas vacías’ o vindicación de llegar tarde a las publicaciones literarias»

  1. Antonio Santisteban Espejo

    Hola Marta.

    Muchas gracias por este texto sobre los tiempos de la lectura. A Emilio Lledó le escuché decir que el ritmo de la lectura se acompasa a nuestra respiración. Me gusta pensar que este hecho fisiológico independiza a la lectura del ritmo del mercado y la acerca a nuestro cuerpo.

    En días como hoy, por cierto, y en Granada, recuerdo uno de tus versos.

    «[…] yo quiero izar en los balcones los trapos sucios de los que rezan a las banderas»

    Un abrazo y gracias otra vez. 😉

  2. Marta Ruiz

    Hola Antonio,

    Muchas gracias por tus palabras y por la lectura tan atenta y generosa del texto. La idea de Emilio Lledó sobre la respiración y la lectura me parece especialmente hermosa; pensar la lectura como algo que se ajusta al cuerpo y no al mercado es, quizá, una forma de resistencia silenciosa y necesaria en los tiempos que corren.

    Me emociona mucho que recuerdes ese verso, y más aún en un día como hoy y en Granada. Saber que las palabras siguen encontrando lugares donde respirar es un regalo.

    Gracias de verdad por la generosidad y la escucha.
    Un abrazo grande

  3. Antonio Santisteban Espejo

    Hola Marta,

    un mes después te leo con el mismo placer que el día 3 de enero. El tiempo de mi vida y el del teléfono móvil fluyen desacompasados.

    No había pensado en la idea de Emilio Lledó como una forma de resistencia, siempre la interpreté como una mera verdad corporal, respiratoria, casi terapéutica; pero a partir de ahora la adopto.

    Gracias por ampliar con tu reflexión mis horizontes, algo tan importante en nuestro tiempo.

    Esta ampliación tuya me transporta a unos versos también muy queridos por don Emilio:

    «Aquí me niego al tiempo y no me alcanza/voz que con falsos ecos interprete.»

    He visto una entrada vinculada a Cádiz. Con tiempo la leeré: es mi ciudad y son mis rincones.

    Un abrazo y sigue escribiendo mucho.

    Antonio Santisteban

    1. Marta Ruiz

      Hola Antonio,

      qué alegría leerte —aunque el tiempo, ese viejo bromista, se empeñe en llevarnos la contraria. Me gusta esa imagen tuya del desfase entre la vida y el teléfono: ahí ya hay toda una poética de la resistencia.
      Y Cádiz… qué decir. Me alegra saber que esos rincones también son tuyos. Léelo cuando el tiempo te sea propicio: Cádiz sabe esperar.

      Gracias por tus palabras generosas y por ese abrazo que llega claro. Prometo seguir escribiendo, con la lentitud que merece lo que de verdad importa.

      Un abrazo grande,
      Marta

  4. Antonio Santisteban Espejo

    Hola Marta,

    tienes un oído fabuloso: se aprecia al leerte con atención.

    Como ves, el bromista no me ha vencido esta vez, y por muy tahúr que sea, respondo antes, llamado por la ocasión de un diálogo sobre los libros y el tiempo.

    Compruebo tu gusto por la palabra «resistencia»: antes silenciosa, ahora poética… ¿Significa un valor destacado?, ¿refleja un cierto ideal?

    Yo me decanto por su contraria: existencia: más elástica, más expansiva, menos limitante, quizá.

    En todo caso, no hay nada más democrático que una discusión sobre términos.

    Me voy volando en la red hacia tus mundos gaditanos.

    Un abrazo enorme,

    Antonio

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