Algunos días, el salón de actos de varios institutos se convierten en algo parecido a una pequeña feria de ideas. Alumnas y alumnos de secundaria presentan proyectos que van desde una cooperativa de reciclaje creativo hasta una aplicación pensada para ayudar a las familias a organizar las tareas domésticas. Lo que parece una actividad escolar más es, en realidad, una muestra de algo que empieza a abrirse paso en la educación: aprender a emprender desde edades tempranas.
«Cuando los estudiantes intentan encontrar soluciones a problemas de su entorno, están desarrollando competencias que les acompañarán toda la vida», explica Marta Hernández, profesora de Economía y coordinadora de iniciativas de emprendimiento educativo.
En algunos centros ya se ha incorporado la asignatura optativa Iniciación a la actividad emprendedora y empresarial, presente en los currículos de comunidades como Castilla y León o Andalucía.
El objetivo no es únicamente enseñar cómo funciona una empresa.
«Queremos que el alumnado entienda que puede transformar su entorno con ideas propias», añade Marta Hernández. «Y que lo hagan todos, especialmente las chicas, que durante mucho tiempo han tenido menos referentes visibles en el ámbito empresarial».
Un aprendizaje que todavía llega tarde a muchas aulas
Los datos muestran que todavía queda camino por recorrer. El informe del Global Entrepreneurship Monitor señala que la formación emprendedora durante la etapa escolar en España apenas alcanza un 2,6 sobre 10. Además, alrededor del 68 % de los universitarios reconoce no haber recibido formación específica en emprendimiento durante su etapa educativa.
Una carencia que contrasta con el interés que muchos jóvenes muestran por crear algún día su propio proyecto de negocio. Diversas encuestas educativas indican que una parte importante del alumnado de secundaria se plantea en algún momento la posibilidad de emprender.
La idea atrae, pero muchas veces no encuentra espacio para desarrollarse dentro del aula.
Por eso, desde hace algunos años, algunas comunidades autónomas han empezado a introducir asignaturas y programas relacionados con la iniciativa emprendedora.
Y hay otro aspecto que cada vez se tiene más en cuenta: la perspectiva de género.
Cuando las alumnas descubren que emprender también es una opción
Durante años, el emprendimiento se ha asociado con estereotipos bastante concretos y con referentes mayoritariamente masculinos. En muchos casos, las niñas crecían sin ejemplos cercanos en el mundo empresarial.
Sin embargo, cuando participan en programas educativos de emprendimiento, esa percepción cambia con bastante rapidez.
La experiencia internacional ofrece algunas pistas. Programas educativos como los del Network for Teaching Entrepreneurship (NFTE) muestran que, cuando las alumnas participan en actividades de emprendimiento su interés por crear empresas crece de forma significativa.
De hecho, al finalizar estos programas más del 75 % de las chicas afirma que le gustaría poner en marcha una idea de negocio, una cifra muy cercana a la de sus compañeros.
Uno de los factores que explican este cambio es la presencia de referentes y mentorías. Cuando las niñas ven a profesoras, emprendedoras o directivas participando en proyectos educativos, la idea de liderar iniciativas propias deja de parecer algo lejano.
Aprender como en los MBA, pero desde el instituto
Algunos especialistas en educación señalan que parte de la inspiración para este tipo de iniciativas puede encontrarse en metodologías que se utilizan desde hace años en programas avanzados de dirección empresarial, como los MBA (Master of Business Administration).
Los MBA son considerados en todo el mundo una de las formaciones de referencia para desarrollar habilidades en estrategia empresarial, liderazgo y toma de decisiones. Aunque están pensados para profesionales con experiencia, muchas de sus dinámicas educativas pueden adaptarse de forma sencilla al aula en etapas mucho más tempranas.
Por ejemplo, uno de los métodos más utilizados en los MBA es el análisis de casos reales, donde los estudiantes estudian situaciones empresariales y debaten posibles soluciones. En secundaria, este enfoque puede aplicarse planteando retos relacionados con problemas del entorno cercano, como la sostenibilidad del barrio o nuevas ideas de servicios para la comunidad.
Otra práctica habitual es el trabajo en equipos multidisciplinares, donde cada miembro del grupo aporta una perspectiva distinta. En el aula, esta dinámica ayuda a desarrollar habilidades de colaboración, liderazgo y comunicación.
También es muy común en estos programas el llamado pitch de proyectos, una presentación breve en la que los estudiantes defienden su idea de negocio ante posibles inversores. Cada vez más centros educativos están incorporando este tipo de actividades, donde el alumnado aprende a explicar sus propuestas empresariales con claridad y confianza.
Experiencias que ya se están poniendo en marcha
En España también empiezan a consolidarse iniciativas interesantes. En Baleares, por ejemplo, el programa Ibemprènjove se ha ampliado a primaria con iniciativas como PE (Primaria Emprende), donde el alumnado aprende a desarrollar ideas empresariales, planificar proyectos y presentar propuestas innovadoras.
También existen experiencias consolidadas en otros territorios. En Andalucía, por ejemplo, destaca el programa Emprender en mi Escuela (EME), donde el alumnado crea pequeñas cooperativas educativas para aprender cómo funciona una empresa de forma práctica.
En Castilla y León, centros como el IES Arca Real de Valladolid cuentan con su propia Aula de Emprendimiento, donde los estudiantes desarrollan planes de negocio aplicando metodologías de aprendizaje práctico muy similares a las utilizadas en programas de dirección empresarial.
Este tipo de experiencias no buscan que todos los estudiantes se conviertan en empresarios en el futuro. Lo que persiguen es algo más amplio: desarrollar habilidades como la creatividad, la comunicación, el trabajo en equipo o la capacidad de tomar decisiones.
Competencias que resultan útiles en cualquier ámbito profesional.
Clara, alumna de 15 años que participa en uno de estos proyectos escolares, lo explica con naturalidad: “Antes pensaba que las empresas eran algo muy lejano. Ahora entiendo que una idea puede crecer si sabes cómo organizarla”.
Y añade con una sonrisa: «Quién sabe, quizá algún día estudie un MBA para dirigir mi propia empresa».
Sembrar hoy para el liderazgo del mañana
Ese es, en el fondo, uno de los objetivos de introducir la educación empresarial en las aulas. No se trata de enseñar a montar una empresa mañana, sino de despertar la curiosidad, la iniciativa y la confianza en las propias ideas.
Porque la educación empresarial temprana funciona un poco como plantar un árbol. No se hace pensando en el resultado inmediato. Se hace porque, con el tiempo, esas raíces terminan dando frutos.
Y en un mundo donde la innovación, la iniciativa y el liderazgo serán cada vez más importantes, sembrar semillas de liderazgo en colegios e institutos puede convertirse en una de las inversiones educativas más valiosas para el futuro.






Deja una respuesta