Granada celebra el talento senior: José Félix González Rodríguez, Premio Nacional de Poesía ALUMA, 2026

Al Premio Nacional de Poesía de ALUMA en su convocatoria de 2026 han concurrido alumnos y alumnas de los Programas Universitarios de Mayores de las universidades de Córdoba, Las Palmas de Gran Canaria, Oviedo, Universidad Pública de Navarra y Granada, poniendo de manifiesto la vitalidad y el compromiso creativo de este colectivo en todo el ámbito nacional.

En esta edición, el galardón ha sido otorgado el poema titulado «Navegando por las nubes», presentado con el pseudónimo Nemo, autorJosé Félix González Rodríguez, alumno del Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad de Granada, cuya obra ha destacado por su sensibilidad, profundidad y calidad literaria.

Desde aquí queremos trasladar nuestra más sincera enhorabuena a todo el alumnado senior participante. El alto nivel de los poemas presentados evidencia no solo su talento, sino también su capacidad para transformar la experiencia vital en creación artística y compartir con la sociedad una mirada rica, madura y profundamente humana.

Con iniciativas como este certamen, ALUMA refuerza su compromiso con la cultura y contribuye activamente a las aspiraciones de Granada para convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031.

PREMIO NACIONAL DE POESÍA DE ALUMA. AÑO 2026

FALLO DEL JURADO

Tras la valoración de los miembros del jurado formado por D. Luis de la Rosa Fernández, D. Antonio Martínez González y D. Rafael Reche Silva ha resultado ganador de la VI edición del Certamen Nacional de Poesía de ALUMA el poema titulado «Navegando por las nubes», presentado con el pseudónimo Nemo.

El poema se inscribe con claridad en la tradición de la poesía memorialística y simbólica de raíz existencial, articulada mediante una extensa alegoría marítima que funciona como eje estructurador y semántico. La vida se concibe como travesía, pero no de manera tópica o superficial, sino densamente encarnada en la experiencia biográfica concreta, lo que le otorga autenticidad y espesor emocional.

El mayor logro del poema es la sostenida coherencia de su isotopía marina. No se trata de imágenes aisladas, sino de un sistema simbólico bien trabado: “timón”, “arboladura”, “bitácora”, “fondear”, “botadura”, “mareas”, “puerto”… Cada elemento no sólo describe, sino que construye una identidad: el poeta es simultáneamente sujeto y nave. Esta identificación culmina en versos como “Soy nave vieja”, donde la metáfora deja de ser recurso para convertirse en ontología. Además, el mar no es solo espacio físico, sino dimensión interior (“mar interior de la existencia”), lo que enlaza con una tradición que va de Jorge Manrique a Antonio Machado: el tiempo como fluir y el vivir como tránsito.

El poema adquiere una segunda capa de interés en su dimensión referencial. La mención de lugares concretos (La Carraca, Ferrol, Cartagena, El Aaiún, Smara, Palos, Granada) introduce una cartografía vital que remite claramente a una biografía ligada a la Armada y a episodios históricos como la Marcha Verde. Este anclaje evita la abstracción excesiva y aporta verosimilitud.

Especialmente lograda es la transición desde el mar real al “varado” en tierra, que no se presenta como derrota, sino como mutación existencial. La imagen de “treinta años varado a la orilla de Palos” dialoga simbólicamente con el imaginario colombino, reforzando la idea de espera, memoria y latencia.

Predomina un tono elegíaco, pero contenido, sin caer en el sentimentalismo. El paso del tiempo aparece como desgaste (“casco cansado”) pero también como decantación (“calma que dejan los años”). El poema evita el lamento explícito y opta por una aceptación serena que culmina en el cierre: la navegación hacia el “punto y final / de mi última travesía”, imagen sobria y eficaz de la muerte.

Las alusiones a Yemanyá y Neptuno amplían el horizonte simbólico hacia lo mítico, integrando tradiciones diversas (afrocaribeña y clásica) sin ruptura de tono. La referencia a Ítaca introduce un eco homérico que refuerza la idea del viaje como destino en sí mismo. Asimismo, la aparición de Granada con Federico García Lorca y Mariana Pineda desplaza el eje hacia la cultura y la historia española, sugiriendo que el conocimiento y la memoria también son formas de navegación.

El lenguaje es claro, de léxico preciso y coherente con el campo semántico elegido. Destaca el equilibrio entre tecnicismo náutico (“arboladura”, “bitácora”) y expresión lírica, lo que aporta veracidad sin entorpecer la fluidez.

Es un poema maduro, de gran coherencia simbólica y notable densidad vital. Su mayor fortaleza reside en la integración entre experiencia biográfica y construcción metafórica, así como en la sobriedad con que aborda el paso del tiempo y la cercanía del final. Con una ligera depuración en ciertos pasajes, podría alcanzar una intensidad aún mayor, pero ya se sitúa en un nivel alto dentro de la poesía de corte testimonial y meditativo.

Navegando por las nubes

Seudónimo: Nemo.

Anoto mi vida como quien lee el mar,
con la calma que dejan los años
y el salitre acumulado en la piel.

El calendario se deshace entre mis manos
como carta náutica mojada,
y un año se retira dejando
rutas nuevas, anclas imprevistas,
vientos que empujaron
y otros que quisieron partir la arboladura.

Entre todas las mareas recorridas
hubo una que exigió firmeza en el timón:
volver, escorado por los años,
al puerto de antaño,
donde mi nave tuvo su botadura.

Soy nave vieja,
casco cansado y vela terca,
pero sigo avanzando
por el mar interior de la existencia.
Aunque la marejada acalle mis ansias,
mi travesía no se detiene.

Tras décadas de ausencia
no bastaron los años
para borrar los recuerdos.

Aquella villa hecha ciudad
me dio abrigo contra el olvido.
Amarré vivencias
como quien fondea en seguro,
y sentí sobre la cubierta del alma
la sombra de antiguos marinos
fundadores de horizontes.

No heredé sus nombres,
pero sí la estela de sus olas,
sus hidalguías sin pergamino,
sangre callada de mudo sacrificio.

No derribé murallas
ni conquisté continentes.
La Carraca fue remo de mi barca;
Ferrol templó mi máquina y mi técnica;
Cartagena me dio bautismo de sal y espuma,
y un buque herido me hizo marino.

Aprendí a navegar y a rezar en tormentas,
grumete y capitán ante la turbina,
a cantar la Salve en silencio
y escuchar el idioma secreto del océano.

Yemanyá me habló de Ítaca invisibles,
de sirenas persistentes y viajes inauditos,
de sueños imposibles
y horizontes sin alcance.

Neptuno me llevó a nuevos rumbos:
puertos distintos, mares cruzados,
norte y sur abiertos por ecuadores.

De Europa a África,
de Finisterre al Cabo de las Tormentas,
siempre hacia el sur,
arrastrado por corrientes.

Llegó el Sáhara con su desierto y su arena,
El Aaiún y Smara,
y una Marcha Verde que me hizo plegar velas
y volverme nave de tierra.

Con la bitácora perdida
arrimé mi navío al faro del destino,
que me llevó a embalses y lagunas.

Treinta años varado a la orilla de Palos,
al pie de carabelas inmóviles,
hasta que Granada me abrió su historia,
donde Federico sueña
y Mariana borda su canto.

Allí supe que también en tierra se navega
y que el saber es océano sin orilla.

Hoy escribo para recordarme
que sigo siendo hombre y barco,
y mientras quede horizonte
iré avante, a toda vela,
hasta poner proa al silencio,
al punto y final
de mi última travesía.

NEMO

Redacción

Ver todos los artículos de


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

IDEAL En Clase

© CMA Comunicación. Responsable Legal: Corporación de Medios de Andalucía S.A.. C.I.F.: A78865458. Dirección: C/ Huelva 2, Polígono de ASEGRA 18210 Peligros (Granada). Contacto: idealdigital@ideal.es . Tlf: +34 958 809 809. Datos Registrales: Registro Mercantil de Granada, folio 117, tomo 304 general, libro 204, sección 3ª sociedades, inscripción 4