Pedro López Ávila: «Los científicos y la televisión»

Aquí establecer hipótesis razonables de trabajo, a partir del laboratorio o de las autopsias, no va con nosotros, aquí seguimos en el “que inventen ellos”

 

No existe aspecto más aburrido e improductivo que encontrarnos a diario en los programas de TV con una serie de médicos, bioquímicos, farmacéuticos (que no sé si realizan el método de investigación científica), comentando diversos aspectos de este puto virus. Dedicarles tantas horas a estos nuevos tertulianos, sin aportar nada, me resulta trivial, además, de una invitación al desaliento. Yo los llamaría “científicos de la generación de circunstancias especiales”. Cruzan por los platós de TV con más desparpajo que Belén Esteban y se conectan al Skype o a las videoconferencias con más diligencia y rapidez que un carterista en el metro de Barcelona. De entrada, lucen perfectamente bien ante los espectadores, aparentan ser linces quintaesenciados de la Universidad de Hardware y solo con la presentación reverencial que se hace de ellos, el resto de los mortales pareciera que somos pigmeos.

El problema, que un servidor de ustedes extrae de todo esto, es que como la sociedad técnico-científica, literaria o la que fuere, tiene una serie de artimañas que son necesarias aceptar, si se quiere triunfar en ella, se hace necesario entonces, aceptar ciertas reglas según convenga al bando en donde se milite o con el que se simpatice (no hablo siquiera de ideología) y, por tanto, habrá que someterse a las reglas del juego social. Así las cosas. podemos decir que el denominador común de estos “televisivos científicos” sobre la gestión que se está haciendo de la pandemia es de total conformidad, pero nunca de rebelión contra lo estúpido o inmoral y, sobre todo, no se dan por enterados del sinfín de averías que se cometen y, si se dieran por enterados, las señalarían a base de paños calientes y de eufemismos. Eso en mi tierra se llama poner cara científica a actuaciones políticas

Y en el centro de este delirante proceso nos encontramos con el Director de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, que tras comunicar 16.000 casos en 3 días, nos suelta esta: “no estamos mal, pero las cosas no van como nos gustaría”. Quién me iba decir a mí que al final de toda este ajetreo iba encontrar algún tipo de conexión, por ejemplo, entre Belén Esteban y Fernando Simón. Pues miren ustedes, sí. Aunque pueda herir la sensibilidad de algunos, me parece que el festival de frases irrelevantes de ambos y lo desahogados que son con el verbo a la hora de justificar, cada uno en lo suyo, situaciones distintas con asombrosa naturalidad ante las cámaras me parece encomiable. Ese continuo “si, pero no” con que ambos nutren sus expresiones como si tal cosa, incluso gustándose, es “El sueño de la razón

Pero a lo que íbamos, todos estos científicos y tertulianos por encargo, llenos de pretensiones, que no saben nada o casi nada del dichoso virus, no me hacen ninguna gracia, pues a veces tiene uno la impresión, oyéndolos, que se dirigen a tontos y que no observamos la carga partidista de sus comentarios pseudocientíficos o poco rigurosos y, entonces, sustituyen la precisión científica por la defensa modosita y solapada de los cargos o puestos que ocupan. Concretamente, días pasados, ante una pregunta muy concreta que se le hizo a un psiquiatra en un canal de TV sobre los negacionistas o los antivacunas, el susodicho soltó un mitin político de mucho cuidado: que si los fascistas, que si viene la ultraderecha y yo qué sé, todo menos explicar qué puede rondar por esas rudas cabezas para negar la evidencia. Aquí establecer hipótesis razonables de trabajo, a partir del laboratorio o de las autopsias, no va con nosotros, aquí seguimos en el “que inventen ellos”, que después nosotros nos encargaremos de hacer las estadísticas, pues para eso tenemos a Tezanos.

 

OTROS ARTÍCULOS

DE

PEDRO LÓPEZ ÁVILA

 

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.