Maracena
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (22)
Ya no había necesidad de hacer este camino al que tanto le habíamos dedicado. Toda nuestra experiencia y trabajo en el cultivo de estas tierras, donde todo había que transportarlo al hombro: simientes, arado, rastrón y demás herramientas necesarias para la labranza. No obstante, por instinto personal, añoranza o nostalgia, o quién sabe…, había días…
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Memoria del cultivo del tabaco en Maracena (Desde las vivencias de Francisco Ávila, ‘Paquito el Poleo’)
Los seres humanos damos sentido a nuestra existencia en la medida que no olvidamos los hechos y experiencias acaecidas a lo largo de nuestras vidas. Nuestra historia personal es, en consecuencia, un proceso de reflexión sobre nuestro pasado, que nos permite actuar en el presente y proyectarnos en el futuro. La suma de las memorias…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (20)
Llegamos allí sobre las doce de la mañana cuasi cuasi, como decía Adora mirando al sol. La primera que salió a saludarnos fue la cabra… Aunque ella ya conocía a los dos perros, Culculina y Bizcocho, porque mi padre, siempre que bajaba a cazar las codornices en los rastrojos, se pasaba por la finca del…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (19)
Por el 1953 mis hermanos mayores ingresaron en el Centro de Fermentación de Tabacos. Ya eran pocas las veces que bajábamos a hacer alguna faena al haza del rio. Mi padre, ante el hecho de no poder contar con ellos dos —tampoco conmigo, ya que estaba trabajando de fijo en casa de mis tíos—, optó…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (19)
Por el 1953 mis hermanos mayores ingresaron en el Centro de Fermentación de Tabacos. Ya eran pocas las veces que bajábamos a hacer alguna faena al haza del rio. Mi padre, ante el hecho de no poder contar con ellos dos —tampoco conmigo, ya que estaba trabajando de fijo en casa de mis tíos—, optó…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (18)
Hacía tiempo que no había estado yo por allí, por Tafia. Porque, al igual que Emilio y sus hermanas, yo también había estado oxeando pájaros de chiquillo con el pariente de mi padre, Francisco Morcillo Bullejos. El ambiente era el mismo: la lima, levantada de los arroyos por el aire, se filtraba alcanzado las partes…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (17)
Con respecto a la enseñanza, Lourdes y Encarna no aprendieron nada en esos tres meses con doña Eugenia. Tampoco con don Esteban, un hermano de Rafael Ramos que, aunque no tenía título como docente, estaba muy puesto en matemáticas y les estuvo dando clases en el turno de tarde-noche. Un día, de regreso de la…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (16)
Había en esta Casería del Royal un gato con alas que, en solitario, no dejaba a ningún ser vivo de la naturaleza anidar en su hábitat. La habilidad de trepar por paredes y árboles era de tal magnitud de alcance que no había ningún pajarillo, por muy astuto que fuera, que no sucumbiera a sus…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (15)
Lourdes y Encarna ya habían dejado de jugar a los distintos juegos tradicionales que les habíamos enseñado de los niños del pueblo. Ahora ellas, ilusionadas con otras novedades, hacían como una rayuela de cuadritos delante de la choza y el haza de Molinero, e invitaban a la hija menor del pocero o a las que…
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Francisco Ávila: ‘Adora la gitana’ (14)
Al poco tiempo vino al mundo Juan Carlos, que sería el último de los hijos que Adora alumbró en aquella cabaña artesanal de techumbre ahumada. No sé si fue un verdadero privilegio ponerle al recién nacido el nombre del futuro rey, pero el caso es que el gitanillo nació con lo que nosotros creíamos que…




