Juan Antonio Haro presenta su último poemario, ‘Dúrcal 1957’

“He escrito otros libros, pero éste es uno que siempre ha estado ahí, escondido, buscando y esperando. Ahora con la ayuda del ayuntamiento del Dúrcal, a pesar de los tiempos de crisis, ha tenido la oportunidad de salir a la luz”, nos comenta con satisfacción al mismo tiempo que nos aclara que el “título no dice nada y dice mucho” pues está relacionado con sus recuerdos escolares en concreto con un maestro, “hombre bondadoso que tenía su método especial, de los pocos que en aquel tiempo no usaba la vara, que cada día comenzaba las clases pidiendo que algún alumnos escribiera la fecha en la pizarra y claro un día y otro poniendo “Dúrcal 1957” se le quedó grabada esta fecha que le parecía muy bonita para “una recopilación de recuerdos de los que han permanecido en la memoria de mi mente de niño”.

El hijo de Antonio 'Roero' y María 'La Pitica' en su etapa de escolar
El hijo de Antonio ‘Roero’ y María ‘La Pitica’ en su etapa de escolar

Las 112 páginas de este libro de 33 poemas a los que ha añadido algunos textos de amigos se reparten en seis capítulos dedicados a la escuela, el pueblo, el campo,… con los que ha pretendido hacer una cosa nueva. “Mi idea era aprovechar esas vivencias y transformarlas en verso para recordar personas anónimas, rincones, monumentos…” reconoce. También justifica su predilección pues “no sé lo que me pasa pero si quiero hacer un cuadro busco la pintura más rara y si quiero hacer una escultura elijo el material más extraño como las calabazas y si deseo escribir no me conformo con hacerlo de forma sencilla sino que recurro al verso con su ritmo y su rima, pues me gusta trabajar las cosas a fondo y no lo puedo evitar”.
 

Curiosa foto

Tamién explica que con ello pretende que lo lea “toda la gente de mi pueblo, incluso la que no ha podido recibir formación, que su lectura le resulte sencilla y atractiva”. Tras dos poemas utilizados a modo de  introducción (Mi pueblo, Mi casa), le sigue un capítulo dedicado básicamente a la escuela, los maestros, las pandillas, los juegos que titula ‘Mistos de correilla”, especie de cerillas realizados con tiras de cartón impregnadas en un extremo con fósforo, que comienzan con poemas como ‘Mocos y legañas” que refleja la situación de penurias y pobreza de aquellos tiempos que contiene dos fotos: la de un equipo de fútbol de 1960 y los mismos jugadores en la misma posición 53 años después.

El equipo de fútbol en una foto del verano de 1960
El equipo de fútbol en una foto del verano de 1960
Los mismos 'jugadores' 53años después: (De pie) Valero, Roero, Percha, López Puerta, El Quiles y Manolo Márquez. Agachados: Chupete, El Táviro, El Niño Bonito, El Sastrecillo y Pidelumbre.
Los mismos ‘jugadores’ 53años después: (De pie) Valero, Roero, Percha, López Puerta, El Quiles y Manolo Márquez. Agachados: Chupete, El Táviro, El Niño Bonito, El Sastrecillo y Pidelumbre

En el segundo capítulo ‘En un lugar de la plaza’ recupera este espacio que para los niños lo simbolizaba todo: la fiestas, los  juegos, las celebraciones sociales, puestos de venta de melones y dos personajes muy importantes para el poeta, conocidos por todo el pueblo como son ‘La Rorra’, una mujer emblemática que vendía chucherías bajo la  cartelera del cine donde siempre estaba sentada en su silla con su cesta de  pipas, caramelos,… El otro singular personaje es el cojo Garraspiche que tenía un pequeño kiosco de menos de dos metros cuadrados  donde vendía también chucherías y los periódicos junto con las colecciones de cuentos y tebeos  del Jabato o El hombre enmascarado.

En el tercer capítulo titulado ‘De sol a sol’ aparece otro curioso personaje, Juan Ibáñez, apodado ‘Carillahierro’ del que no sabía dónde vivía ni a qué se dedicaba pero cuya imagen le ha quedado grabada y recuerda nítidamente: “un hombre que al atardecer aparecía con la burra de reata y una cabra detrás y que representa a gente de Dúrcal o de cualquier otro pueblo que pasa por la vida completamente desatendido y sin dejar rastro”. Es esto lo que le ha movido a incluirlo en este capítulo en el que dedica otros poema a los regadores, los segadores, complementado con la narración ‘La risa del lagarto’ de Antonio Mejías Melguizo, al que califica como “poeta como la copa de un pino” al que agradece su aportación al igual que a Manuel Iglesias, que tuvo que abandonar el colegio cuando por la lección del ‘Aviador’ y a Juan de Dios González por su colaboración incondicional. Se han editado mil ejemplares de este poemario que se repartirán de forma gratuita a los asistentes al acto de presentación y el resto quedarán para la venta a través de la Asociación Cultural Almósita de Dúrcal.

Juan Antonio está trabajando ya en su próximo poemario: 'El Toril, entre el Espinar y Peñamaura'
Juan Antonio está trabajando ya en su próximo poemario: ‘El Toril, entre el Espinar y Peñamaura’

Del Pilar del Mono a la cazuela serrana

También reserva varios poemas a otros personajes curiosos de Dúrcal en el capítulo que titula ‘La Cuesta de la Valdesa’, cercana al conocido Pilar del Mono, donde los usuarios de la carretera N-323 solían detenerse a llenar agua en cuya zona vivían ‘Colirio’ y ‘Antoñirre’, en tanto que en el siguiente titulado ‘Ave María Purísima’ nos presenta a Don Evaristo, el médico que siempre saludaba con estas palabras cuando entraba a las casas para visitar enfermos y ayudarles si estaban en extrema necesidad.

En el último capítulo abandona la población para dirigirse a la sierra. Lo titula ‘Al norte de Peñagallo’ y recoge uno de sus poemas más intensos ‘La choza’, varias serranillas y el curioso poema dedicado a la cazuela serrana “esa joya culinaria elaborada a partir de una raspa de bacalao, un diente de ajo, un trocito de tocino, una patata cortada, un puñado de arroz, el agua y un tomate asado”.

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