La filatelia te acaba enseñando cosas gracias a la curiosidad innata del ser humano por querer ir más allá de lo que tiene ante sus ojos que, en el caso que nos ocupa, es el simple sello que a veces llega a nuestras manos por los más disímiles caminos. Sería el caso de los sellos locales de Las islas de la serpiente de cascabel, una porción minúscula de tierra en el Lago Erie compartido por Estados Unidos y Canadá.
Cada vez es más infrecuente encontrar sellos en las misivas que afloran al buzón familiar y eso nos hace retrotraernos a la célebre reforma postal de Sir Rowland Hill cuando ideó [sobre su primicia hay mucho escrito] el sistema de franquear los envíos. Hemos vuelto a esos pretéritos tiempos del XIX cuando la correspondencia circulaba sin ningún tipo de señal o como mucho se le ponía la marca de Franca o Franco [de porte] en otras se indicaba el coste que debía abonar el destinatario.

Tras la idea de Hill, y la puesta en práctica por el Royal Mail, la correspondencia dejaba de estar “limpia” de marcas o inscripciones y, en pleno XXI, los amigos del plagiador, nos dejaron los sobres realmente inmaculados, limpios de toda señal que nos indique que han pasado por Correos.
Nada señala su paso por el servicio postal [lo que queda] a lo sumo, algunas veces, encontraremos el código numérico de la máquina clasificadora que nos indica cuando fue tratada por el centro de clasificación postal y el tiempo que tardó en aparecer en nuestro buzón. Los estudiosos descubren petróleo en ese pequeño grupo numérico de fosforescente en la época de las comunicaciones instantáneas, la correspondencia física llega con dos meses de retraso al buzón de casa [de las altas tarifas hablaremos en otra oportunidad]; pero no nos quejemos porque las empresas privadas que aparecieron como setas están batiendo récords y en la zona suelen realizar un reparto al trimestre; a veces hay que ir a las oficinas correspondientes ante la disconformidad de algún apunte contable o justificantes para Hacienda; así que tratemos de divertirnos con lo que nos cae y vayamos, en un viaje imaginario, hasta la pequeña Rattlesnake y su servicio de correo local.

La isla de apenas 34 hectáreas se localiza a unos 18 kilómetros de Port Clinton, administrativamente forma parte del Condado de Ottawa y su nombre proviene, según la bibliografía consultada, de las serpientes de cascabel que allí tenían su paraíso. Hasta finales del XVIII habían pertenecido al Canadá. En 1854 el propietario la vendió a Horace Kelley y el 22 de junio de 1861 pasa a depender del municipio de Put-in-Bay. Durante varias décadas los únicos residentes fueron los Hammond que se trasladaron aquí desde Vermilion.
Otro salto en la propiedad se producirá en 1929 cuando fue adquirida por Hubert D. Bennett que transformaría la isla y la dotaría de una pequeña pista de aterrizaje que en los setenta serviría para el transporte aéreo de la correspondencia privada allí generada. Cuatro décadas más tarde, en 1959, la compra el cirujano de Cleveland Dr. James P. Frackelton que junto a otro socio gestionaban la Cleveland Stamp and Coin Company [Compañía Filatélico Numismática] que continuaron desarrollando la isla pero no lograban generar beneficios y acabaron vendiendo en 1989 cuando el estatus pasa a isla privada o condominio; actualmente sólo pueden acceder a ella sus 65 exclusivos socios del Club de propietarios.

Entre 1966-1989 el correo era encauzado por el USPS vía Port Clinton y de nuevo se retomaría entre el 2005-2010 hasta que poco después fallecía el Dr. Frackelton, entonces el correo saliente se entregaba en la USPS de Sandusky (Ohio).
Aquí es donde encajan los sellos que el negociante de turno hace para prestar ese servicio en una zona donde no llega el correo norteamericano [la isla es privada y nadie pone los pies en ella si no es con la correspondiente autorización, el guardia, armado hasta los dientes, se encarga de rechazar cualquier intento de acceso] y el comerciante avispado ideó el sistema de CORREO LOCAL, puesto que cualquiera puede realizar transporte de correspondencia en una zona que no tiene servicio oficial. Pero en esa histórica decisión estaba también involucrado el servicio postal oficial que, haciendo uso de la legalidad del momento, denunció esos primigenios sellos que podían confundirse con los del correo norteamericano.

Fue así como la isla de Rattlessnake decidió prestar un servicio de correo con la otra isla: Ohio [ambas vecinas y en el mismo lago] y el 26 de agosto de 1966 inauguraba sus emisiones: rápidamente contestadas desde el USPS: nada de formato rectangular para esas piezas y, si se colocaban en la red postal, debían ir en el lado izquierdo del envío [eligieron esa posición en la parte inferior del frontal correspondiente]; el objetivo era evitar considerar esos envíos franqueados cuando se reencaminaban a través de la la USPS que tiene [¿tenía?] la exclusividad de poder emitir los signos postales correspondientes, al menos hasta que decidieron cargarse el legado histórico de la Unión Postal Universal y comenzaron a dejarnos sin servicios postales en medio mundo.
El administrador de Port Clinton conminó al cese de esas emisiones o bien cambiar el formato de los sellos al triangular que, por lo visto, ya era imposible confundir con los sellos norteamericanos. De esa forma, a nivel planetario, comenzaron a circular estos sellos que luego no aparecían en los catálogos habituales, pero sí en los que los coleccionistas hacían para el correo local, algo bastante habitual en el mundo anglosajón. Debemos colegir que muchos de estos sellos están mejor impresos que los de algunas administraciones postales que presumen de grandes diseñadores en sus nóminas, bien pagados, pero muchas veces productores de verdaderos bodrios.
Los sellos triangulares de la isla de la serpiente de cascabel fueron un aldabonazo que, a pesar de no poder viajar libremente [deben franquearse con la tarifa postal vigente en cada momento] sí son admitidos cuando viajan adheridos en cubierta y en el caso que nos ocupa, en la parte inferior izquierda de la pieza correspondiente. Los primeros timbres rectangulares fueron los que se usaron para el transporte postal vía aérea con el pequeño trimotor Ford. Evidentemente esos servicios fueron denunciados por el USPS el 12 de diciembre de 1966 en la persona del Administrador de Correos de Port Clinton por violar la legislación postal del momento; previamente había rechazado hacerse cargo de los envíos que le traían desde la isla unos días antes: 9.12.1966; fue así como el Dr. James P. Frackelton ponía en marcha los sellos triangulares que tanto interés despertaron en todo el orbe. El correo norteamericano los admitiría, siempre y cuando fueran franqueados después con sellos y tarifas vigentes en cada momento. Generalmente ese proceso se realizaba manualmente, aunque a veces eran cancelados con máquinas que, en ocasiones, incluso matasellaban los de Rattlesnake -añadiendo un plus de curiosidad, algo no habitual, yo mismo tengo algún sello de Franco cancelado en una oficina de correos norteamericana-.
Hoy, si uno busca en la red, descubrirá que aquellos triangulares primigenios fueron rápidamente superados y el problema es la dificultad para lograr hacerse con todo el material emitido por la isla de la serpiente cascabel, sólo en circuitos muy restringidos se consiguen encontrar, son sumamente raros fuera de los Estados Unidos.
Los interesados por estas peculiares y buscadísimas estampillas pueden investigar en la red, hay abundante material y las nuevas tecnologías nos los traen hasta casa, también aparecen recogidos en un CD realizado por el especialista Phillips Modern US Local Posts, lo tienen a la venta en la liliputiense empresa de correo local por unos 40 dólares más correo y aduanas porque esa es otra de las consecuencias del desmonte del correo universal: CORREOS ESPAÑA te cobra por cualquier cosa con la argucia de que todas las mercancías pagan IVA, como si cuando vas a enviar algo te prestaran un servicio gratis.





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