Pedro López Ávila: «Crimea, un polvorín»

En todas las guerras de la historia existen, más o menos enmascaradas, motivaciones de tipo económico y como quiera que siempre las escriben los vencedores desde la oficialidad y los vencidos desde la clandestinidad, nos vamos a topar con versiones encontradas, no sólo por parte de los historiadores, sino de los propios analistas, según sean oficialistas o del bando contrario.

El caso es que con la caída del muro de Berlín el 10 de noviembre de 1989, conocida en Alemania con el nombre del cambio, supuso el debilitamiento de la Europa comunista, el avance del capitalismo y la coexistencia relativamente pacífica entre los E.E.U.U. y Rusia.

Prácticamente todos los países de la antigua URSS fueron cambiando sus economías comunistas a economías de mercado, ante el debilitamiento de las primeras, en las que no sería exagerado decir que había comenzado una nueva etapa en nuestra historia contemporánea.

El problema, a mi parecer, comienza, cuando las mafias de estos países llegan a establecerse en el poder, de tal suerte que surgen individuos de la talla moral e intelectual como el ex presidente de Ucrania, Yanukovich, cuyo pasado está más ligado a pertenencia a bandas criminales que a la política y al ejercicio democrático.

El estallido social surge como consecuencia del abusivo enriquecimiento de sus amiguetes, allegados, familiares y el suyo propio, mientras los trabajadores empeoran alarmantemente en sus condiciones salariales, de trabajo y, por supuesto, morales e intelectuales.

Crisis de Crimea (en el mapa, en color negro), Ucrania (en verde) y Rusia (rosado). Fuente: Wikipedia

Así,  no es de extrañar que Crimea, independientemente de los ocultos intereses económicos que pudiera tener Rusia sobre la zona, así como su situación geopolítica, económica y estratégica internacional, haya dicho a a los ucranianos que os den, me quedo como estaba, preferimos seguir adheridos a Rusia y a sus mafias, cuyo paraguas es más ancho que la de estos aprendices a oligarcas.

“Una región, de apenas dos millones de habitantes, va a situar al mundo occidental en una grave encrucijada, cuyas consecuencias son difíciles de aventurar. Estemos atentos”.

No debemos olvidar, por otro lado, que en Crimea la mayoría de la población es Rusa, que el menda en cuestión es pro ruso, que en su afán de ganarse adeptos promulgó en Ucrania como segunda lengua oficial el ruso y que utilizó el fútbol como herramienta  de cohesión social, pero con el objetivo de que algunos blanquearan y evadieran capitales.

Son, por tanto, en muchos países de la antigua URSS, mafias perfectamente estructuradas, con sus nuevos idearios de esclavitud, las que dominan y en las que se desenvuelven estos peligrosísimos delincuentes de guante blanco, que buscaban la alternativa al agotamiento del sistema comunista para amasar auténticas fortunas en connivencia con los estados.

A partir de ahora vamos a ver muchos más casos como los de Crimea, pero que no se engañe nadie, si los intereses económicos de los nacionalismos importan poco o nada importan a la oligarquía financiera internacional, estarán condenados al fracaso.

Cuando todo parecía anunciar un ambiente de esperanza de una Europa unida, el triunfo de la unidad económica y política del viejo continente, las dos ideologías rivales -capitalismo y socialismo- habían llegado a su fin y  determinadas actitudes combativas entre ambas se reconciliaban; la consolidación de la burguesía de clase media -estabilizadora de los sistemas- parece que ha llegado a su fin.

El panorama económico y social ante el que nos encontramos no puede ser más desolador: recesión endeudamiento exterior por encima del PIB, millones de parados, corruptelas en la clase política, empobrecimiento de la clase media, hambruna y convulsiones sociales, que los gobiernos tratan de resolver con el ejercicio de las fuerzas represoras como única solución para atajar momentáneamente  los problemas.

Ahora tenemos un detonante perfecto para reproducir los  viejos enfrentamientos históricos entre Rusia y el país, que hasta hace muy poco tiempo mantenía la hegemonía económica mundial, E.E.U.U., falta por resolver la incógnita de China.

El conflicto en Ucrania (una población profundamente culta)  y más concretamente en Crimea, no me parece un asunto menor. Creo que es una respuesta contundente a las formas de gobiernos que se proclaman y definen democráticas, pero cuyas prácticas no se corresponden con sus prédicas. Creo, por consiguiente, que no tienen nada que ver con nacionalismos o separatismos exacerbados, sino más bien con una honda crisis direccional del sistema capitalista, que no ha sabido o no ha podido dar respuestas eficaces a las demandas de la población, especialmente por la corrupción de sus dirigentes políticos que de unas formas u otras han caído definitivamente en manos de los mercados

Una región, de apenas dos millones de habitantes, va a situar al mundo occidental en una grave encrucijada, cuyas consecuencias son difíciles de aventurar. Estemos atentos.

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