Ángel Bañuelos: «Homenaje a Miguel Carrascosa Salas»

 

Si el pasado sábado reproducíamos el texto que Esteban de las Heras dedicaba a Miguel Carrascosa Salas, hoy hacemos otro tanto con el que leyó el presidente del Centro Unesco Andalucía, Ángel Bañuelos, en el resalta su doble corazón de alpujarreño y albaicinero y su encomiable labor al frente del Centro Unesco Andalucía.

Querido Miguel, amigos y amigas:

Seguramente conocerán que la Alpujarra tiene tantos corazones como localidades. Así, Lanjarón se encuentra en pleno corazón de La Alpujarra; igualmente, Ohanes, distante cien kilómetros, se encuentra en el corazón de La Alpujarra; lo mismo ocurre con Pampaneira, Tímar, Cherín, Laujar de Andaráx, Murtas o Canjáyar. Todos ellos, situados en el fondo de los valles, en las laderas de las montañas, o en La Contraviesa mirando al mar, tienen su propio músculo cardíaco, de ahí la excelente salud de esta bella comarca.

Quiero señalar, con bastante desacuerdo en ello, que hay quien divide esta multitud de corazones en dos, y hablan de “en pleno corazón de La Alpujarra Granadina y en pleno corazón de La Alpujarra Almeriense”, fruto de la división territorial de España por provincias llevada a cabo por el motrileño Francisco Javier de Burgos; no obstante, es lógico pensar que estos corazones comparten la misma genética, y que por todos ellos fluye la misma sangre alpujarreña.

Cuento todo esto, porque de igual modo, nuestro querido Miguel Carrascosa tiene dos corazones, uno alpujarreño y otro albaicinero, quizás por eso cumple años de forma incansable. Maestro e hijo de maestros, Miguel nació circunstancialmente en Torreperogil, transcurriendo su infancia y juventud en Órjiva, ciudad que le declaró hijo adoptivo en 2006, siendo nombrado cronista oficial de La Taha, lugar que como él dijo fue cuna y hogar de sus mayores, donde trabajaron los hombres y mujeres de su estirpe rural, telúrica, de clara ascendencia y cultura galaico-castellana, y a donde vuelve cada vez que puede para respirar el aire serrano.

Miguel Carrascosa en la bibliotca de su carmen albaicinero ::A.ARENAS

Su corazón alpujarreño dirigió la pluma con la que escribió A las puertas de La Alpujarra, superando con rigor a lo largo de sus páginas, las descripciones hechas hasta entonces por diferentes autores de esta singular comarca. Pero Miguel no se quedó a las puertas de La Alpujarra, se adentró en su historia, geografía y cultura con una nueva obra en dos volúmenes, La Alpujarra, que vería la luz en 1992. Un libro aún no superado que debería ser de obligada lectura para quienes gobiernan y administran el presente y el futuro de esta tierra. Y si La Alpujarra es digna de ser leída, más lo es de ser contemplada, disfrutada; andando por sus calles, atravesando sus “tinaos”, ascendiendo por sus laderas o bajando a las vegas de sus fértiles valles. Para ello, Miguel Carrascosa nos ha dejado la excelente Guía para viajar y conocer La Alpujarra, conteniendo en ella diversas rutas, sus fiestas, sus señas de identidad, y sus diferentes recursos turísticos.

Decía antes, que Miguel tiene dos corazones, uno alpujarreño y otro albaicinero, y si el alpujarreño late por sierras, barrancos, acequias y laderas, el albaicinero lo hace desde lo más profundo del Albaicín, de forma calmada, con el sosiego que produce contemplar la Alhambra desde sus calles y plazas, pero también con los desvelos y los esfuerzos por conservar y proteger un barrio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Ya lo dijo en Poemario del atardecer:

Ay, barrio del Albayzin,
entre el dolor y el quebranto,
están llorando las fuentes,
con el arrayán y el nardo,
porque morirán sus rosas,
si no sabemos salvarlo.

Fruto de su profundo conocimiento del barrio de los halconeros son El Albayzín: datos para la historia; El Albayzín en la leyenda, las tradiciones y la literatura; El Albayzín y su patrimonio; El Albayzín y sus monumentos. Sus páginas nos muestran un patrimonio excepcional y nos invitan a conocerlo de forma pausada visitando sus palacios, conventos e iglesias; recorriendo sus calles desde San Miguel para descender hasta las orillas del Darro; contemplando con asombro la vida cotidiana de plaza Larga, el paisaje que nos brindan San Nicolás, San Cristóbal, y la placeta de Carvajales; escuchando atentamente las leyendas y secretos guardados en los oscuros y frescos aljibes del Gato, del Trillo, de San José, del Rey, el mayor de los aljibes islámicos de Granada.

Su conocimiento, pasión y compromiso con el Abaicín contribuyó decisivamente a su declaración como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1994, como ampliación de la declaración de la Alhambra y Generalife. No puedo pasar por alto que, transcurridos casi veinticinco años de aquella declaración, el auténtico Albaicín languidece entre la presión del turismo y la ausencia del impulso necesario por parte de la Administración Pública para su adecuada protección.

Un alumno de Miguel Carrascosa interviene durante el acto ::A. ARENAS

Miguel comenzó su labor docente en 1944, en el anejo orgiveño de Alcázar. Tiempos difíciles en una tierra olvidada donde el manejo de la azada era más importante que el de las letras. Sería muy prolijo relatar su larga trayectoria, pero quiero destacar su etapa como director del Colegio Público Gómez Moreno, trabajando intensamente en la erradicación del analfabetismo, fomentando la participación de madres y padres de alumnos con la creación de la asociación “Amigos de una escuela mejor”, e impulsando la creación de la Biblioteca Municipal del Albaicín.

En 1994, siendo director general de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza, con quien le une una gran amistad, fundó, junto con un excelente equipo humano, el Centro UNESCO de Andalucía. Durante dieciocho años, Miguel ha trabajado de forma generosa e incansable en la ingente labor en favor de la educación, la ciencia y la cultura que lleva a cabo este organismo de las Naciones Unidas.

Este homenaje, Miguel, no es solo por tus primeros noventa años, lo es también, por tu ejemplo de hombre humanista, comprometido con los problemas de nuestro tiempo; por haber hecho tuyo el mandato de la UNESCO: “la difusión de la cultura y la educación de la humanidad para la justicia, la libertad y la paz son indispensables a la dignidad del hombre y constituyen un deber sagrado que todas las naciones han de cumplir con un espíritu de responsabilidad y de ayuda mutua”.

Gracias, Miguel, por darnos esperanza con tu ejemplo, por defender con la letra y la palabra los valores que nos hacen ser humanos, contribuyendo con ello a vivir en un mundo mejor.

Ángel Bañuelos
18 de septiembre de 2018

 

 

 

 

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