El camino que lleva a Montevive ::LEANDRO GARCÍA CASANOVA

Leandro García Casanova: «Por el camino de Montevive»

A las 7:30 de la mañana del domingo, tres de septiembre de 2003, un amigo y yo subimos por la Cuesta Blanquilla mientras que un gatillo negro abandonado nos contempla desde un solitario solar. Dejamos atrás las últimas casas de Las Gabias y nos adentramos por los montes. Pero lo que nos llama la atención, a esta temprana hora, es la caravana de turismos que se ven por la carretera de La Malahá: salen de las dos discotecas cercanas, en medio de pitidos de claxon, voces de borrachos y música rockera a todo gas. Un coche va haciendo eses, con el riesgo de colisionar con los que vengan de frente, y un solitario chaval camina por el arcén en dirección a Las Gabias. No se le ve muy católico. Es un espectáculo ver la marea de vehículos que se dirigen a Granada, a dormir la mona, después de estar toda la noche de juerga. Bebiendo y soplando. La Guardia Civil de Tráfico podía hacer una excelente labor de reeducación vial, siguiendo las instrucciones del Pere Esteve, como la inmediata retirada del carné de conducir. La pareja no tiene nada más que ponerse en la carretera y parar a los sospechosos.

Sierra Nevada entre almendros y olivos ::LGC

Poco después, desde lo alto de un monte, observamos a los conejos correteando por la Rambla de la Cañada Honda, un auténtico vertedero clandestino donde echan los cascotes de las obras, sin que el Ayuntamiento de Las Gabias mueva un dedo. Subiendo a Montevive también se pueden ver sofás, muebles viejos y toda clase de trastos y electrodomésticos tirados a un lado del camino. Un poco más arriba, las vistas son impresionantes: Granada aparece al fondo y, más acá, lo que queda de la Vega; a la izquierda Cúllar y Santa Fe, y a mano derecha, Sierra Nevada con los pueblos desparramándose por las laderas. Mientras tanto, a nosotros nos espera un camino de polvo y sudor, pues la temperatura rondará los 20 grados. A un lado dejamos el camino a la finca del Cortijo de Malpasillo y, en cuestión de una hora, llegamos a Montevive. Pero ya no es aquella montaña orgullosa y esbelta, de 971 metros de altitud, que se asemejaba a los pechos de una mujer. Ahora ni siquiera es un monte: es una masa de tierra informe, mutilada y vaciada en la parte superior. A Montevive hace tiempo que lo descuajaringaron: esto es, le extrajeron el corazón con las retroexcavadoras.

Mina de Montevive ::Javier Flores

A la izquierda hay explanadas, con taludes por donde van echando la tierra y las piedras, algunas enormes, que extraen de sus entrañas. Y en la parte posterior, mirando a La Malahá, se encuentra la mina mientras queen la cima del monte sobreviven a duras penas dos encinas centenarias. Cuando contemplábamos, asombrados, a la mítica montaña de color de cobre, una bandada de perdices empezó a corretear por un sembrado. Seguidamente, otra bandada de cuervos –también anida aquí una colonia de búhos reales y zorros– pareció desaprobar nuestra presencia con sus escandalosos graznidos y, batiendo las alas, desaparecieron en un instante. Los cuervos vienen de la Vega de Granada y, a veces, al amanecer veo a la bandada volar por encima de mi casa. Después siguió un silencio sepulcral roto por el agradable canto de una perdiz. Pero el paisaje no puede ser más inhóspito: aparte de la montaña reducida a escombros, llaman la atención los carteles, vallas y torretas. Nada menos que tres vallas altas cerrando el paso a los visitantes y curiosos, a pesar de que el monte es público en la parte no afectada por la mina. Y en cuanto a los carteles, me entretuve en copiarlos. Éste prohíbe el paso a todo tipo de vehículos, aquellos dos, en letras negras, advierten: “Cantera, peligro explosivos”. Como las vallas nos impiden el paso, vamos bordeando la montaña y, cada centenar de metros, avisan del peligro de explosivos.

En el cerro de al lado, hay una fosa en el suelo donde yace semienterrado un perro. Está boca arriba y con las patas señalando al cielo, pues ni siquiera se molestaron en taparlo con tierra. Al fondo del barranco se ven dos vehículos de cazadores, con sus respectivas perreras. Un poco más allá, varias hectáreas de terreno están aplanadas por las retroexcavadoras. ¿Qué irán a hacer aquí, en este sitio tan contaminado por el estroncio? Los escopetazos se oyen cada vez más cerca y, al poco, dos hombres rastrean con sus perros las laderas del monte cercano. Vamos rodeando la montaña, pero todo es un inmenso talud de unos 50 metros por donde van arrojando las piedras de desecho. Subimos a una loma y de pronto aparece la extensa llanura de la Comarca del Temple, mientras que a la derecha está el caserío blanco de La Malahá. Hace rato que un olor denso y fétido flota en el aire: viene de abajo, donde se encuentra la Planta de Reciclaje de Alhendín, que transforma la basura doméstica en compost, un abono para las plantas. Emprendemos el regreso, pues el calor aprieta, y me fijo en las tres torretas alrededor de Montevive que serán de Telefónica y de alguna emisora de radio.

Al fondo Montevive y la A-44 por debajo ::LGC

Conforme bajamos, el corazón de Granada parece retumbar por sobre la Vega: ¡pom, pom, pom! Es el ruido del tráfico de vehículos, de las fábricas, de la maquinaria, en suma, el bullicio de la humanidad.Dos bandadas de aves –unas cincuenta o sesenta– se entretienen dibujando círculos en el cielo. Son enormes, como las águilas perdiceras, y comprobamos que tienen el pico curvo. Su plumaje es negro, mientras que por el vientre y bajo las alas es de color gris. Nunca habíamos visto tantas aves juntas, las contemplamos con los prismáticos cuando se posan en las copas de los almendros cercanos. Unos días más tarde llamé por teléfono a ‘Flora y Fauna’, de la Delegación de Medio Ambiente, donde me informaron que no saben nada de la bandada de aves, pero pueden ser águilas ratoneras, ya que en este tiempo emigran a África por el Estrecho de Gibraltar. El espectáculo es impresionante: ver a tantas águilas juntas, dibujando círculos en el cielo y posándose después sobre los resecos almendros de estos parajes, para hacer un alto en su viaje de miles de kilómetros a África.

En 2005, la Consejería de Medio Ambiente elaboró un informe, donde textualmente se lee: “La mina de la Aurora es la mayor devastación provincial en un área de estas características, y la montaña de Montevive ha sido transformada en una escombrera… En más de 50 años de actividad no se ha restaurado nada”.

Dos años después de escribir este borrador, en octubre de 2005, se produjo un accidente de circulación, en una curva, entre Las Gabias y Churriana de la Vega. Un vehículo se estrelló contra el muro de hormigón, de un chalé, fallecieron tres jóvenes de Churriana y otro quedó en estado crítico. Pasado un tiempo, la Guardia Civil hizo controles los fines de semana en la carretera y desde entonces dejaron de venir centenares de jóvenes a las discotecas. La Rambla de la Cañada Honda y el camino también dejaron de ser vertederos, donde tiraban los escombros y los muebles viejos. El pasado siete de marzo subí por el camino de Montevive hasta la Autovía A-44, conocida como Autovía de Sierra Nevada-Costa Tropical, que conecta Bailén con Motril. Crucé el puente para los peatones y desde aquellos parajes se divisa a lo lejos la impresionante montaña de Montevive, con sus dos centenarias encinas (como si fueran eternos guardianes), pero dejé para otro día subir más arriba pues el camino estaba intransitable por el barro.

Lo cierto es que, subiendo y bajando por el camino de Montevive, no oí el runrún de los vehículos y de las máquinas, como veintitrés años atrás, porque ha disminuido bastante el tráfico en la antigua carretera de Bailén-Motril y en las carreteras cercanas, debido a que el metro llega hasta Armilla. También ha desaparecido la negra capa de contaminación atmosférica que se veía por encima de los edificios de Granada (era una de las ciudades más contaminadas de España), al disminuir la circulación de los vehículos, mientras que en Las Gabias también cerraron los centenarios tejares, que elaboraban ladrillos para la Alhambra. El tráfico de la Autovía A-44 se oye conforme subes por el monte, al mismo tiempo que el paisaje te ofrece unas vistas espectaculares de Sierra Nevada, que se alza en el horizonte. Como había llovido de forma intensa el día anterior, el camino estaba embarrado, hasta un turismo se había quedado inmovilizado debido al barro en una orilla. Hacía años que no subía por aquí, pero ahora en este paisaje semidesértico están los almendros en flor y le dan el aspecto de una postal. Al lado de la autovía, en las laderas de los montes, se ven numerosas madrigueras de las liebres mientras que en los ribazos del camino hay agujeros más grandes donde se refugian los lagartos y zorros.

Las Gabias y al fondo, Granada ::LGC

Copio estos párrafos del artículo: “Montevive, la desconocida y estratégica mina de celestina de la cuenca de Granada”, de Noemí Ariza Rodríguez, publicado el 8 de diciembre de 2022, en El Independiente de Granada.

“Pocos granadinos tienen constancia de que el yacimiento de mineral de celestina de Montevive, situado en las intersecciones de los municipios de Las Gabias, La Malahá y Alhendín, es la mayor reserva de Europa de este mineral inerte de estroncio, incluido últimamente como mineral crítico en Unión Europea por sus notables aplicaciones en el campo de la electrónica, telecomunicación, informática (pantallas de TV, ordenadores, radar, semiconductores, dieléctricos, resistores, monocristales), metalurgia, aleaciones (moldes, productos de soldadura, tratamiento de aceros, refinado electrolítico), electrólisis del zinc, automoción y otras como imanes permanentes o acumuladores eléctricos. Es por ello que desde los departamentos de Mineralogía y Petrología e Ingeniería Química de la Universidad de Granada surgió el interés por un estudio en conjunción con la empresa Canteras Industriales S.L., la empresa que explota la mina, que ha sido publicado recientemente en la revista Minerals (…).Canteras Industriales S.L. que tiene la concesión minera de explotación, tiene como principios conseguir el mayor aprovechamiento aplicando técnicas respetuosas con el medio ambiente”.

Es evidente que, casi un cuarto de siglo después, hay menos contaminación acústica y atmosférica en el Área Metropolitana de Granada, a la vez que también ha mejorado el medio ambiente.

Leandro García Casanova

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