José Luis Abraham López: «El umbral de los cincuenta: entre madurez y libertad»

Si en la juventud salíamos a conquistar el mundo, ahora nos refugiamos en aquel que hemos construido. Si antes queríamos atraerlo, ahora nos conformamos con retener lo que realmente importa

En la isla de Cos nació el poeta griego Filetas, reconocido como precursor de la poesía helenística. Su erudición y destreza filológica le valieron el papel de instructor de reyes. Su habilidad para la concisión se evidencia en sus epigramas. En uno de ellos, relata cómo, al cumplir cincuenta años, la cortesana Niciade ofrece a Afrodita, en el templo de Cipris, varios objetos que simbolizan su juventud y feminidad: sus sandalias, bucles postizos, un espejo de impecable bronce, la faja con la que destacaba su figura y «aquello que un hombre no debe nombrar». Entiéndase esto último como cada uno le haga llegar de lejos su imaginación. Parece importarle ya poco la belleza y su apariencia física, el deseo y el erotismo al dejar su coquetería en el altar.

Lo cierto es que llegar a los cincuenta supone cruzar un umbral psicológico que a muchas personas les hace replantearse objetivos y horizontes, hasta el punto de celebrar dicha efemérides por todo lo alto. En verdad, hay parte de razón en ello, porque ¿quién cumple dos veces cincuenta años? En cambio, otros lo asumen sin más porque reconocer y asumir el paso del tiempo también supone un rito interno que merece todo un altar al que no le falta tampoco sus símbolos. Más que una despedida ritualizada de la etapa anterior es la alegría de la continuidad de nuestra biografía en un momento en el que se nos supone maduros y con la capacidad adquirida de afrontar los años y daños, los pesares y poses. Ya no hay espacio para disimulos ni fingimientos.

Hay quienes recurren a profesionales del ocio para organizar paseos en velero, gymkhanas en busca del tesoro o espectáculos de monologuistas. Todo ello porque sabemos que es una etapa en la que hay que estar más vigilantes que nunca con la salud. Y es que el paso del tiempo deja su indeleble huella.

El desgaste empieza a hacer mella, de modo que incorporarnos a hábitos saludables no lo detendrá pero sí hará nuestro envejecimiento más armómico. Las recomendaciones no caben en un buzón postal: cuidar la alimentación, seguir una rutina de ejercicio, dominar el estrés…

Sin embargo, hay otras actitudes emocionales que son igual de importantes: disfrutar de la recompensa de los esfuerzos que te han llevado a esta etapa de –todavía vitalidad– y la reconfortante tranquilidad que te da el confiar en ti mismo en lugar de sufrir de vértigo, estupor y miedo. En realidad, debería ser el tiempo de los reajustes y de las compensaciones por los errores cometidos, por las angustias innecesarias y por todo aquello que solo puede pregonar la juventud…Y no es que ahora sea muy distinto sino que es como conciliar los contrarios y vivir, por fin, en paz con ellos.

Adentrarnos en el medio siglo significa haber vivido mucho pero más importante es, sin duda, qué lectura hacemos del libro que hasta entonces hemos escrito.

No creernos viejos, sino sí que sentir una percepción muy diferente de prioridades, de seleccionar lo que hacemos con nuestro tiempo en el que encarar el resto del camino de manera más óptima y optimizada sin dramatismos. Ahora o nunca. Pragmatismo y placer, realidad y sueños. Nos parece posible conjugar los antagonismos y si no nos da igual. Al menos lo intentaremos. Trivializar lo secundario y resaltar lo verdadero.

Por todo ello, cumplir 50 no significa que uno esté en declive ni que comience una fase oscura. Al contrario, es el momento ideal para disfrutar plenamente de la vida, con mayor libertad y sin remordimientos. Esto es algo que la experiencia y la madurez de la edad nos brindan: un equilibrio y una paz interior que permiten vivir con mayor serenidad. Si en la juventud salíamos a conquistar el mundo, ahora nos refugiamos en aquel que hemos construido. Si antes queríamos atraerlo, ahora nos conformamos con retener lo que realmente importa.

José Luis Abraham López

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