Noelia Castillo ha recibido finalmente la muerte asistida IDEAL

Pilar Mesa Arroyo: «La pérdida de Noelia es un lamentable espejo en el que mirarnos como sociedad»

En las últimas horas hemos asistido al descubrimiento de detalles de una historia que ya conocíamos. Además, de a un espectáculo bastante lamentable por parte de ciertos medios de comunicación, todo hay que decirlo. El tema no es sencillo, tiene aristas y no permite una opinión tajante exenta de dudas tal y como sucede a menudo.

Todos/as habíamos oído que había una joven que luchaba por conseguir la eutanasia, a lo que su padre se negaba y con el apoyo de abogados cristianos luchaba judicialmente para impedirlo. Finalmente, la joven ganaba todos los juicios a nivel estatal y europeo y lograba su deseo que se materializó el jueves 26 de marzo.

Pero antes de irse para siempre, parece ser que Noelia pidió intervenir en una cadena de televisión para contar algo de su historia y razones. A raíz de ello, hemos podido conocer que Noelia fue retirada a sus padres con trece años porque no la cuidaban adecuadamente. Años después, fue violada por un exnovio y además sufrió una violación grupal en una discoteca. Tras lo cual intentó suicidarse tirándose por un quinto piso a consecuencia de lo cual quedó parapléjica y con enormes dolores. Ante su solicitud de eutanasia los comités de expertos y los tribunales han defendido su causa y le han concedido el derecho a ella.

Sobra, desde luego, en todo este lamentable caso la búsqueda de morbo, la invención de bulos, el espectáculo en la puerta de la clínica por parte de un grupo de devotos y la intervención de un abogado que ya había sido rebatido en los tribunales. Estos añadidos al asunto son repugnantes ya que no respetan la voluntad de una persona ni la decisión de los expertos y la justicia.

Y es que algunos representantes políticos de partidos que se presentan a las elecciones en este país se han permitido difundir el bulo de que fue violada por menores extranjeros lo cual es incierto pero parece que se puede mentir gratuitamente y no sucede nada, nada ni nadie les penaliza.

El caso es tristísimo, qué duda cabe y nos pone delante el espejo de una sociedad que no funciona en muchos aspectos. Nos topa de cara con la triste realidad de hijos/as que no son tratados de una manera mínimamente digna por sus progenitores, a quienes la administración les retira la tutela para pasar a manos del estado, el cual no parece atenderles todo lo adecuadamente que sería deseable. Al triste caso, se le añade la violencia sexual sufrida en absoluto bien atendida. Justamente hace unos días, la Fiscal de Sala contra la Violencia sobre la Mujer destacó que «el 100% de las mujeres que han denunciado una violación no la volvería a denunciar» debido a la falta de confianza en el sistema judicial. 

A toda esta serie de tragedias se le suma la absoluta falta de atención psicológica que se presta a la salud mental en este país y el resultado es la tragedia y el fracaso que supone que una persona no quiera vivir, decida suicidarse y quede parapléjica. No nos engañemos, aunque a veces nos vendan la idea de que vivimos en un mundo perfecto, la verdad es que hay familias con problemas, sin recursos, menores abandonados y no hay soluciones adecuadas para ellos. Asimismo, ante los problemas de salud mental no existe la prevención ni la atención generalizada para personas que no tengan importantes recursos económicos.

Ante la solicitud de la mujer de acogerse a la ley que ofrece la posibilidad de una muerte digna en determinados casos, se ha dado la paradoja de que quiénes debieron dar cariño y unos cuidados mínimos a su hija en el pasado y en el presente ni lo hagan ni lo hicieron pero sí se afanen en luchar para robarle a la chica su derecho.

Téngase en cuenta que también habría que investigar en qué circunstancias vivieron esos padres. A muchos representantes políticos de ciertos partidos o generadores/as de opinión les encanta hablar de libertad, de buscarse la vida y de sálvese quien pueda pero cuando tenemos a menores, ciudadanos/as o familias abandonados a su suerte y surge la barbarie se echan la manos a la cabeza, fingen no entender nada, hacen brindis al sol y se presentan como salvadores del mundo. Si gestionaran lo harían de seguro mucho peor de lo que se hace ahora para la mayoría (podemos verlo en el ejemplo argentino) que, a ojos vista, es insuficiente.

Lo que más nos toca de todo este caso es que, aparte del dolor físico y de la irreversibilidad de la dolencia, hay algo más manifestado en sus últimos días por la chica, el deseo de huir de su familia y de un sufrimiento, lo que hace que nos quede poca duda para pensar que este no solo era físico. Ante ello, podemos pensar que si su deseo era morir probablemente lo hubiese podido lograr incluso por otra vía y que tenemos una ley a la que acogerse en casos graves de dolor e irreversibilidad de dolencias. Aun con muchas dudas, con enorme pena e incluso con culpabilidad como sociedad, respetemos el deseo de esta mujer y que descanse en paz.

El resto de acusaciones absurdas y de búsqueda de soluciones expeditas sobran. Justamente aquellos que niegan la existencia de la desigualdad de género y de la violencia machista y que son abanderados de la libertad para dejar morir de hambre y de enfermedad a quienes no tengan suficientes recursos económicos no se van a erigir ahora en defensores de la vida en estos casos ni en ninguno porque además son los abanderados de la guerra y los genocidios que tantas vidas cuestan y por las que no se llevan las manos a la cabeza sino que las aceptan como “cosa natural”, que diría Bertold Brecht.

Lo que queda en nuestras manos y conciencia es no dejar de luchar por la protección de los menores, la atención a la salud mental pública (actualmente prácticamente inexistente) que asegure el cuidado de todos/as independientemente de la necesidad de poseer importantes recursos económicos, y la prevención y atención a las víctimas de violencia machista. Ahondemos y abundemos en ello y no huyamos en la dirección contraria.

Pilar Mesa Arroyo

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