Ramón Burgos: «Impostura»

Vuelve a la realidad diaria un fenómeno más común de lo que parece. Entiendo que a muchos nos ha pasado alguna vez –¿a ti o a mí?–: recibir un reconocimiento, un ascenso o una felicitación y, en lugar de orgullo, sentir un nudo en el estómago. “No lo merezco”, “ha sido suerte”, “cuando se den cuenta, todo se vendrá abajo”. Esta vivencia tiene nombre: “síndrome de la impostura”.

Aunque se le llame “síndrome”, no es una enfermedad ni un trastorno psicológico. Se trata de una experiencia subjetiva que afecta a personas competentes que no logran interiorizar sus propios logros y viven con la sensación persistente de estar engañando a los demás.

Se manifiesta en estudiantes brillantes, profesionales cualificados, docentes, personal técnico, cargos intermedios y directivos. También es habitual en personas que asumen nuevas responsabilidades o entran en entornos exigentes.

Quien vive este síndrome suele atribuir sus éxitos a factores externos: la suerte, el contexto favorable, la ayuda de otros o incluso el error ajeno –en cambio, los errores son interpretan como pruebas definitivas de incompetencia–. El resultado es una sensación continua de provisionalidad.

Las causas no son únicas. Influyen factores como: una educación basada en la exigencia extrema o en la comparación; entornos laborales o académicos muy competitivos; la falta de reconocimiento claro o de retroalimentación equilibrada; o los cambios de rol: ascensos, oposiciones, nuevas funciones.En estos contextos, la duda interna puede crecer incluso cuando los resultados objetivos son positivos.

Si se prolonga en el tiempo, este “indicio” puede afectar al bienestar emocional: ansiedad, estrés crónico, bloqueo profesional o dificultad para disfrutar de los propios logros. No impide rendir, pero sí impide sentirse legítimamente competente.

Con todo, y teniendo en cuenta lo reflexionado, lejos de ser una señal de incapacidad, esta “manifestación” suele ser el reverso de la responsabilidad, la autoexigencia y el compromiso. Reconocerla no debilita: al contrario, es una forma de recuperar una relación más justa con el propio mérito.

Ramón Burgos Ledesma

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