Viajar es aprender a tolerar. [Josep Pla]
Tras varios días de embarque, había desaparecido la representante española por motivos de salud [concretamente desde Tokio ya no la volveríamos a ver], mientras nos desplazábamos al teatro encontramos en el punto específico de atención a los viajeros a una chica, le preguntamos por ella y nos sacó de dudas. Le comentamos el hecho de la necesidad de limpiar esos tapones que acumulan los restos de los bípedos al higienizarse -podríamos colegir que algunos son cualquier cosa antes que higiénicos- porque no es de recibo que los viajeros se encuentren con estas desagradables condiciones higiénicas en un viaje de placer que me recordaba otro del IMSERSO en un hotel ubicado en Cambrils (Tarragona) la temporada anterior: aviso para navegantes porque a pesar de las quejas y las denuncias -estaba en Roquetas de Mar cuando en Las Mañanas apareció el grupo que nos sustituyó hablando de las calamidades del establecimiento- y, en 2025/2026 sigue siendo ofertado por los que gestionan ese servicio de turismo social: o sea que se ríen de la gente y no pasa nada.

En el caso del Costa Serena el efecto fue inmediato, la cabina fue limpiada y dejada como una sala de operaciones en el mejor de los hospitales y, como agradecimiento, una nota de la dirección y una decena de “tentaciones” que son mortales para los que ya tenemos el azúcar subido de tono.
Llegamos a la primera parada y realmente será la que marcará el top del viaje. ¡Qué experiencia y qué buena recepción! RTI o sea, Radio Taiwán Internacional nos recibía en la terminal portuaria de Keelung y escribirían una de las páginas más sobresalientes de este periplo. Ya hablaremos algo sobre ello cuando hagamos las pinceladas de esta escala pero si alguien lo quiere ver sólo tiene que visitar la página web de la emisora donde colgaron el video de ese día [o escribir mi nombre en Youtube]. ¡Impresionante y agradable jornada por una isla que es mucho más verde de lo que puedas imaginar y, a pesar de su orografía, mantiene una red viaria de primera.

Continuando el viaje, la siguiente escala sería Naha (Okinawa), donde llegamos tarde y la bajada se convertía, de nuevo, en otro caos. ¿Cómo se puede enseñar un castillo con luz nocturna? ¿Cómo podemos disfrutar de una ciudad cuando la iluminación deja mucho que desear y donde hay infinidad de cosas para el viajero y que no te podrás acabar durante tu estancia? ¡La culpa, como siempre, de inmigración! Qué insensatos llegan a ser los gestores de las salidas del barco; fueron las peor gestionadas en casi medio millar de experiencias… Seguramente la realidad del mercado asiático los pilló de sorpresa o simplemente prepararon un itinerario demasiado ambicioso: cualquier pequeño incidente te amargaba la jornada porque no es lo mismo pasear por una ciudad a las doce del día que a las cinco de la tarde. La sensación de estafa no se va de nuestra cabeza porque esa es una constante en algunas de las bajadas posteriores o de las excursiones contratadas.

Finalizando con la de Busan (Corea del Sur) fue, con creces, la segunda mejor de las paradas, no sólo por el tiempo, sino por la ciudad, la gastronomía -aunque no a todos les agradó- y los lugares visitados. El top fue el Mercado del Pescado, de los centenares que hemos conocido, éste se coloca en primera posición por calidad y variedad de especies [vivas] expuestas en sus cubículos acuáticos.

Podríamos estar reflexionando con lo visto y las infraestructuras, pero eso también será tocado en los futuros artículos sobre las correspondientes escalas, los lugares visitados y las sorpresas. Mientras tanto centrémonos en las instalaciones de los aeropuertos.
¡Cuánta diferencia respecto a los del continente europeo pero, sobre todo, a los españoles! Y pensar que tenemos unos espacios realmente de primera puede llevarnos al momento más entristecedor de nuestra experiencia. De todas las instalaciones visitadas recientemente, los aeropuertos de Estambul, Qatar, Dubai y Hong Kong ganan por goleada a los del viejo continente.
A resaltar la excelente distribución de espacios e intercomunicaciones, en todo momento hay personal orientando al viajero y la puntualidad de los servicios entre terminales excelente.
Pasear por ellas es una delicia para los sentidos y una tentación para las compras, aunque esa es ya una faceta que cada vez nos atrae menos por aquello de ir eliminando peso y preparar los desplazamientos con el mínimo de engorro posible. Impresiona la limpieza y, sobre todo, el estado de los servicios sanitarios. ¡Qué contraste con Barcelona o Madrid!
Otra sorpresa te la llevas con las cintas transportadoras o las escaleras mecánicas: de las decenas utilizadas nunca hubo una averiada, una constante que se da en Europa con bastante frecuencia.
La observación de las instalaciones en profundidad nos dará también otro mensaje: obra hecha con intención de durabilidad, ni una losa rota, ni una simple raja en las paredes, ni una pintada en las instalaciones. ¡Chapeau!
Y finalizaremos con estas reflexiones aludiendo a la educación [la falta] sobre todo de los individuos de determinados países que se consideran cultos y por encima de todos. ¡Cuánto engreído y cuánta soberbia encierra el viejo continente! ¡Qué poco hemos aprendido de nuestra cotidianidad!
Al compartir mesa -cada vez quedan menos de dos o cuatro comensales-, la empresa gestora de la naviera sigue implantando su visión y eliminando espacio de intimidad, para eso tienes tu camarote… Así que la mayoría de las veces te toca compartir y aprender. Fue el caso de los brasileños o los coreanos con los que mantuvimos unas comidas ricamente adornadas con un diálogo fluido, risas compartidas y simpatía para todo lo que quedaba por delante. Alemania, curiosamente, era la nacionalidad más sosa que nos tocó en varias oportunidades ¿por qué será?
Ver la anterior entrega:
Juan Franco Crespo: «Reflexiones viajeras: pinceladas asiáticas, 1/2





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