Escucho, más a menudo de lo que deseara, la voz –curiosamente altisonante– de algunos conciudadanos en demanda de concordia, conciliación, unión.
La obsesión por el sosiego –especialmente el interior– en España ha convertido la tranquilidad en un valor casi absoluto, hasta el punto que muchas veces se antepone al ejercicio activo de los derechos como parte esencial de una democracia madura. Esta “paz”, entendida no como convivencia justa sino como ausencia de ruido, se ha ido instalando en el imaginario colectivo como un bien que conviene preservar a cualquier precio, incluso cuando ese precio es la renuncia silenciosa a reclamar lo que corresponde.
No se trata de un impulso espontáneo ni de un rasgo menor del carácter nacional. Es el resultado de una memoria histórica cargada de fracturas, violencia y cansancio social. Tras décadas de enfrentamientos, dictadura, terrorismo y crisis encadenadas, la ciudadanía ha aprendido –¿hemos?– que la estabilidad es frágil y que el conflicto puede derivar en consecuencias imprevisibles. De ahí que la “quietud” se haya convertido en refugio y, a la vez, en frontera: un espacio cómodo desde el que observar la realidad sin implicarse demasiado en su transformación. Así, la crítica se diluye, la exigencia se aplaza y el poder –siempre atento a los vacíos– encuentra un terreno fértil para operar sin vigilancia alguna.
Deberíamos entender que esta dinámica –¡quiero estar seguro!– no implica por nuestra parte desinterés político ni falta de valores cívicos, sino una forma –¿improcedente?– de resignación práctica. Se participa lo justo, se opina con cautela y se evita cruzar ciertas líneas para no alterar una normalidad que, aunque imperfecta, resulta soportable. La democracia, sin embargo, no se fortalece en la comodidad, sino en la tensión controlada entre instituciones y ciudadanía, entre legalidad y legitimidad, entre obediencia y contestación.
Pero, no lo olvidéis en ningún caso: una sociedad madura no es la que evita el desacuerdo, sino la que sabe gestionarlo sin miedo.





Deja una respuesta