Lo encontramos en Navidad, durante un paseo por la ciudad de Cádiz. El mar estaba quieto y gris, las calles parecían susurrar historias antiguas y el frío invitaba a caminar despacio, como si el tiempo también quisiera acompañarnos. Las luces que adornaban la ciudad nos deslumbraban pero hay luces en este camino que sí nos iluminan. Así llegamos a La Clandestina Librería-café, ese lugar donde caben muchos otros: librería, espacio cultural, refugio y punto de encuentro.
Allí, entre el café caliente y los libros que piden ser abiertos, hicimos una elección compartida. Un grito por la infancia de Gaza (Editorial Now Books). No fue una compra: fue un acuerdo silencioso. En el lugar, contrastaba la cercanía de los que allí habitaban el espacio con la reivindicación de los libros que copaban sus escaparates.

Hay libros que no se leen, se atraviesan. Este es uno de ellos. Desde el título, el grito deja de ser metáfora para convertirse en presencia. Un grito tejido con voces de periodistas, expertos y testimonios escritos desde dentro, bajo los bombardeos. Txell Feixas Torras y Cristina Mas Andreu sostienen este relato coral con una claridad ética que no se esconde: aquí la palabra toma partido porque el silencio también hiere.
Las páginas avanzan como pasos sobre escombros aún tibios. Las imágenes del fotógrafo palestino Fadi A. Thabet no acompañan el texto: lo interrumpen, lo rasgan. La infancia de Gaza aparece sin distancia ni consuelo. Niños y niñas alcanzados antes de poder nombrar sus sueños, cuerpos pequeños cargando undolor que no les pertenece. El libro insiste en una verdad incómoda: no es una crisis pasajera, es un trauma profundo que se incrusta en generaciones.
La estructura fragmentaria, palabra, imagen, testimonio, construye una memoria que se resiste al olvido. Cada página es denuncia y cuidado a la vez. Y, aun así, incluso en medio del horror, el libro no renuncia del todo a la esperanza: una luz mínima, obstinada, que se abre paso entre las ruinas y apunta a la posibilidad de libertad y paz.

Abrir “Un grito por la infancia de Gaza” es volver a la calle con otra mirada. Nuestras ciudades siguen siendo hermosas, el invierno suave, el paseo compartido. Pero algo había cambiado. Tal vez por eso tenía que ser una elección azarosa: porque hay gritos que no se sostienen en soledad.
Hay libros que no se cierran del todo. Este se queda latiendo, acompasando el paso, interrumpiendo la ligereza, recordándonos que mientras caminamos hay otros que no pueden hacerlo. Y una vez escuchado ese grito, una vez aceptado, ya no es posible seguir avanzando como si nada, ni mirar el mundo sin asumir que también nos pertenece la responsabilidad de no apartar la mirada.

Marta Ruiz López
Graduada en Filología Hispánica por la UGR
Profesora de instituto





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