El icónico edificio ha sido una constante referencia en las emisiones de Radio Taiwán Internacional; una de las citas obligadas de televisiones de todo el orbe cada vez que llega el año nuevo. Lamentablemente, en el 2025, las celebraciones fueron deslucidas ante la llegada de las lluvias. Cualquier oyente de la emisora mundial taiwanesa, en el más apartado rincón del orbe y, si es amante de la onda corta, ha tenido puntual y repetida información de ese rascacielos que rompió marcas hace casi dos décadas.
La televisión se unió al espectáculo y nos lo trae a casa, especialmente con la llegada del Año Nuevo cuando los fuegos artificiales presentan unas características especiales y ofrecen una espectacularidad con su diversidad de creaciones pirotécnicas. Dicho esto, estar en el gigantesco edificio, es como haber conseguido hacer realidad un sueño largamente esperado.

El edificio se inició en 1991 y se inauguraba el 14 de noviembre de 2005: atrás quedaron los numerosos retos que tuvieron que hacer frente los que lo proyectaron y los que lo construyeron [japoneses y coreanos], entre ellos el de los terremotos y los huracanes o monzones que frecuentemente azotan la isla o por la posición que ocupa en las placas tectónicas que no descansan y están dando constantes sustos a los taiwaneses. Estamos ante un edificio majestuoso, que sobresale, inhiesto y desafiante, en la moderna urbe de Taipei. En su momento [2004-2010] fue el más alto del mundo, con sus famosos 101 pisos [+5 subterráneos] que lo identifican y alcanza los 508 metros de altura. En la actualidad está en la undécima posición del ránking de estructuras más elevadas entre los rascacielos del orbe.
Al viajero le sorprenderá su forma, imitando al bambú o a las pagodas budistas, sobre todo impacta la manera en cómo lograron estabilizarlo para las sacudidas con un gigantesco mecanismo pendular o esfera que actúa de amortiguador estabilizando la estructura contra las rachas de vientos y los terremotos, está ubicado entre los piso 87 y 92 y tiene un peso de 660 toneladas.

A los que les gustan los comercios de verdadero lujo, allí necesitará una buena tarjeta ante la calidad y cantidad de tentaciones; evidentemente con la minucia que se puede llevar en el bolsillo cuando se viaja, uno se siente el más paria de la tierra. Hemos de colegir que, por suerte, desde hace años decidimos poner fin a los gastos o caprichos y guardar lo que se pueda para viajar tranquilamente, sin sobresaltos, así que está bien ver qué es lo que ofrece el mundo de las tentaciones en esas lujosas mansiones, casi siempre vacías, a lo que uno se pregunta ¿cuál es el negocio?
Sus ascensores son de lo más rápidos y seguros del orbe y treinta personas son transportadas hasta el observatorio o mirador en apenas 37 segundos. Es tal la avalancha para subir que inviertes más tiempo en adquirir la entrada que lo que habrás de emplear en el célebre viaje a las alturas.
Otra parte a destacar es su sistema de iluminación dinámica que se cambia frecuentemente y se programa para eventos especiales, pero eso es básicamente nocturno. El 101 se ha convertido en un icono que atrae a visitantes de todo el orbe; al margen de su espectacularidad, ostenta la categoría de más ecológico, en su día costó la friolera de más de dos mil millones de dólares, trabajan en sus oficinas más de 12.000 personas y varios miles deambulan por sus plantas de ocio o disfrutan de la gastronomía.

En la entrada encontramos la fuente de Feng Shui y, como curiosidad, el 101 es el código postal del distrito de negocios, a su vez evoca el sistema binario que está de moda en el mundo de las nuevas tecnologías que cada vez nos hacen más dependientes.
Uno cavila y al final dice que es mejor cultivarse en estos tiempos en los que constantemente, los que nos gobiernan, no dejan de darnos sustos y, de paso, vaciarnos los bolsillos con cada alerta si, además, la flaca ha hecho acto de presencia en nuestro entorno, acabas descubriendo que después de trabajar toda la vida lo que queda será mayoritariamente para la santa Hacienda que engulle, con extraordinaria facilidad, lo que nos dejaron, no sólo en los momentos de gastos y papelorios, sino en los impuestos que has de soportar para recibir lo que tanto trabajo costó atesorar, así que invertir en conocimiento, viajando, es otra forma de rentabilizar la pasta y disfrutar la vida.

Mereció la pena esperar la oportunidad de conocer el centro comercial -las cinco primeras plantas siempre están repletas de gente- y disfrutar de su amplia playa de comidas tras bajar las escaleras instaladas a pie de calle. ¡Parece que allí se pasan el tiempo comiendo! La gastronomía taiwanesa tiene varios platillos estrella y uno, que no es amante de las ostras, quedó gratamente sorprendido con la fabulosa tortilla de ostras hervidas que engullimos con delectación con los famosos palillos.





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