Adora la gitana
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (18)
Hacía tiempo que no había estado yo por allí, por Tafia. Porque, al igual que Emilio y sus hermanas, yo también había estado oxeando pájaros de chiquillo con el pariente de mi padre, Francisco Morcillo Bullejos. El ambiente era el mismo: la lima, levantada de los arroyos por el aire, se filtraba alcanzado las partes…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (17)
Con respecto a la enseñanza, Lourdes y Encarna no aprendieron nada en esos tres meses con doña Eugenia. Tampoco con don Esteban, un hermano de Rafael Ramos que, aunque no tenía título como docente, estaba muy puesto en matemáticas y les estuvo dando clases en el turno de tarde-noche. Un día, de regreso de la…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (16)
Había en esta Casería del Royal un gato con alas que, en solitario, no dejaba a ningún ser vivo de la naturaleza anidar en su hábitat. La habilidad de trepar por paredes y árboles era de tal magnitud de alcance que no había ningún pajarillo, por muy astuto que fuera, que no sucumbiera a sus…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (15)
Lourdes y Encarna ya habían dejado de jugar a los distintos juegos tradicionales que les habíamos enseñado de los niños del pueblo. Ahora ellas, ilusionadas con otras novedades, hacían como una rayuela de cuadritos delante de la choza y el haza de Molinero, e invitaban a la hija menor del pocero o a las que…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (14)
Al poco tiempo vino al mundo Juan Carlos, que sería el último de los hijos que Adora alumbró en aquella cabaña artesanal de techumbre ahumada. No sé si fue un verdadero privilegio ponerle al recién nacido el nombre del futuro rey, pero el caso es que el gitanillo nació con lo que nosotros creíamos que…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (13)
Mi madre tenía por costumbre, pues sabía lo que más nos gustaba a mi hermano Manuel y a mí, prepararnos como almuerzo una generosa cantidad de tortas de huevo y harina en la fiambrera que ocupaba el centro del cesto. Era la especialidad en su cocina. Las exquisitas tortas se habían convertido para nosotros en…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (12)
Ya estaba todo dispuesto en la puerta de la choza para empezar, cuando Adora advirtió que toda la mimbre que había preparado el día anterior había desaparecido: «¿Qué será? ¿Qué no será?… ¿Habrá sido Rafael el que no quiere que trabaje más hasta que me vea más repuesta? ¿O habrán sido mis niños, que les…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (11)
Ante tanto alboroto, mi hermano Manuel y yo cogimos a la cabra del ronzal del pescuezo y, entre los dos, pudimos amansarla y encerrarla atada en el gallinero hasta que la gente se tranquilizó y se dispersó. Fue entonces cuando Adora reaccionó y comprendió la actitud de la cabra, ese instinto animal que se arriesgaba…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (10)
Fueron unos seis largos meses los que estuvo Adora internada en este Hospital de la Virgen. Volvió a su casa ya recuperada y lo primero que hizo, sin saludar a nadie, fue preguntar por sus mellizas, porque aún no sabía si la estaban engañando para que no volviera a recaer. Y fue María quien le…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (9)
En ese tiempo de incertidumbre y amargura en la familia gitana, mi amigo Miguel Espigares me pidió que lo acompañara al cortijo de Los Guindos, donde su hermana Concepción trabajaba en la confección del lino y el cáñamo. Tenía que llevarle el almuerzo y no quería ir solo. La idea me gustó. Allí había máquinas…




