Ana Barea Arco: «Baby boom, envejecimiento y edadismo»

«Desde principios del siglo XXI, Europa viene sufriendo un envejecimiento, de la población, sin precedentes. Tras la Segunda Guerra Mundial, se produjo una explosión demográfica conocida como el baby boom. Fue un período caracterizado por el crecimiento económico, la lucha por los derechos civiles, el desarrollo del bienestar social y de la implantación de la televisión, en nuestras vidas. La división de la sociedad en generaciones se ha popularizado en los últimos años y está contribuyendo a crear una brecha entre las diferentes generaciones que afecta directamente a las relaciones de la generación baby boom con sus descendientes.

El envejecimiento de la generación baby boom y su retirada de la vida laboral ha coincidido con un gran descenso de la natalidad. Este descenso de natalidad junto a la incorporación de la mujer al mercado laboral, está transformando las relaciones intergeneracionales y creando un verdadero problema a la hora de atender y cuidar a los mayores dependientes. Dicho sea de paso, tanto el descenso de la natalidad como el cuidado de nuestros mayores dependientes se está paliando, en Europa occidental, gracias a la inmigración».

El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.

Gabriel García Márquez

La hora de merecido bien de la jubilación ha llegado para la generación boom y con la jubilación y el envejecimiento llegan nuevos desafíos:

El cuerpo y la salud requieren más cuidados y dedicación. Las dificultades y barreras de movilidad se multiplican.

La invisibilidad y la reducción de la vida social, tratan de imponerse.

Enfrentar la soledad no deseada unida a la resignación y el abatimiento ante el abandono social y familiar es uno de los retos más complicados, psicológicamente.

La reducción significativa de los ingresos económicos, se impone, en la mayoría de los casos.

A estos desafíos la generación baby boom debe añadir otros nuevos como:

Las barreras digitales.

El cada vez más difícil sostenimiento de las pensiones, según dicen los gobernantes y economistas.

Además, hay un fenómeno en auge en nuestros días, el edadismo. Edadismo es un término que se acuñó en los años sesenta y que actualmente, debido al aumento del envejecimiento de la población, es un fenómeno en expansión. El edadismo es una forma de pensar cargada de prejuicios y estereotipos en relación a la edad y el envejecimiento. El trato discriminatorio del edadismo limita la vida activa y social de los mayores, lo que acarrea consecuencias directas sobre su calidad de vida y sobre su salud física y mental.

Afortunadamente, son muchos los mayores que a través de diferentes organizaciones participan de la vida social y cultural. Nuestros mayores son el sostén de la verdadera memoria histórica y cultural y su participación en todos los ámbitos de la vida social y cultural es de capital importancia para nuestro desarrollo sociocultural. Aportan experiencia, conocimiento y sabiduría.

Paradójicamente, a pesar del edadismo, cada vez es más frecuente que los mayores tengan que contribuir al sostén económico y al apoyo de la familia de los hijos, sobre todo, en lo que se refiere al cuidado diario de los nietos. Lo que en muchos casos les supone un gran sobreesfuerzo y se convierte en abuso por parte de la sociedad y de los familiares. La conciliación real entre vida laboral y familiar descansa sobre los hombros de nuestros mayores.

Y precisamente, la relación afectiva más entrañable y sincera que nos puede regalar la vida es, la que se da entre abuelos y nietos. Nuestros mayores se merecen, con creces, todo nuestro respeto, cuidado y atención porque el futuro descansa sobre los cimientos que ellos construyeron. Y si algo se merecen nuestros niños es disfrutar del cariño de sus abuelos. La convivencia respetuosa y afectiva entre distintas generaciones es la mejor manera de combatir el edadismo y de construir una sociedad con futuro para todos. Porque en el fondo todos queremos llegar a la vejez y que esta sea un tiempo de júbilo por aquello de que es el tiempo de la tan merecida jubilación. Tras una larga vida de esfuerzo todos merecemos el mejor de los reconocimientos.

Y cuando la vejez se nos pegue en los talones y nos susurre en los huesos sigamos el sabio consejo de Séneca:

 Abrecémonos a ella y amémosla; llena está de placer si la sabemos usar.

¡Enhorabuena “jubileta”!

Pero mis ojos siempre brillarán con la presencia de los niños.

Echaré de menos sus miradas y sus sonrisas abiertas.

Es cierto, estoy cansada de tanto tiempo amarillento

y tengo los ojos rodeados con racimos de ojeras azules.

Estoy cansada del reloj sonando siempre a la misma hora.

Cansada del tráfico caótico, ladrón de tiempo y de paciencia.

Cansada de bobas maledicencias y reuniones casposas.

Cansada de las mismas preguntas en diferentes lugares.

¡A veces, la vida es tan cansina que cansa demasiado!

Pero aún late mi corazón con la luz de las estrellas,

aún me sostienen estas piernas frágiles y caprichosas,

aún mis hábiles dedos sostienen el lápiz y el pincel,

aún mis sentidos se erizan en lo bueno y en lo malo

aún me queda la voz y me conmueve el atardecer.

Aún mi entendimiento se deslumbra con el mar azul.

Aún cada día sueño con luciérnagas y “vulanicos”

y mi corazón ríe gozoso cuando beso a quien amo.

Ya solo quiero vivir soñando y ser aprendiz de poeta.

Comprendí que enarbolar la bandera del verso

es morir con las botas puestas y rimas en los bolsillos.

Ser poeta, no es un deseo ni un sueño caprichoso,

es un pulso alocado en lo más profundo del ser.

Es un sonoro delirio en flor que no se puede ignorar

que te roba el sueño, el hambre, la sed y la cordura.

Un pulso azul, sin el que olvido quien soy y lentamente muero.

Van de la mano la locura del verso y la memoria de la vida.

Van de la mano la locura de la vida y la memoria del verso.

Mientras haya aliento, si hay poesía, crecerá esperanza.

Aún, quiero y puedo apoyarme en báculos de palabras

y sigo caminando y gestando mis recuerdos de mañana.

¡Aún me quedan por desgranar tantos versos!

Ana Barea

Ana Barea Arco

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